¿Alguna vez imaginaste un lugar lejano, escondido del resto, un nuevo Eden particular... donde puedes ser quien, como y cuando quieras, donde no existan etiquetas, creencias, ni banderas? Vive y deja vivir, porque en Ciudad Esmeralda todo tiene lugar.
 
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 Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]

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Phantom

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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Mar Ene 24, 2012 7:25 pm

Dí un suspiro. ¿Cómo debería de peinarme hoy? Y es que, verán, era nuestra segunda cita [;__; sad, but true] así que debía de lucir correctamente. -Hmm... veamos... -me dije a mi mismo. Destapé el contenedor que guardaba el líquido pegajoso y con un olor de "frescura", o sease el gel. Tomé un poco entre mis dedos y lo apliqué a mi cabello para que se detuviera perfectamente. No necesité de un peine o cepillo, simplemente el hecho de que las hebras no se enredaran entre mis dedos ya era un gane. Pero joder, como no me decidí por un peinado en específico, me peiné como siempre. -Bueno... tampoco es que me vea mal.

Y así pues, salí del baño, para encaminarme hacia la habitación, ya vestido, peinado y oliendo a Axe de Chocolate [Y no, no es copyright ¬¬#####]. Aunque permanecía descalzo, mi cuerpo no resentía el frío del piso y esto ya era ventaja.

Sin embargo, me topé con un Mikado vestido y tumbado en el sillón, a punto de dormirse. Me acerqué con cautela, sin emitir ningún sonido, y entonces, apoyándome en mi rodilla, y ésta a su vez, entre las piernas de mi amante, sobre el sillón, me pude inclinar hacia él y murmurar contra sus labios, en un perfecto "ataque", acompañado de una de mis manos, apoyada, por supuesto, en el respaldo del sillón que adornaba la habitación. -Si estás cansado, será mejor que te quedes a dormir.

Sí. Nuestra cita venía a ser segundo término en comparación con su salud y bienestar. Así tal cual. No necesito dar más explicaciones.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Miér Ene 25, 2012 6:21 pm

Abrí mis ojos al instante, pues mis parpados cansados insistían en cerrarse, pero basto su voz para traerme a la realidad.

Conteste para él, con la tentación de sus labios tan cerca a mí, esperando a dar una respuesta a mi replica o tal vez, conociéndolo; burlarse de lo que tuviera para decir. Así que fui especifico y con tranquilidad (calmo de nuevo, y es que, Dios, deberían darme un premio por mi autocontrol) con una voz tenue, pero firme conteste: — Estoy bien, no te preocupes, solo... — tome su mano, esa que reposaba sobre el respaldar del sillón y la regrese a su dueño, poniéndola en su pecho y haciéndome un espacio para levantarme, en donde le indique que ese era mi siguiente movimiento, así que por favor se apartara un poco . —Solo tengo que ir por dos cosas, una mis zapatos…— pues no llevaba ni eso ni calcetines, tampoco y lo otro era…

Me levante ya del todo, pero de forma suave, teniendo cuidado que mis acciones no fueran malinterpretadas, inclusive desacomode sus cabellos que se encontraban húmedos y dejaban humedad en mis dedos, supuse que había aplicado algún tipo de sustancia, como gel para mantener firme, cosa que destroce, generando un nuevo peinado, el de: “se peina para parecer despeinado” anda, pues ese.

Camine dejando a mi paso algunas palabras: —Espérame un momento, ya regreso.— omití el alagarlo por su apariencia, sí, se veía increíble, pero deje eso para el ascensor, para aprovecharme y desquitarme por lo que me había hecho…el despreciarme.
Agilice el paso, regresando a la habitación, para entonces buscar en mi maleta un par de anteojos con lente difuminado entre negro y verde, me los puse sin fijarme en cómo me veía, busque un par de zapatos ahora, y opte por unos deportivos (dejando de lado el ponerme medias) que esperaba, no desentonaran con la vestimenta elegida tan amablemente por el bicho, entonces volví caminando “calmo” (palabra clave) y des-complicadamente a su lado, exclamando un: — ¡¿Nos vamos?!—
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Miér Ene 25, 2012 10:55 pm

Oh. ¿Así que éste es mi castigo por haberte "rechazado"? Qué vil. Qué inteligente. Qué fascinante eres.

Así pues, me retiré de su camino, irguiéndome y dejándolo libre, por así decirse. Pero él no conforme me despeina y pareciera burlarse de mí al hacer ésto. "Bueno, Mikado, estás pisando con los pies desnudos un montón de piedras en su rojo vivo, ardiendo. Y no creo que seas un amante de lo extremo y lo doloroso, por lo que te recomiendo tantees terreno antes de hacer cosas como esa", pensé únicamente pues no me atrevía a hacerlo presente con palabras.

Suspiré pesadamente, tendría que volver a arreglar mi cabello o me vería fatal en nuestra, apenas, segunda cita. En fin, me acerqué a la esquina del sillón, ese donde había dormido la noche anterior, busqué mis zapatos y los tomé con la mano, redigiriéndome hacia la maleta y buscar un par de calcetines. Me los puse rápidamente y también el calzado. Ahora estaba listo. Ya sólo faltaba el cabello... pero vuelve a interrumpirme, de frente, haciéndome una pregunta.

Entonces, ya calzado y casi listo me le puse de frente, tan sólo distanciándome de él quizá por un paso normal. Alargué mi mano y con los dedos índice y pulgar atrapé un pedazo de su mejilla, apretujándola para que le doliera- Si crees que voy a salir a la calle así -señalé con mi mano libre el desorden que era mi cabello- ...estás muy equivocado, Bakado. -bien, agregué un "baka" a su nombre y como resultado fue ese. Después de todo, él era un idiota cuando se lo proponía. -Así qué éste es tu castigo por hacerme eso. -eliminé la distancia que nos limitaba; los dedos que se ubicaban apretujando su mejilla ahora estaban acariciándola, y mi cuello se alargó un poco, para alcanzar sus labios con los míos y robarle sí, nada más y nada menos, que un beso, uno en el que me dediqué a succionar su labio inferior para después morderlo, en un gesto lleno de deseo. Entre dientes le pregunté-: ¿Quieres más castigo?
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Jue Ene 26, 2012 5:41 pm

¿Ese era un castigo? el sentir su roce, la succión, su sabor... ¡¿eso era un castigo?!
Tuve dos reacciones:

La primera fue verlo después de recibir tal beso, lo vi asombrado, pero fue cosa de segundos, milésimas, después reacciones y entonces debo escribir en el otro renglón por que de aquí se deriva la número dos.

La segunda fue, tratar de contener la risa, inclusive usando mi mano para detener el sonido ahogado de una carcajada que en complicidad con mis ojos se hacía más bufonesca.

Termine por acomodar mis lentes que se habían cuya montura que reposaba sobre la nariz había bajado por esta un poco, permitiendo ver mis ojos algo exhaustos, por lo que las regrese a su lugar de inmediato, usando mi índice y dedo medio.

Entonces en tono cínico acerté a decir, casi "declarándole la guerra" un: — Eso no es castigo mi vida… — lleve mi pulgar a donde su sabor aun permanecía sobre mis labios y lo pase por la textura húmeda, para degustar de mejor forma el dulzor de su "néctar"
Hable entonces por segunda vez, elevando mi estandarte con el escudo de mi "campaña" y la canción que le acompañaba "hacer que Reiji pague por despreciarme"
— Te falta mucho por aprender, demasiado. — lo mire atrevidamente, esbozando una sonrisa de media luna, y tomando de nuevo su punto débil para divertirme. Sí, su peinado el cual alborote más, hasta dejarlo "parado" cual punk y es que: ¿qué producto estaba usando? sin duda era bueno, pues su cabello era largo, así que se veía un tanto gracioso, hable por última vez, dándole la espalda y dirigiéndome a la puerta: — Date prisa, no quiero hacer esperar más a tu estomago. —
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Jue Ene 26, 2012 7:40 pm

-Ugh, serás idiota. -repliqué después de que desacomodó por segunda vez mi cabello. -me alejé un poco de él, y me pasé la mano derecha por el cabello, no me quedaba de otra que peinarlo hacia atrás. Bueno, también me gustaba lucir así por lo que no había ningún inconveniente.

Dí un suspiro, tratando de calmar mi "enojo". Me dirigí rápidamente hacia donde estaba mi ropa sucia y de allí saqué un juego de llaves en las que se incluían: las del departamento, mi deportivo, la casa de Shin y un lugar secreto que por supuesto no iba a revelar. En fin, las guardé en éste mi limpio pantalón. También tomé la billetera y la abrí para revisar si tenía lo suficiente: claro. Como siempre.

-Ya, vámonos. -me dirigí hacia la puerta y crucé por ésta para después cerrar con llave, asegurándome de que todo estuviese en un relativo órden.

Así pues, caminé a su lado, guiándole hacia donde se ubicaba el asensor. No tenía ganas de bajar por las escaleras además estábamos en lo más alto del edificio. Así pues apreté el botón para que el elevador subiera y mientras lo esperábamos le pregunté, ya más tranquilo-: ¿Estás seguro de que no quieres quedarte a dormir? -metí las manos a las bolsas de mi chaqueta, dándome una imagen de cierto "criminal de secundaria".
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Vie Ene 27, 2012 3:43 pm

Me sentí victorioso, inclusive mi rostro lo confirmo con una sonrisa de oreja a oreja, que desapareció tal cual como vino, evitando que él la viera, aunque no creo que prestara atención a ello, parecía molesto hizo una pequeña escala en algún lugar (y lo digo por que desapareció de mi vista) en donde escuche un tintineo y después regresa girando y yendo en dirección a la puerta, desde donde me invita a ir y yo le sigo, por supuesto.

Observe como cerraba y ponía seguro, dando doble vuelta a la llave, aunque igual creo que el edificio tiene vigilancia, pero nunca está de más la seguridad.

Lo seguí entonces hasta el ascensor, donde él presiono el botón, para que este subiera, mientras me pregunta por segunda vez sobre si no prefiero quedarme a dormir: —¡Y evitar molestarte durante tooooooodo… !— respondí por partes — ¡el desayuno…por favor no me perdería de eso por naaaaaaada del mundo!— escuche el sonido el timbre del ascensor avisando que ya se encontraba en nuestro piso, seguido las puertas se abrieron, me adelante unos pasos, entrando en el reducido espacio, invitándole a acompañarme: — Ven aquí — le sonreí juguetonamente antes de hacer una pausa para una pregunta que me veía rondando la cabeza: — por cierto ¿A dónde vamos?—
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Sáb Ene 28, 2012 1:54 am

Negué la cabeza divertido. Así que esos eran sus planes. "Molestarme durante todo el desayuno". Idiota. Por esas tonterías tuyas es que me haces feliz. Y ya que me haces feliz yo debería...

Le seguí, adentrándome al elevador en un paso normal. Entonces alargué la mano para apretar el boton que nos llevaría hasta la planta baja, donde por supuesto, había aparcado a mi bebé. Entretanto el asensor cerraba sus puertas y nos llevaba, piso por piso, hasta abajo le respondí-: ¿Justo ahora? Al estacionamiento. -reí por lo bajo. Tenía en claro que a eso no se refería por lo que corregí-: A un restaurante de la zona Oeste. -mi voz resonó en el espacio reducido y por reflejo saqué las manos de las bolsas y las mantuve a ambos costados.

Le miré por el rabillo de los ojos y puntualicé mi primordial razón-: Tengo hambre, y allí sirven buena comida. Además desde que llegué a la Ciudad allí voy a comer así que ya me conocen.

4to piso...

3er piso...

Por fin volteé a verlo, preguntándome si él tenía o no hambre. Que tal que sólo yo era el hambriento. -¿Qué te gustaría comer, amor? Yo invito. -le sonreí de medio lado. Después de todo ésto de la cita había sido idea mía, y también le había "rechazado" por lo que deseaba compensarselo de alguna forma.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Dom Ene 29, 2012 11:10 am

Hice una extraña mueca en donde mis lentes inclusive se desacomodaron de su lugar, su respuesta de "al estacionamiento" me había hecho la gracia suficiente como expresarle un: —¡Ja...! ¡ja...! ¡ja...! que gracioso eres.— sarcásticamente, por supuesto, inclusive lo vi algo mas enano de lo que ya era, seguramente influenciado por la molestia, a lo que solo pude sonreír ampliamente, pues de ser más pequeño, podría someterlo sin ningún problema.

Entonces termina revelándome el verdadero lugar que queda en la zona oeste, me parece bien, es una zona famosa por su variedad de restaurantes y buena comida, por supuesto me lo confirma con sus palabras: "Tengo hambre, y allí sirven buena comida. Además desde que llegué a la Ciudad allí voy a comer así que ya me conocen."

Así que es cliente regular, me pregunto qué comida le gusta, aunque no sé como mis pensamientos llegaron a ese punto, pues sonaba yo (mentalmente) como colegiala enamorada, así que para oxigenar mi cabeza, la sacudí rápidamente, orando por limpieza, aunque no es que estuviera mal sonar de esa forma ¿verdad?

Así pues sale una pregunta de sus labios a la que contesto con malicia, mirando al frente, enderezándome y ganando algo de estatura: —“Reiji al escabeche” estaría bien, aunque como es un desayuno, supongo que sería "Reiji a la avena"...—le mire por el rabillo del ojo, altivo: — ¿Sabes si allí, lo venden?— sonriendo de forma mailciosa.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Dom Ene 29, 2012 4:00 pm

Regresé mi mirada al frente puesto que ya había sonado el "timbre" que anunciaba nuestra llegada a la planta baja. Sí. Tardé un poco en pensarme la respuesta, porque conociéndolo, todo lo que dijera estaría en mi contra así que sólo me limité a contestar-: Lo siento, Reiji sólo está en el menú para la cena.

Las puertas que nos mantenían encerrados en ese pequeño espacio de pronto se abrieron y me sentí un tanto liberado. Éste tipo con altura como de vil poste alumbrando no tenía precisamente la idea de ir comer ¿no es así?

-Sígueme. -le pedí amablemente ya que mi bebé se encontraba en un apartado especial. De eso personalmente me encargué. No quería que sufriera alguna rayadura o bien, algún golpe de parte de algún maldito bastardo envidioso. Me adelanté un par de pasos, guiándole hasta donde estaba éste apartado. Quizá pasamos varios autos que seguramente eran de ejecutivos o bien dueños de algún mini-negocio. Lo normal, ustedes saben.

Rompí el silencio, confesándole algo-: Si alguna vez yo estoy lejos, porque sabes que me gusta perderme "a propósito", te daré el permiso de manejar a mi bebé. -señalé a la pared frente a la que ahora nos encontrábamos. Ésta estaba adornada únicamente por un cuadro, con forma de calculadora que tenía por supuesto 10 dígitos y una pequeña pantalla. -Apréndete éste código. -con mi índice me dí a la tarea de presionar, así, en éste órden: 0, 8, 2, 5. Por supuesto no tengo que decir que tuve la precaución de que el único que pudiera ver éste acto fuese él y no algún chismoso.

Una puerta de tipo de garage empezó a subir gracias a la energía eléctrica y al dispositivo conectado. Pasaron unos cuantos segundos, casi pude contarlos. Pero allí estaba. Mi bebé. Mi ferrari rojo, en todo su esplendor. La pintura roja parecía tener un brillo espectácular atribuido a la luz de neón blanca que estaba justo encima de él. -Bebé, te presento a mi amor. Mi amor, te presento a mi bebé. -dí unas palmaditas en el cofre, como asegurándole que todo estaría bien. En un movimiento rápido saqué las llaves y apreté el botón para que los seguros estuviesen desactivados y pudiesemos entrar al auto.

Sinceramente no creí necesario abrirle la puerta, como si fuera mujer, por lo que inmediatamente me dirigí hacia el lado del piloto. -Anda, sube.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Dom Ene 29, 2012 9:04 pm

Así que Reiji solo está en el menú de la noche, eso significaba que: —Me va a dar gastritis si espero hasta la noche— suspire, cruzándome de brazos y apoyándome sobre la fría pared del ascensor, esperando a que este se abriera y con cierto aire de somnolencia que estaba tratando de controlar, ayudándome por supuesto de mis lentes negros, para evitar que el notara, eso que mis ojos ya comenzaban a demostrar.

El timbre del ascensor nos avisa entonces que llegamos a nuestro piso, por supuesto a esto le sumo que me invita a seguirlo, y lo hago.

Lo sigo por entre los autos estacionados en el lugar, en donde interrumpe con unas cuantas palabras dándome ¿un permiso? — ¡¿ah?! ¿estás seguro? soy pésimo manejando y podría estrellarlo fácilmente— era cierto, no confiaba en mis aptitudes para el manejo, aunque solo una vez tuve que usarlas, y fui un fiasco, el pobre pasajero casi muere, aunque con anterioridad ya estaba enfermo y... eso no viene al caso.

Pero para mi desgracia, pareció no escucharme, porque segundos después llega a una puerta con candado digital y me dice que aprenda de memoria el código: 0 8 2 5
Una puerta se abre y un vehículo increíble hace acto de presencia, realmente es una maquina hermosa, un Ferrari rojo. Estaba a punto de pensar en que se veía fenomenal y en muchas otras cosas, cuando algo curioso sucede…Reiji me presenta con el auto.
Entendí entonces que era muy valioso para él, su “bebé” como lo llamaba, inclusive me atrevo a decir que la escena es hermosa, si, me pareció hermoso, aún más. Ahora da un par de golpecillos al cofre, saca las llaves, presiona un botón y se escucha un sonido mecánico, después me invita a subir.

Conteste asintiendo con mi cabeza, seguido, tomo la manija y la levanto en mi dirección abriendo la puerta y subiendo a su Ferrari, me acomodo sobre la silla, llevando mi cuerpo hacia atrás y tomando el cinturón de seguridad que pendía en la pared del carro, lo halo y lo paso por sobre mi pecho, encajando la punta en el seguro que yacía al pie de la silla, entonces hablo al final: — Bien, que esperas, el desayuno se enfría, amor — oh sí, quiero descubrir algo y esta espera me está matando.

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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Lun Ene 30, 2012 1:22 pm

Abrí la puerta como un acto en automático, era bastante normal para mí subir a mi auto aunque estaba un poco ansioso, quizá porque Mikado era la segunda persona que se subía aquí, de ésta forma.

El mayor ya estaba hasta con el cinturón puesto por lo que una risita salió de mis labios, divertido de su apariencia, es decir ¿tenía miedo de que chocaramos o lo hacía por mera seguridad? Bueno, sea como fuere me alegré un poco de que ahoar estaba seguro.

Metí la llave como en cualquier otro auto se hubiera hecho. Pero he aquí una pequeña diferencia. Antes de arrancarlo guié mi diestra hacia el tablero, había de nuevo una pequeña pantalla donde también tenía que apretarse un código. Y volví a advertirle-: éste es para arrancar, si no lo presionas aunque quieras el auto no va a avanzar. -bendita sea la tecnología. En fin, el código nuevo que debía aprenderse, era: 0,7,1,9. Después de ésto me fue concedido el "permiso". Ahora sí, giré la llave y el auto respondió inmediatamente.

-Y a lo otro... Se supone que deben de servirlo calientito ¿no? -reí por lo bajo. Salí rápidamente de ese lugar, del estacionamiento y en cuestión de un par de minutos ya estaba sobre la carretera, con el restaurante como destino.



*******
Aquí termina ésta parte~ Porque nos fuimos al Restaurante Allá continuamos.
*******

[xD creo que tendré que abrir post~]
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Vie Mar 18, 2016 11:27 pm

********
Reanudamos una nueva historia a partir de aquí.
********



Los rayos brillantes del sol me anunciaron la llegada del nuevo día, así que, removiéndome entre las sábanas me giré para estar frente a mi prometido; esperaba despertarlo con un beso o con una mordida en uno de sus dedos u hombros, pero una sorpresa silenciosa se hizo presa de mí cuando me percaté de que sus facciones, aun cuando permanecía dormido, eran ligeramente diferentes. Palpé su rostro con mi mano y abrí los ojos como platos al darme cuenta de que los dedos y en general toda la extensión de mi cuerpo era ciertamente más pequeña.

Tal vez había sido error mío pero… Sin querer interrumpir su sueño, me levanté lentamente de la cama y me dirigí al baño, despertando considerablemente rápido por la angustia que se acumulaba en mi pecho. Encendí una de las luces y cuando por fin me acostumbré a ella, no pude ahogar un grito de sorpresa combinado con horror. –¿Qué demonios está pasando? –La imagen reflejada en el espejo era la mía, con la  gran diferencia de que mi cuerpo era mucho más pequeño, aproximadamente igual que cuando tenía 13 o 14 años; mi altura, cómo no, había decrecido, el color de mis ojos era más claro de cómo lo recordaba y mis extremidades y torso no tenían la firmeza que había adquirido al ejercitarme diariamente. De hecho, todo parecía tener un ángulo diferente de cómo lo recordaba.

¡Mikado! –le llamé con la voz temblándome, pero al no recibir respuesta instantánea, regresé a la habitación y lo moví con suavidad pero insistencia para que abandonara su sueño y regresara conmigo a la realidad, una que no terminaba de concebir. Odiaba privarlo de su descanso pero, vaya, es que la situación no me afectaba solamente a mí, sino a él también. Su cuerpo también se había encogido. –¡Mikado, despierta! –volví a llamarle un par de veces, hasta que por fin los ámbares de los que seguía enamorado se abrieron lentamente. –¡Bakado, somos jóvenes de nuevo! –le dije sin pensarlo.

No estaba muy seguro de si él sabría algo que yo ignoraba, o si se asustaría como yo lo estaba, pero era lógico que buscara su compañía. ¿Acaso era una broma de mal gusto? ¿Quién se atrevería a cambiar nuestros cuerpos? ¿Este cambio tan radical también le había afectado de manera física o su mente también estaría distorsionada? Necesitaba respuestas, aunque ni siquiera me había detenido a formular bien las preguntas.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Lun Mar 21, 2016 10:47 am

Mmm...algo me estaba molestando.
Me encontraba en esa preciosa residencia de paredes blancas donde lo rústico chocaba con el estilo español clásico. Los dos pisos en el interior, rodeaban un jardin rectangular cubierto de plantas y flores, las cuales no se alzaban más allá de los ladrillos que eran la base de la fuente blanca que se encontraba justo en el centro de esta zona verde. Ambos pisos estaban engalanados con amplios balcones de barandales enrejados negros. Ah, era un gusto para mi vista estar en ese lugar aunque mis ojos difuminaban las esquinas, como si los colores se mezclasen unos con otros; "un sueño" pensé de inmediato al verme acto seguido rodeado por cantidad de feminas bellísimas con trajes ensartados de joyas e hilos dorados.

Mi rostro se llenó de alegria, en este sueño yo era el dueño y señor de la casa, un sultán que podía pedir cuánto quisiera, y no se me ocurrió otra cosa que... un chasquido.
De repente, escuche de fondo un pequeño eco que rompia todos mis deseos, una voz familiar que se filtraba injustamente en mi sueño maravilloso y me llamaba.
¡Ah! quería seguir soñando, así que mi yo real, se  movió inconscientemente, especificamente mi mano derecha subia y bajaba en el aire, de un lado a otro, en una seña que demandaba espacio, me giré dando la espalda a mi acompañante con mi rostro sin atisbo de preocupación y retomé mi lugar en medio de aquel ramillete de mujeres que solo tenían ojos para mi. Mi ego se inflaba al máximo tanto que llegó a preocuparme que la cabeza se empezara a levantar y escapara por el cielo como un globo lleno de helio.

Mi cuerpo real se encogió como si me encontrase dentro del confortable vientre materno y se  arropó con lo que se encontraba al alrededor sin percatarse de más.


Última edición por Mikado el Mar Mar 22, 2016 8:17 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Mar Mar 22, 2016 1:25 am

Cuando volteé a verlo de nuevo me di cuenta de que el muy idiota agitaba la mano como para que no lo molestara. Gruñí por lo bajo. ¿Acaso no me había escuchado? ¡Estábamos hechos unos mocosos y el otro se atrevía a decirme en silencio que no lo molestara! Mira que tenía valor de ignorarme.

Una oleada de ira silenciosa se hizo presa de mí así que me senté en el borde de la cama y observé como su cuerpo encogido se rehusaba a despertar. Miré hacia el despertador ubicado en la mesita, de mi lado de la cama y la luz de los números digitales marcaba apenas las 8:14 am. No es que fuese muy temprano. ¿Entonces por qué demonios quería seguir dormido? Con disgusto me acerqué a su rostro y con una mano lo descubrí fuera de las sábanas; su cabello estaba despeinado, respiraba tranquilamente y de no sentirme confundido y enojado, me habría parecido el más hermoso de todos, pero procedí a ejercer un plan de acción para despertarle.

Como pude le tapé la nariz pero me dio más risa de lo que pretendía así que pasé a picarle las mejillas con los dedos, moví sus hombros y también, como en las caricaturas, le di un par de palmaditas en las mejillas y la frente, pero el resultado era el mismo: un Bakado dormido como una piedra. ¿Tan cansado estaba o sólo fingía? –Así que con esas estamos, eh. –murmuré más divertido que molesto.

Volví a meterme por completo en la cama y me acerqué a su cuerpo, aprovechando que estaba más frío por haberme levantado tan de repente. La calidez de mi novio me recibió con los brazos abiertos y no pude sino suprimir un suspiro. Su olor me embriagaba. –Mikado. –volví a llamarle, esta vez teniendo mi rostro cerca del suyo. –Mikado, debes levantarte. –le ordené, pero contrario a la imposición, mi voz fue más bien baja. Rodeé su cadera con mi mano y pegué su cuerpo al mío por un momento, mientras pensaba en qué hacer y las opciones que tenía en mi mano.

Si continuaba insistiendo, posiblemente el muy idiota despertaría y se asustaría al igual que yo, o bien, le explicaría lo que había presenciado y eventualmente los dos podríamos buscar una solución a nuestro pequeño problema. Oh, dios mío, hablando de pequeño… Bajé la vista y me percaté de que los boxers, aunque el material con el que estaban hechos era licra, ahora me quedaban ciertamente holgados. –Demonios. –mascullé con cierta molestia. Pero, oh… si yo era esencialmente pequeño de “todas” partes entonces Mikado…

Con una sonrisa de diablo en mis labios, introduje las manos en su camisa y palpé su estómago pese que mi mente me gritaba que tocara algo más. La posición en la que él se hallaba no me permitía alcanzar mucho, pero pude darme cuenta de que estaba más delgado. Elevé la mano, tocándolo suave y descaradamente con la yema de los dedos, y llegué hasta su pecho. Su corazón latía de manera rítmica y retumbaba en mis dedos con cierta parsimonia. –Mikado, ya despierta… -le pedí en un susurro. Me sentía como un maldito bastardo por tocarlo sin su permiso pero, mis manos, inquietas y nerviosas, no deseaban detenerse ni remotamente. Aún con muchos años menos, era un niño atractivo. Dios. ¿Un niño atractivo? De veras estaba perdido por él. Sentí vergüenza y automáticamente busqué refugio hundiendo mi rostro en su cuello. Inspiré su olor y me llené de él. Demonios. Olía tan delicioso que yo podría… –Amor, por favor, ya despierta. –de nueva cuenta lo atraje hacia mí, esta vez tocando su espalda desnuda por debajo de la camisa con la que dormía. El corazón me latía un tanto más rápido de lo normal y la sonrisa de diablillo no se borraba de mis labios. Sabía que estaba cometiendo una bajeza pero quizá por eso mismo no podía detenerme.
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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Lun Abr 11, 2016 9:27 pm

Las chicas empezaron a danzar a mí alrededor mientras movían con delicadeza acorde a la música que se entonó sorpresivamente, los velos color pastel cuyas piedras ensartadas al chocar por el ritmo de sus cuerpos, emitían un tintineo prodigioso. Dichos velos transparentaban la estilizada figura femenina y yo…bueno…. ¡esto es el paraíso!

Sonreía ampliamente mientras era testigo de tanta belleza. Sin duda era uno de mis mejores sueños, esos que se me habían extraviado desde los 11 años aproximadamente. Allí estaba yo, disfrutando de tanto esplendor, de la sonrisa brillante cuando sentí que el aire me faltaba. Fue un segundo, un segundo que me bastó para reaccionar, y llevarme sin pensarlo las manos al cuello, aunque estás no llegaran a tocarlo, pues la “sensación” se esfumo sin más, tal cual como vino. Enarque una ceja mientras la otra permanecía arqueada con incredulidad ¿era parte del sueño? Aún así, mis manos se quedaron en el aire. Con los brazos doblados me dispuse a juntar las palmas y seguir con estas, el ritmo contagioso de flautas y arpas y otros instrumentos desconocidos, en calidad de disfrute de mi sueño, pues las doncellas, seguían danzando para mi gusto con tal gracia que me sentía privilegiado.

Levanté el rostro con absoluta seguridad de quererme quedar en ese lugar un poco más de tiempo, cuando sentí el calor de mis mejillas picándome. Son mis manos de nuevo actor principal, pues detengo el seguimiento para llevarlas a ese lugar y saber qué sucede. Fueron un par de veces, un golpeteo diminuto el que parecía atacar esta zona de mi rostro. Este sueño ya divaga entre absurdos y realidades porque pareciera que, algún novio celoso me las está cobrando conociendo lo que sucede mientras pernocto.
-¡Ea, que injusto!- grite en mí sueño, aunque en la realidad mis labios entorpecidos solo lograron pronunciar algunas palabras inentendibles para el oído ajeno. Un gusto para el ojo no debería negársele a nadie, recite dentro de la burbuja de flores en que se había convertido esta experiencia nocturna.
Las chicas al ver que me detuve de alentarles con mis manos, se acercan a mí divertidas y comenzaron a toquetearme.  Diré que mi rostro en este momento estaba cargado de nerviosismo por el acto, pues sentía sus frías manos deslizarse por mi torso con una libertad salpicada de descaro –Oye, eso pica- dije en mi sueño mientras ellas seguían aprovechándose de este pobre hombre que había pecado y ahora se arrepentía –¡No toques eso!- miraba a todos lados para advertir a la dueña de los “tentáculos” que se detuviera, hasta que escucho una voz diminuta meramente familiar.

Mis ojos se abrieron al máximo y mi sueño termino, me sentí triste por ello, así que solo doble mi columna, me levanté separándome de quien estuviese a mi lado, con la única razón que la naturaleza me había brindado: — Baño—

Rasque mi cabeza  a la par que mis ojos luchaban por mantenerse abiertos ¿será por eso que no note nada más?

Recorrí el borde de la cama en cuanto mis pies tocaron la alfombrilla debajo de esta, para dirigirme al baño y hacer del uno, rasque mi cabeza, abrí la puerta sin preocuparme porque el pomo de esta se encontraba más cerca de mi estatura de lo normal. No le di importancia, y entre.
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Phantom

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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Jue Mayo 19, 2016 12:51 pm

Tras no recibir una respuesta clara si no un mero murmullo, opté por desistir. Tal vez esto era un mal sueño y estaba envuelto en la situación del “sueño dentro del sueño” que un director famoso había llevado a la pantalla grande. Sí. Eso debía de ser. Sin embargo, mi lógica me decía que era un estúpido y que esto seguramente se debía a los juegos de un científico loco o quizá… y sólo quizá… la culpa recaía más bien en los poderes del mundo sobrenatural. Si bien no era conocedor de éste, no negaba la existencia de tal.

Me abracé con más fuerza a su cuerpo y oculté mi rostro en su cuello. Tenía la manía de hacerlo pues de esa forma me sentía seguro, y pese a que mi estimado no estaba cien por ciento consciente, su cuerpo bien me servía, debo admitirlo. Planeaba dormir otro rato, o mejor dicho, entrar en un estado basal tal que cuando despertara todo volviera a la normalidad. Tal vez nunca he sido bueno aceptando lo que tengo al frente…

De pronto, Mikado se levantó y murmuró la palabra “baño” para luego salir tambaleándose hasta llegar a dicho lugar. Suspiré y me giré para quedar boca arriba y mirar el techo. Intenté drenar mi cerebro, no pensar en nada, pero fue imposible. Así que no me quedó más remedio de evitar un escándalo. Me levanté con pesadez, caminé hacia la ventana, empujé las cortinas y me deslicé al balcón sin importar lo fresco del clima.

Afuera ya había gente movida por el instinto de conseguir dinero. Todos eran sujetos anónimos que no me resultaban para nada atractivos, sino todo lo contrario, eran como una masa uniforme. Todos iguales. Viviendo vidas simples. Teniendo sueños truncados. Pagando cuentas. Suspiré. –Tal vez no sea un sueño después de todo. –miré al cielo y pedí en silencio una respuesta a una pregunta que jamás sería formulada en voz alta. Pensamientos agobiantes luchaban por colarse en mi mente pero fue como si me hubiesen dado una patada mental. Sonreí. Si me lo proponía… de verdad podría hacer de esta situación algo entretenido, me dije.

Regresé a la habitación y esperé a que mi novio regresara. Después de todo, estaríamos juntos en lo que sea que esto fuere. Y eso era lo único que me importaba.
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Mikado

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MensajeTema: Re: Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]   Lun Jun 06, 2016 3:34 pm

Los parpados me pesaban tanto, que mi cabeza se movía de un lado al otro mientras sacaba a mi “pequeño yo” para hacer del uno. No noté tan siquiera que el espejo colgado estratégicamente en la pared del lavamanos no se encontraba a una altura normal, o tal vez no le di importancia.

Pasaron unos segundos, cuando mis parpados empezaban a perder peso, baje la mirada y note con desinterés algo peculiar.

Mi “pequeño yo” era pequeño.

-Pero qué esta…- pregunté en tono suave y adormilado. Supuse entonces que tal vez era la ilusión del despertar, estaba sufriendo los efectos del sueño y la realidad discrepaba de lo mis ojos me enseñaban. Llevé una de mis manos a mis ojos para frotarlos y recuperar la veracidad de mi entorno. Pero la realidad seguía distorsionada. Subí la parte baja de mi pijama con dificultad, pues esta flojeaba en la parte alta, a la par que la parte baja parecía mucho más ancha y alargada de lo normal.

Presioné la palanquilla del inodoro para que esta ejerciese su función detallando que se encontraba mucho más alta de lo normal, es más, todo era más alto de lo normal.
Mis ojos adormilados recuperaron la cordura  y se tornaron incrédulos con lo que pasaba. Fui directo al lavamanos y presioné el botón aquel para que el agua se liberara. La fuerte presión creó una mini explosión de líquido helado que logo asustarme, aunque no evitó que lavase mis manos con jabón y mi rostro, que se refrescó de inmediato, sin embargo, todo se tornaba irreal. Y entonces… y entonces sucedió.

El reflejo frente a mí que luchaba por mantenerse en el espejo. Mi estatura había disminuido considerablemente y al frente podía ver mis ojos grandes y aniñados que enseñaban una inocencia que no recordaba tener, inocencia en la que se leía perfectamente mi perplejidad, pues mis ojos se abrieron como platos, al percatarme de mi estado, de mis mejillas delicadas, de mi ropa colgando porque no estaba a medida de mi cuerpo.
Grité con fuerza ante aquella visión que no lograba comprender.

(User: lamento la tardanza en contestar, pero para mi, el finde termina hoy pues es festivo, lo siento mucho Dx)
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Las paredes guardan nuestros Secretos [Mikado Dubois & Reiji Azuma]
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