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 Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]

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Aomine Daiki

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Mensajes : 19
Fecha de inscripción : 18/11/2015

MensajeTema: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Sáb Nov 28, 2015 10:12 pm

Iba tarde y NO era su culpa, bueno en realidad si, un poco, se había quedado completamente dormido y esta vez no intencionalmente, pero ¡No podían culparlo!, estaba agotado, había tenido unos días bastante agitados, entre los trabajos finales de la universidad, el entrenamiento en la estación de policía y las prácticas de básquetbol a las que asistía, o al menos lo intentaba, lo habían dejado sin dormir más de cuatro horas seguidas, y eso además de ponerlo de malas, había provocado que finalmente tras toda la locura de la semana su cuerpo no aguantara más y cayera rendido hasta el medio día siguiente. Había sido precisamente el estrés una de las razones por las cuales invitó a Kagami a salir, claro, por invitar Aomine se refería obviamente a marcarle al chico a las dos de la madrugada diciendo “Te veo mañana a las 10 en la playa” sin darle opción a negarse. Lo cierto era, y aunque no lo diría en voz alta tan fácil, que lo extrañaba, tenía mucho tiempo en que no salían a jugar algún partido o solo a tontear por ahí, solían marcarse y platicar sobre cómo iba su día pero no se comparaba a la compañía, así que le fastidiaba ir tarde, en especial porque había sido él mismo quien había concretado la cita.

A pesar de la demora, Daiki caminaba tranquilamente disfrutando del día que para su fortuna era muy agradable, un calorcito delicioso climatizaba el ambiente y aunque el sol estaba en lo alto, una que otra nube coqueta y blanca lo cubría de vez en vez movida por el viento fresco envuelto en la brisa marina. El moreno recién había llegado a la playa, dejó su mochila con sus cosas en el guardarropa del lugar y consigo simplemente llevaba su toalla, se había asegurado de ponerse bloqueador solar antes de salir, no quería terminar más negro de lo que ya era. Sandalias en mano y audífonos puestos, sus pies se hundían en la suave arena a cada paso que daba. Vestía cómodamente, una playera sin mangas color roja y un short color beige, bajo el cual traía puesto su traje de baño, uno bastante simple, tipo bóxer a medio muslo color negro y obviamente no podían faltar sus lentes de sol. Le tomó unos diez o quince minutos de caminata, en la cual se había fijado en un par de chicas, cuando a lo lejos pudo visualizar con claridad el cabello rojizo y rebelde de Kagami, así como su fornida figura, sonrió un poco y se movió de manera en que el otro no pudiera percatarse de su presencia, cosa algo difícil debido a su altura y complexión, pero aun así se acercó por un punto ciego hacia donde su compañero estaba, con sigilo se quitó los audífonos en el camino y  los envolvió con su toalla cuidadosamente.

Todos sabían tres cosas básicas acerca de Daiki, la primera que era un monstro de excelencia al jugar basquetbol, la segunda que era increíblemente atractivo y la tercera, que solía comportarse en ocasiones como un mocoso inmaduro. Teniendo en cuenta esto, en especial el último punto, seguramente a algunos no les tomaría por sorpresa el rumbo de sus acciones.

-¡BAKAGAMI!- Le gritó estando solo a medio metro del muchacho buscando asustarlo obviamente. Y haciendo gala de su gran agilidad, en menos de un segundo, arrojó su toalla sobre la silla de playa,  tacleó al pelirojo por la cintura envolviéndolo con sus brazos y se lo echó al hombro como costal de papas, no sin algo de dificultad, para después salir en carrera rumbo al océano con la entera disposición de lanzarlo al agua helada. Estaba jugando con fuego y lo sabía, pero joder vaya que le divertía  -¿Listo? una, dos… ¡TRES!-
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Lun Dic 07, 2015 8:35 pm

En general ya estaba acostumbrado a los mensajes del moreno enviados a altas horas de la noche. Aunque ambos estudiaban en la misma universidad y vivían relativamente cerca, el trabajo de Aomine era mucho más estresante, ya que varias veces andaba con golpes en los brazos o piernas, y todo por ser policía a medio tiempo [Si te parece bien lo dejo así, si no lo cambio]. Sin embargo, en esta ocasión el mensaje no le decía mucho, sólo un corto: “Te veo mañana a las 10 en la playa”. “¿Específicamente en dónde y por qué? ¿Ahora en qué demonios va a meterme?” Se preguntó el pelirrojo antes de cerrar los ojos de nuevo y dormir un par de horas más.

Así pues, alrededor de las 8:00 am se levantó, se dio una ducha para terminar de despertarse y se vistió con un par de pantalones cortos color beige, una playera blanca a rayas y una sudadera ligera pues aunque se hallaban a la mitad de otoño, el medio día y parte de la tarde eran sumamente calurosas.

Hizo su cama en cuestión de par de minutos para después guardar en una maleta pequeña su traje de baño, sandalias, lentes de sol, bloqueador, googles, y aunque no estuvo muy seguro de ello, también metió su cámara fotográfica. Sonrió al pensar en que tal vez podría tomarle un par de fotos de incógnito al moreno para después molestarlo con las caras que hacía cuando nadie lo estaba mirando.

Seguido de ello, se dirigió a la cocina y preparó un desayuno rápido y varios sándwiches para ambos (y es que los dos comían como si el mundo fuera a acabarse después de ingerir alimentos), así como un par de bebidas energéticas y jugos refrescantes, después de todo, no podían descuidar su dieta por el entrenamiento al que estaban continuamente sujetos en la Universidad. Metió la comida en la maleta y luego de ponerse los audífonos en los oídos, salió de su departamento.

Caminó hasta la estación del metro más cercana que tenía y subió al transporte subterráneo. Ir a la playa se había convertido en un hábito para él en verano, pues amaba hacer surfing; era el segundo deporte favorito del pelirrojo por la adrenalina que desbordaba su cuerpo y la energía y coraje del que se hacía poseedor después de domar el corazón del mar embravecido. Sencillamente era lo mejor. Sin embargo, por la temporada, se recomendaba no practicar dicho deporte hasta que el clima lo permitiera. Suspiró. Hasta el otro año regresaría…

Los minutos pasaron como arena entre sus dedos. Salió del metro y tomó un bus que lo llevaría a la playa. Sonrió levemente al chofer y a otro par de personas desconocidas pues generalmente su altura causaba gran impacto en los demás. A veces era el color de su cabello o sus ojos, pero queriéndolo o no, llamaba la atención. Y pese a que no le incomodaba ser admirado por alguien más, no siempre se sentía a gusto con las miradas que lo juzgaban preguntándose quién sería o qué estaba haciendo allí.

Se alegró de llegar a la playa. Bajó del bus y suspiró de alivio. Empezó su caminata por la orilla de la playa, esperando encontrar al idiota de Aomine pero nada, y vaya, no es que el otro fuese muy difícil de ver, pero ni sus luces. Pasaban de las 10:20 am cuando empezó a preocuparse por no poder encontrarle así que revisó su celular por si tenía algún nuevo mensaje pero nada. ¿Acaso se había atrevido a invitarlo para después dejarlo plantado? –You gotta be fucking kidding me –murmuró con molestia. Frunció el ceño mientras escribía un texto que rezaba lo siguiente: “¿En dónde demonios estás?”. Pero no alcanzó a darle enviar cuando de pronto la voz del chico en cuestión estaba cerca suyo y le lastimaba el oído.

Pese a sus buenos reflejos, en ningún momento lo vio acercarse. Tsk. Se había distraído con el celular, tiempo perfecto para que el otro lo golpeara y no conforme, le cargara como si fuera un maldito costal de papas. –¡Imbécil, suéltame! –exigió con clara molestia mientras pataleaba para tratar de bajarse pero el otro, con expresas ganas de joder la vida, corría hacia el constante oleaje. –Idiota, traigo la comida y mi… –en un segundo se dio cuenta de que Aomine no iba a desistir de sus estupideces así que arrojó su maleta, esperando que nada se estropease e inhaló profundo al escuchar su amenaza.

Un segundo después el agua le mojaba el trasero, la espalda, parte del abdomen, los pies y las puntas de su cabello bicolor goteaban. Su rostro se miró sombrío. –Serás idiota. –una furia incontrolable se acumuló en su pecho y fue suficiente para que éste alargara los brazos y le jalara con fuerza, pero, haciendo uso de sus habilidades en combate, defensa y rescate, dobló su cuerpo de tal forma que parecía un resorte y al tener a Aomine entre los brazos, terminó siendo arrojado al mar, aunque el precio que hubo pagado fue empaparse por completo. Pero bueno, ahora los dos estaban iguales. –¿Pensabas que iba a quedarme así como nada? –le sonrió. El corazón ya estaba agitado y apenas acababan de empezar.

Pero le gustaba. No podía evitarlo ni negarlo. Le gustaba con demasía jugar con Aomine, pasar el tiempo con él, porque precisamente, era el único que se posicionaba con facilidad a su altura. El único que le entendía a un grado mayor que ni él mismo se podía explicar en incontables situaciones. Kagami estaba feliz y el día prometía ser algo bueno pese a las estupideces y ocurrencias del Ahomine.
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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Dom Dic 27, 2015 2:43 pm

Como era de esperarse, el moreno no tardó en reír a carcajadas al ver como su amigo se hundía en el agua salada del océano, aunque su risa solo duró poco puesto que casi de inmediato tras su travesura el otro le dirigía una mirada de hostil advertencia, retrocedió un paso leyendo las intenciones en los ojos del pelirrojo - Ey Kagami no seas vengativo, eso no es de compa…- su frase se vio cortada debido al fuerte agarre sobre él que le cortó la respiración, apenas tuvo un momento para cerrar los ojos antes de sentir como era arrastrado hacia al agua también.

“Maldito Taiga y maldito su entrenamiento en salvamento” pensó. Lógicamente sabía y no dudaba de las capacidades del pelirrojo, era ágil e inteligente, bueno casi siempre, pero a raíz de que se había entrenado para ser bombero su fuerza también había aumentado a consideración, al punto en que parecía que ya no solo eran hábiles compitiendo en un partido, sino también en un combate cuerpo a cuerpo. Y si bien no le había gustado en demasía que el otro decidiera optar por tal profesión, vamos siendo realistas cada que escuchaba una sirena o se enteraba por las noticias de algún incendio de gravedad se quedaba algo nervioso a la espera de que el otro se reportara con él, pues no le quedó más que aceptarlo, no podía prohibirle nada y le admiraba la pasión que el chico tenia para el empleo, y claro que...el uniforme se le veía jodidamente sexy, era un plus del cual no iba a quejarse. Eso sí, jamás iba a olvidar la primera vez en que, tras un incendio grave en una gasolinera, Aomine en un estado casi histérico, fuera a derribar de una patada la puerta de la casa de Kagami y darle tremendo puñetazo en la cara por no haber contestado el jodido celular por un día entero, tras un intercambio de gritos sin sentido y golpes resultó ser que el chico lo había olvidado en la estación. Kagami era tan idiota en ocasiones. Fue desde entonces que sin si quiera preguntarse habían tomado el hábito de reportarse el uno con el otro cuando atendían alguna situación de gravedad en el trabajo.

Daiki salió del agua con el corto cabello escurriendo al igual que sus ropas - ¡Eres un idiota! - le gritó al otro que lo miraba con autosuficiencia, afortunadamente sus lentes de sol no se habían caído, se los quitó del rostro para asegurarse de que no se hubieran estropeado y se los colgó del cuello de su húmeda playera para después arrojarle un poco de agua al chico acentuando su molestia. Sin poderlo evitar le sonrió también, vaya que lo había extrañado. Se acercó hacia él para observarlo mejor, el cabello rojo, los ojos juguetones y una gota de agua salada que se resbalaba por su nariz, sintió su corazón latir con fuera mientras lo veía fijamente, había muchas cosas que le provocaba Kagami, algunas de ellas muy molestas en realidad, pero la manera en que hacía que su corazón se acelerara era una de sus favoritas. Pasó el dorso de su mano sobre la mejilla del otro como si de una caricia se tratara, deslizándola suavemente hacia arriba para apartar unos mechones de cabello de su frente, inclinó su rostro hacia él buscando quitar un poco de distancia entre ambos, despacio, se movió aún más cerca, sus rostros estaban casi centímetros de distancia y podía sentir su respiración agitada mezclarse con la de Taiga, lo miró directo a los ojos y le pareció ver en ellos una confusión y una molestia perfectamente mezcladas, le sonrió de lado y después… - Mira nada más y yo que pensé que tus cejas raras iban a despintarse- le soltó pasando un brazo por su cuello para hacerle una llave mientras que con su pulgar tallaba con algo de brusquedad las cejas del chico, de las cuales se reía constantemente - Creí que te las pintabas así porque eras medio rarito, meh resulta ser que eres extraño de nacimiento- agregó encogiéndose de hombros y se apresuró a soltarlo antes de recibir un golpe.

Varias personas los miraban con curiosidad después de todo ver a dos chicos con su complexión jugar como mocosos era algo divertido, Aomine se movió un poco para salir un poco del agua y exprimió con sus manos el borde de su playera, más al darse cuenta que era inútil, tomó los lentes en su mano y se sacó prenda de encima para después quitarle el exceso con ambas manos, suspiró era muy agradable no tener el peso extra de la tela húmeda, además así pudo sentir el sol y el aire chocar contra su desnudo y bien formado torso, se pasó una mano por su cabello y después miró a Taiga - Ven dejemos que la ropa se escurra y juguemos un One on One, no será de básquet, pero ¿Te apetece el volleyball? Seguro que también puedo vencerte- le retó guiñándole un ojo mientras se dirigía más a la orilla caminando lentamente, en primera porque sus pies se hundían en la arena mojada y en segunda porque quería que el otro se apresurara a ponerse a su lado.

- Y bien además de extrañarme y comer ¿Qué tanto has hecho? – le cuestionó tranquilamente, a pesar de que se veían muy constantemente, ambos habían estado ocupados en el trabajo y como sus entrenamientos en la universidad se habían suspendido por el fin de semestre y el periodo vacacional no habían tenido mucho tiempo de platicar frente a frente. Aomine levantó la mochila que Kagami había dejado caer y que estaba algo cubierta de arena, la sacudió y miró con fastidio como la arena también se le había a pegado a las pantorrillas causándole algo de comezón, dejó su playera colgada en el respaldo de una silla de playa donde no se llenara de arena y se sacudió lo mejor que pudo, se secó un poco el cabello y después husmeó en la maleta del otro para sacar una bebida y darle un trago, las cosas eran así cuando salían, una vez llevaba él algún almuerzo y otras veces lo hacía kagami, casi siempre lo hacía el otro pues era un poco más atento que el moreno, pero Aomine se acordaba también. Dio un largo trago y después miró a su compañero

-¿Has hablado o visto a Kuroko? – mencionó, Daiki no hablaba demasiado con los demás, claro, cruzaba un par de palabras con sus ex compañeros de equipo en ocasiones, Kise también tenía la costumbre de mandarle alguno que otro fastidioso mensaje y aunque no platicaba mucho con Kuroko y las cosas aún estaban ligeramente tensas, podía decirse que se llevaban bien, en especial porque a Aomine le parecía sumamente adorable la pequeña mascota del muchacho. - Momoi no deja de preguntarme sobre él-  agregó frunciendo un poco el ceño, entendía que la pelirosa se preocupaba mucho por los demás y aunque creía que ya no acosaba tanto al más pequeño del grupo, la chica podía ser un fastidio la mayor del tiempo, a pesar de que sus intenciones eran las mejores. Suspiró, molesta o no le tenía aprecio y era de las personas más cercanas con las que sabía podía contar.
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Lun Feb 01, 2016 3:19 pm

La dualidad de Aomine le hacía querer gritar, golpearlo y luego agarrarlo por los hombros y plantarle miles de… bueno, como sea, el caso es que siempre lo sacaba de sus casillas y terminaba empeorándolo porque el otro no dejaba de sonreír como idiota siempre que se salía con la suya. Pero, al mismo tiempo, no podía evitar sentirse atraído por ese mismo gesto lleno de confianza en sí mismo. Tsk. Y para colmo, el muy idiota era consciente del efecto que su presencia causaba en el pelirrojo y la utilizaba a su favor; jugaba con él y se le acercaba como muchas otras veces, pero algo en su actitud cambiaba, se volvía seductor.

Y bueno, justo ahora, no era como que pudiera negarse mucho a estas alturas del partido, así que se dejó llevar por un momento y esperó a que sus rostros se juntaran todavía más pero entonces volvió a ser el mismo de antes. –Ah, ¡te digo que me sueltes! –presionó sus brazos e intentó deshacer el agarre pero el moreno trabajaba en la Estación de Policía desde hacía unos meses, así que el entrenamiento lo había vuelto igual de fuerte que él. Luego de hacerse el tonto le soltó y se vio a sí mismo hecho un tigre encolerizado. No sólo se burlaba de su apariencia, sino también hacía como que nada pasaba. Tuvo que aplicar un ejercicio de respiración y relajación para no partirle la cara allí mismo.

Le siguió de mala gana, mientras también se quitaba la ropa de encima y se quedaba únicamente con los pantalones cortos completamente húmedos y sucios de arena. Suspiró con molestia. Se había esforzado en hacer el almuerzo y el otro ni siquiera le agradecía, peor aún, traía la cámara en la mochila. Joder. Esperaba que no se hubiera dañado o si no lo obligaría a pagársela. Y todo por hacer sus estupideces de mocoso. ¿Cómo era posible que alguien tan idiota lo tuviera tan loco? Tal vez Kagami era el tonto en verdad. Pese a ello, cuando Aomine se desnudaba se veía condenada y absolutamente sexy… y no era que pudiera resistirse a su encanto (al igual que muchos otros), ejem, por ejemplo, cuando se pasaba los dedos por el cabello azul, lo hacían tragar saliva aunque procuraba ocultar ese tipo de reacciones pues entonces tendría más material para ser molestado.

Aho, primero preocúpate por las cosas. –le regañó para después caminar hacia donde había arrojado la maleta. Sus pies se hundían entre la arena y el sonido que estos producían le tranquilizaba, al menos un poco. –Créeme que no extraño tus berridos ni tu ropa sucia por todos lados. –Se agachó para recoger sus cosas pero el otro le ganó; dejó que cargara con ellas, después de todo él había sido el culpable. –La verdad no mucho. Universidad y trabajo. Sólo eso.

La Universidad y los entrenamientos del trabajo a los que se sometía lo dejaban exhausto. Prácticamente sólo llegaba a su departamento a bañarse, comer algo y dormir. Ni siquiera tenía tiempo para divertirse, y aunque se mandaba mensajes con Kuroko para estar pendiente de él, no era como que tuviera mucho contacto con el mundo exterior. Así que estas eran como unas mini-vacaciones, por ello, decidió sacarle el mejor partido ahora que tenía oportunidad.

Hablamos casi diario, por mensaje o llamada. Él también está ocupado, pero va muy bien. Me dijo que quería ser maestro, ya sabes que siempre le han gustado los libros y los niños así que no creo que le vaya mal. –sonrió mientras hablaba de su mejor amigo. Internamente se alegraba de que ambos peliazules ya se llevaran mejor y hubiesen recuperado algo de su antigua amistad. Era tranquilizante saber que dos de las personas que más apreciaba se llevaban tan bien. –¿Momoi? Oh, la chica que siempre está contigo. ¿Sigue gustando de Kuroko, cierto? –Se agachó al lado suyo y le arrebató la mochila para sacar su traje de baño y colgárselo al hombro. –Voy a cambiarme, no tardo. No vayas a comerte todo, ¿oíste?

Dejó al chico allí y se dirigió al vestidor que estaba a unos 20 metros de distancia. Se metió a un cubículo pues no deseaba miradas indeseadas y se quitó la ropa sucia y húmeda en cuestión de segundos, la dobló y la hizo a un lado, para luego ponerse el traje de baño que lo cubría de las piernas y de diseño bastante simple. Su padre se lo había mandado de USA y no podía quejarse pues era de su color favorito: rojo. Se pasó las manos por el cuerpo para deshacerse de la arena en lugares que le provocaban cosquillas y salió de allí.

Cuando regresó del vestidor se sentó a su lado y colgó su ropa en el respaldo de una de las dos sillas. El moreno había conseguido una sombrilla playera así que al menos no sufrirían todo el día con el sol en sus hombros. La idea le sacó una pequeña carcajada. –Vas a quedar más negro y en la noche no voy a poder encontrarte. –le dio un puñetazo en el hombro de forma amistosa para después sentarse a su lado. –Pásame una lata.

Miró de reojo a Aomine y recordó que al hablar de su ex compañera de clases había fruncido el ceño. –¿De qué estábamos hablando? Ah, sí. De Momoi. Descuida, no te pongas celoso. Kuroko es demasiado amable para rechazarla y romperle el corazón, aunque ella no sea una mala chica, por lo que tengo entendido –abrió la lata y le dio un trago largo; con ese calor lo único que quería era meterse en el agua pero también deseaba sentir la adrenalina al jugar ese One-on-One de volleyball–. ¿O será que estás celoso porque va a quitártela? Vamos, Aomine, tenía entendido de que te morías por mí y no por una chica que podría ser tu hermana menor. –sonrió al hablar pero muy dentro de sí mismo no quería que la respuesta fuera afirmativa. Ya de por si le costaba bastante admitir que le gustaba un mocoso tonto y orgulloso como él, pero tenían razón al decir que uno no podía vivir con Aomine, pero tampoco sin él.

No creo que sería del todo mal que salieran juntos. Es sólo que Kuroko es demasiado reservado. –Se quedó mirando el oleaje ir y venir y de pronto se puso serio. Ahora que lo pensaba, no es que Daiki y él fueran pareja, es decir, hacían cosas juntos y pasaban la mayor parte del tiempo peléandose y haciéndose todo tipo de bromas, aunque de vez en cuando compartían intimidades que sólo una pareja tenía pero ¿eso los hacía una relación oficial? Tal vez estaba dándole mucha importancia a algo que no lo era. Daiki le gustaba, fin de la historia.

Volvió a verlo y de pronto no estuvo tan seguro de que le acomodara esa situación sin nombre, así que, sin pensárselo, se levantó de la silla, se colocó a horcajadas encima de él y le puso las manos en los hombros; de esa forma su peso evitaría que el otro escapara a una respuesta que su corazón le pedía satisfacer. Pero ahora que había tomado el coraje para preguntarle el “qué eran”, las palabras se le escaparon de la boca. Permaneció en un silencio incómodo y lo miraba fijamente, en busca de la verdad a través de los zafiros que tenía como ojos.

Definitivamente Aomine era atractivo, joder, lo era demasiado. Y cuando reía de manera sincera, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, además esa voz adquiría un matiz diferente cuando murmuraba cerca de su oído o de sus labios; a veces, cuando pronunciaba su nombre y no su apellido, le sabía dulce. En ocasiones, incluso él se preocupaba por el pelirrojo pero lo demostraba agresivamente (no podía culparlo) y por eso, era difícil interpretar sus reacciones. Según había escuchado de compañeros de la escuela y del trabajo, ambos eran compatibles en muchos sentidos y vaya que eran parecidos, sin embargo, también sus discusiones eran de la misma talla. El chico era sumamente orgulloso y ególatra, y siendo sinceros, él no se echaba para atrás cuando le retaba y/o incitaba a que participara en sus sucios juegos, pero había aprendido a ver lo dulce y lo honesto que era. Posiblemente no sabía cómo expresarse o cómo comunicar sus sentimientos, pero una cosa era cierta: estaba seguro de que jamás le mentiría y no lo traicionaría aunque se viera en la situación de hacerlo.

Juntó la frente con el moreno y se abrazó a su cuerpo. Era bueno volver a verlo. Quizá el tiempo lejos lo había orillado a pensar en esas nimiedades y bueno… ahora, que estaba encima de él, se sentía algo incómodo. Seguramente el mocoso pensaría otra cosa y… ¡No podía permitirlo! ¡Se adelantó! Kagami acercó su rostro al del otro y le plantó un beso rápidamente. –Jajá, te gané. –declaró aunque tenía la cara sutilmente roja por la vergüenza de haberse metido a la boca del lobo sin pensar.

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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Lun Feb 01, 2016 9:57 pm

Soltó una risa cuando el otro se quejó sobre los berridos y la ropa sucia, bah, hacía puro drama, Aomine sabía perfectamente que el chico amaba estar con él, lo sabía con tal seguridad porque él mismo adoraba estar con Kagami. Cuando estaban juntos, ya fuera peleando por alguna razón estúpida o simplemente en silencio haciéndose mutua compañía, se sentía feliz, como si de pronto todas las partes de su vida cuadraran de una extraña e irregular manera. Sin embargo se ahorró sus comentarios y se sentó en la orilla de la silla mientras miraba al pelirrojo en espera de la respuesta. La cual en parte no sabía si quería escuchar o no.

El asunto era para él algo extraño, la amistad que había tenido con Tetsuya había sido tan fuerte, que a veces aún le sorprendía como es que habían acabado las cosas, como es que había provocado tal quiebre, las heridas aunque menos dolorosas y ya cerradas habían dejado cicatrices que no iban a desaparecer por más que pasara el tiempo, por más que ambos se hubiesen perdonado. Y aunque no quería admitirlo en ocasiones también le incomodaba un poco esa cercanía que Taiga tenía con el menor, era una familiaridad tan intensa, algo que él ya no poseía y que si bien no le molestaba, sí que lo hacía preguntarse si así era como Tetsu y él se veían cuando eran más cercanos. Una media sonrisa se formó en su rostro – Profesor Kuroko Tetsuya ¿Te imaginas eso? Jajaja  seguramente será estricto pero un consentidor, estoy seguro que sus alumnos lo amarían- mencionó imaginando a un Tetsu rodeado de alumnos, le iba.

La verdad le alegraba mucho ver lo fuerte que se había hecho el menor y la manera en que defendía a capa y espada no solo sus ideales, sino también a Kagami y a sus amigos y le tranquilizó saber que el pelirrojo, aunque bastante idiota, también lo defendía por sobre todas las cosas. Le hacía muy feliz tener a esa clase de personas en su vida, en verdad lo agradecía.

Si, la misma, es algo terca al respecto- Confirmó y tomó de nueva cuenta la maleta de los refrigerios para ver qué era lo que el otro había preparado, aun no tenía hambre pero una rápida mirada a la comida no haría daño a nadie, quizá probar una cosa o dos, ya saben, para tener energía. Y como si el otro le leyera el pensamiento de inmediato lo advirtió –Si, Si, lo que tu digas ¿Quién eres mi madre?- se quejó y le arrebató la mochila, haciéndole un gesto con la mano para que se apresurara a cambiarse.

Le sorprendió ver la cámara, pero sonrió un poco, sacó otra bebida y apartó la maleta, comportándose, y aprovechó que el otro se había ido para hacer un par de cosas, primero acomodar la sombrilla de manera que cubriera bien ambas sillas y después quitarse el short que aun le escurría, dejándolo junto a su playera y quedando finalmente en traje de baño, se sentó de nuevo en el borde de los pies de la silla y extendió un poco las piernas para que el sol le pegara ligeramente en la piel, miró una pareja caminar felizmente tomados de las manos, su mente se distrajo por un momento mientras los veía alejarse  en dirección a las olas. Suspiró.

No era un secreto, no para él obvio, que Taiga Kagami le gustaba. Joder le gustaba demasiado, aún no entendía como había pasado del desprecio al afecto, porque sí, en aquel primer encuentro en verdad sintió desprecio por el muchacho, por ser tan insistente, por luchar por una causa perdida y después sintió por él un profundo coraje al verlo jugar junto a Kuroko. Aomine no podía decir cómo o qué exactamente fue el parte aguas para desarrollar sentimientos más positivos hacia el chico, sentimientos, incluso, se atrevería a decir más intensos. Solo sabía que era confuso, primero desprecio, después coraje, aprecio, admiración, atracción, cariño y recientemente molestia. Todo era como una loca montaña rusa, de la cual no estaba seguro si quería bajarse o no.

La voz de Kagami lo regresó a la realidad, volvió a sentarse donde pegaba bien la sombra y frunció el ceño, corrección, no quería al chico, lo odiaba –¡Idiota! no digas tonterías Bakagami- se quejó por aquel estúpido comentario y movió su hombro con fastidio para apartar el puño del chico, lánzandole después una lata con deliberada brusquedad. Quizá el del problema era él, por prenderse de semejante idiota. Atractivo, muy sensual, con ese torso y ese trasero y… apartó la vista antes de que lo descubriera observándolo demasiado. Si todo eso y además, muy idiota.

Gruñó un poco cuando retomaron la conversación, no estaba seguro de si quería seguir con eso, pero guardó silencio y se limitó a oírlo. ¿Celoso? ¿Él? para nada, si, debía admitirlo era bastante sobreprotector con Satsuki pero si estaba en sus manos poder elegir a alguien para ella, no le molestaría ni en lo más mínimo que fuera Kuroko, les tenía a ambos un fuerte cariño –Es algo molesta en ocasiones y puede ser bastante gruñona, pero tiene un buen corazón y buenas intenciones- intervino distraídamente, su mente analizaba otras cosas respecto a los celos, cosas en las que en verdad no quería indagar, sin embargo ahí estaba Kagami, diciendo tonterías como de costumbre. Por poco y escupe su bebida ¿Cómo demonios soltaba algo así tan de repente? y además carajo ¿Qué no podía olvidarse de esa palabra?, celos, era... ugh un fastidio.

Ya quisieras Kagami, pero no tienes tanta suerte- se burló sardónicamente, oh pero que gran mentira – Tengo mis motivos para sentir celos- agregó casi sin querer y se arrepintió al instante de hacerlo, joder que con este chico debía cuidar sus palabras. Suspiró asintiendo con la cabeza –Supongo que tienes razón- cedió, tanto Kuroko como Satsuki eran importantes para él y juntos o no lo único que deseaba era su felicidad.

Daiki resopló y apartó la vista hacía el oleaje, perdiéndose de nuevo en sus pensamientos, quizá ya iba siendo tiempo de que intentara que su relación con Kagami avanzara a otro nivel, vamos, salían juntos, hablaban a diario, a veces se quedaban en la misma casa y tenían ciertas actitudes que eran más bien íntimas, pero no eran oficialmente nada. Al moreno no le molestaría ser ya saben, una pareja, y aunque no necesitaba de etiquetas para que ambos estuvieran juntos como una, sabía perfectamente que era importante decirlo, expresar esos sentimientos que quizá ambos ya sabían por sentado, por el simple hecho de que “solo saberlo” a veces no era suficiente.

El problema radicaba, en que no sabía cómo, si para algo era malo, era para expresar con palabras sus sentimientos, ¿Qué iba a hacer? ¿Esperar el atardecer, tomarlo de la mano arrodillarse y confesarle sus afectos? se lo imaginó, demonios eso era tan… tan…ugh ni siquiera encontraba la manera de describirlo. No, tenía que haber otra forma de decírselo, alguna manera que no fuera tan rosa, quizá lo mejor iba a ser ser directo y punto, entre menos lo pensara mejor.

Se giró dispuesto a decirle algo cuando de la nada sintió a Kagami sentado sobre él, ejerciendo fuerza para que no pudiera quitárselo de encima, se avergonzó –¿¡Qué demonios Bakagami!? ¡Quítate de encima que pesas!- le gritó moviéndose incomodó pero el chico en lugar de levantarse se acercó más él. Luchó un poco más hasta que sus miradas se encontraron, se quedó inmóvil, paralizado, sus ojos azules se reflejaron en los de Taiga que tenían ese brillo desafiante y decidido que tanto le enardecía, lo supo entonces, no estaba seguro de cómo o porque pero lo supo, era el momento en que debían aclarar las cosas y sin embargo no fue capaz de decir nada, ni siquiera de moverse.

”¡Por los mil infiernos Daiki! ¡Carajo dí algo! ¡Haz algo!” se dijo con molestia pero parecía que su mente se había desconectado de su cuerpo, sintió un delicioso escalofrío cuando los brazos del pelirrojo pasaron de sujetarlo a abrazarlo, por instinto, colocó sus manos en las caderas del chico, sintiendo su musculatura y su piel cálida, se tomó la libertad de acariciar un poco, muy sutilmente apenas con la yema de sus dedos, disfrutando de esa corriente eléctrica que le erizó la piel, buscando reconocer un poco, tan solo un poco más de esa dermis ajena bajo sus dedos.

Estando sus rostros tan cerca pudo ver la atractiva  forma de sus facciones, su ojos brillantes y con un toque de desafío y molestia, su nariz y sus pómulos y en especial la sensual manera en que sus labios temblaban ligeramente. Demonios, demonios y por los mil demonios, no iba a resistirse, necesitaba besarlo, le urgía satisfacer la necesidad de probar esa boca tan apetecible que, al menos a como él lo veía, pedía ser besada con el mismo desespero que él sentía, al carajo el mundo, iba a besarlo.

Grande fue su sorpresa cuando fue Kagami quien le robó un beso, tan fugaz que apenas y tuvo tiempo para procesarlo cuando él infantilmente se enorgullecía de su victoria, con sonrojo incluido y todo, Aomine lo miró enarcando una ceja ¿Era enserio? –Tks…serás torpe- murmuró en voz baja con un tono bastante peligroso en su voz y antes de que el otro decidiera quitarse de encima, con uno de sus brazos se afianzó a su cintura y lo apegó más, evitándole huir en dado caso de que planeara hacerlo, le dirigió una última mirada cargada de orgullo y coló su otra mano tras la nuca del chico para inclinarse a besarlo bruscamente.

No lo pensó mucho, solo cerró los ojos y unió sus labios con los del chico, comenzó a moverlos con ansiedad, dispuesto a marcar un beso un poco dominante antes de que el otro se le ocurriera apartarse. Ansioso, saboreó la textura y el calor de los labios de Kagami lentamente pero con fuerza, sus dedos se enredaron en el cabello que brotaba cerca de la nuca del chico, sentía un deleitable calor recorrerle el cuerpo, ejerció algo de presión e hizo que el otro entreabriera un poco los labios, pidiendo apenas un muy rápido permiso para colar su lengua y encontrarse con la de él, haciendo de aquel beso uno más apasionado, cálido y húmedo, jadeó suavemente contra sus labios, demonios sabía que tenía que apartarse para tomar aire, pero era tan adictivo que no quería hacerlo, estaba completamente perdido al respecto.

Finalmente la necesidad de oxigeno le ganó la batalla y tuvo que separarse no sin antes darle una suave mordida al labio inferior del chico, mantuvo sus frentes pegadas, su respiración estaba agitada, el corazón le latía a mil por hora y la vista de Kagami con los labios ligeramente inflamados y sonrosados le provocaban ganas de atacarlo de nuevo, pero se contuvo, repentinamente consciente de sus acciones, era el momento perfecto para decirle, para dejar en claro las cosas. Resopló y se inclinó un poco hacia el oído del chico – Así Taiga…- dijo suavemente disfrutando del sabor de su nombre en sus labios – es como se gana en un beso…- le susurró con un cálido aliento y le besó el lóbulo de la oreja, empujándolo suavemente para separarse de él y después quitárselo de encima.

Se puso de pie, sentía que las piernas le temblaban un poco pero se mantuvo lo mejor que pudo –Anda busquemos una cancha con red libre para jugar, estoy seguro de que nos podrán rentar un balón- instó esperando a que el otro se levantara, si, era una gran, GRAN estupidez pretender que lo que recién había pasado era algo como si nada, pero necesitaba tiempo, necesitaba aclarar su mente, o más bien las palabras que iba a decirle, porque ahora más que nunca sabía que tenía que decirle algo, no, que DEBÍA, decirle algo.

Suspiró y se puso sus lentes. ”Se lo diré. Cuando termine el juego de volleyball se lo diré.” pensó, tratando al mismo tiempo de darse valor.

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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Mar Feb 02, 2016 12:15 am

Durante todo el tiempo que se conocían, había aprendido a ignorar las quejas del chico ya que usualmente se trataban de simples berrinches de niño malcriado que todo lo que quería, lo obtenía, pese a ello, en este momento la situación le obligaba a prestarle suma atención. Es decir, antes de que le robara ese pequeño beso, claro está. Y casi pudo atisbar una respuesta por parte suya pero optó por comportarse de manera absurda y se había privado de escuchar la verdad salir de sus labios.

“Eres un idiota igual que él” se regañó a sí mismo aunque luchaba por mantener una sonrisa de triunfo, cosa que eventualmente desapareció por la falta de convicción. Pero al menos podía presumir que el moreno correspondió a su abrazo y, muy sutilmente, le acarició. Joder. No quería que se detuviera. Su garganta se secó así que tragó saliva, pero de nada servía, pues se sentía juzgado por esa mirada penetrante que le preguntaba “¿Estás hablando en serio?” después de ese beso tan estúpido e infantil.

Demonios. Se sentía un mocoso en este tipo de situaciones, por eso nunca las incitaba. Kagami no era el tipo de chicos que coquetearan y le saliera bien la jugada. Sencillamente no era así. Pero, muy a su pesar, Aomine era arena de otro costal; él utilizaba todo su lenguaje corporal para decirle qué tanto le gustaba, y peor aún, su voz era el ataque preciso que podría dirigirle. Su masculinidad, cuando se lo proponía, era su mayor encanto. Aomine era peligroso, y de haberlo querido, le hubiera roto el corazón desde hacía mucho tiempo. Afortunadamente la realidad era otra, y al menos por el momento, le seguía el juego.

Tú eres el torpe. –Murmuró para no perder el momento que ambos habían creado, tal vez, sin realmente proponérselo. –Aomine… –le llamó antes de cerrar los ojos y dejarse hacer por el chico. Apenas una fracción de segundo después se veía correspondiéndole el beso, sin dejarse vencer por completo. Buscó apoyo así que se afianzó de sus hombros con ligera presión de su parte. Mientras tanto, los dedos largos y delgados recorrían su nuca para acercarlo todavía más. Un ligero escalofrío recorrió su espina dorsal y le hizo estremecerse pues la lengua del peliazul chocaba con la suya para después succionarle como si fuera su dueña. Y quizá era de esa forma… –Mm-hmm… –sintió la temperatura de su cuerpo elevarse considerablemente, al igual que los latidos de su corazón se aceleraban y el sonido le golpeaba los oídos junto con los sutiles jadeos del otro. Demonios. Maldito mocoso… Podría perderse una y mil veces entre las garras de la bestia, si ésta supiera besarlo como Aomine lo hacía. Demonios. Demonios. ¡Demonios!

Cuando se separó de él sintió un desequilibrio en todo el cuerpo, por lo que agradeció que ambos estuvieran de nuevo apoyados uno en la frente del otro. Entreabrió los ojos y le sonrió de medio lado. La cercanía con el chico le permitía recobrar el aire y aunque no le gustaba mostrarse así de débil frente a él, resultaba un tanto imposible pues de momento todo se había vuelto borroso con excepción de sus facciones. Tenía ganas de más y estaba ansioso por volver a compartir ese suave y delicado momento juntos pero las emociones se le atoraban en la garganta y al ser un chico entrando en la madurez, no permitiría que así fuera. Algunas personas se jactaban de querer conocer la verdad a toda costa, él solía pensar así, pero si todo esto era un juego, prefería disfrutarlo antes de ser lastimado con el filo de la honestidad.  

No me muerdas o entonces no podrás conmigo. –se mordió los labios cuando sintió aquellos labios rodear el lóbulo de su oreja. –Daiki, no… –Maldito mocoso pervertido, ¡lo sacaba de sus casillas! El muy vil se atrevía a besarlo de esa forma para después decirle sin palabras que se quitara de encima. Sentía un dolor en el pecho pero no estaba seguro de qué podría significar. Y tampoco se llevaría la mano a dicha área como si fuera una colegiala, simplemente no era así. Uno tenía que aprender a no darle importancia a sus caprichos o terminaría seriamente lastimado.

Sin ganas de hacerlo, se le quitó de encima y se palmeó las piernas, como si estuviera limpiándose de una mancha inexistente. Aomine no había respondido a su pregunta silenciosa, pero por el momento ya no sentía el pesar sobre los hombros. Tal vez fuese mejor no gastar tiempo pensando en lo improbable, si no disfrutarlo mientras durara. Así que, con energía ya recargada, le sonrió de buena gana. –Está bien. Apostemos: si yo gano, tú pagas la cena y el lugar donde nos hospedemos; comidas incluidas y toooodo lo que se me antoje. Si tú ganas, bueno… puedes quedarte en mi casa durante una semana y no me quejaré cuando me pidas de comer. –Ya puestas las reglas del juego, pensaba que ninguno de los dos tendría mucho qué perder. Además, la nueva fuerza en los brazos y piernas gracias al entrenamiento pesado del trabajo le brindaría mayor oportunidad de ganarle en un deporte que no estaba acostumbrado jugar ¿o no? Ya de menos, esperaba no quedarse tan atrás y mantener el score justo.

Caminó primero, dirigiéndose a una de las tiendas que estaban a orillas de la playa. Por ser fin de semana, seguro que habría algún vendedor con múltiples accesorios playeros; quizá también podría aprovechar para comprar un bronceador, tal vez así agarraría un tono como el moreno. La idea lo hizo reír pero optó por dejarlo como chiste interno. ––Si mal no recuerdo, las canchas están cerca del Salvavidas. –señaló a un tipo que traía unos shorts y una camisa lo suficientemente chillantes para notarlo a una legua. No le gustaban esa clase de hombres porque en lugar de ayudar a la gente que corría riesgos de ahogarse o de tener un accidente, sólo se jactaban de lo bueno que estaban sus cuerpos y molestaban a las chicas atractivas que rondaban por allí. Basura de hombres.

No creo que nos molesten si sólo jugamos los dos, además, no es como que alguien pueda seguirnos la corriente –le sonrió ampliamente. Le gustaba ser la única persona que aguantara el ritmo de Aomine y viceversa. Atesoraba las ocasiones que ambos podían darlo todo, ese momentum en el que los dos se sumergían en su propio mundo y eran ellos mismos en su completo e íntegro ser; en ese preciso instante, los dos chicos alcanzaban una felicidad y una libertad inigualables. Nadie más podría entenderlo. Era perfecto.

Al acercarse al área de vendedores, rápidamente fueron presa de las miradas inquisitivas. “¿Cómo es que dos hombres de 1.90 con colores de cabello poco comunes andaban por allí como si nada?”. Se sentía ligeramente incómodo, por lo que habló rápido y de manera precisa con el que parecía ser el dueño de la tienda de artículos playeros: un hombre de mediana edad con eterna sonrisa en el rostro y con la piel tostada, como una castañuela expuesta al sol. –Hola, buenas tardes. Disculpe, estábamos buscando un balón para jugar volleyball. –El hombrecito asintió un par de veces con la cabeza, acostumbradísimo a ese tipo de peticiones, por lo que se adentró en el local y al cabo de un instante le trajo un par de balones bien inflados pero de diferentes marcas. Demonios. Apenas y conocía la diferencia entre ambos. –Errr… Aomine. Escógelo. El que sea está bien. Igual sólo vamos a utilizarlo una vez –se rascó la mejilla y esperó a que él chico no tomara una mala decisión con el artículo que terminaría pagando.

Tras completar ese proceso tan nimio, regresaron andando por el camino para llegar a la cancha de volleyball que por la hora estaba completamente vacía. Ningún loco se atrevería a jugar a plena luz del día, justo cuando los rayos del sol podrían quemarlos, pero poco le importaba. Jamás declinaba un reto, y con el peliazul como contrincante, no tendría ni tiempo de reparar en cosas tan absurdas como el clima del día.
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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Mar Feb 02, 2016 4:11 pm

Aun se reprochaba lo idiota que había sido mientras trataba de dejar de evocar el delicioso sabor de los labios de Kagami. Estaba a la espera de un reclamo, un grito, inclusive un golpe por parte del otro por no haberle dado una respuesta más directa a lo que sin palabras le había preguntado. Sin embargo, no hubo nada de eso, ni palabras, ni reproches, al contrario, Daiki recibió una sonrisa algo retadora y la invitación a una apuesta que no le sonaba del todo mal. Sonrió de medio lado y lo miró de manera en que sus ojos parecían agradecerle.

No le quedaba duda que Taiga era de las pocas personas con las que podía entenderse, le dio justo lo que estaba buscando, lo que pedía en silencio. Un poco de espacio y tiempo. Rayos, era por cosas como esas que le gustaba tanto, no lo presionaba ni lo atosigaba en cuestiones sentimentales. Le encantaba que el pelirrojo le tuviera la paciencia para esperar a que le contara las cosas, ya fueran preocupaciones o temas de cualquier otra índole que llegaban a molestarle. Era precisamente por eso que el moreno confiaba plenamente en el muchacho, le hacía sentir seguro e intentaba que Kagami se sintiera de igual forma con él.

Con la apuesta y la continuación del partido antes planeado, Aomine se relajó de inmediato y volvió a él su ya muy conocida mirada de orgullo y sonrisa de autosuficiencia –Hecho, si tu ganas todos los gastos van por mi cuenta, si yo gano, tendré libertad para estar en tu casa y por cada queja que escuche salir de tus labios agregaremos un almuerzo por tu cuenta cuando regresemos a las prácticas de Basket de la universidad- agregó satisfecho y se dispuso a seguirlo.

Miró de reojo al salvavidas que señaló Kagami, bueno, tampoco era como si fuese muy complicado verlo, el traje de color chillón era horrible, pero comprendía el porqué lo usaba, lo que no entendía era la actitud de galán con la que se postraba el hombre, pavoneándose como si fuera la gran cosa, que obvio no era, gruñó ”Ay por favor, Taiga es mil veces más atractivo que ese tipo y con seguridad doscientas veces más capaz.” pensó mientras dirigía una mirada a la espalda desnuda del pelirrojo, sonrió, si, jodidamente atractivo, Avanzó rápido los pasos que había perdido por detenerse a observarlo y se mantuvo bastante cerca de él, lo miró reírse y tuvo la sensación de que había sido a causa suya ¿Qué carajos estaría pensando el otro?

Cabe destacar que no le fue nada grato las miradas que les dirigían los demás, resopló con fastidio, si, sabía que ambos eran increíblemente atractivos, más él como es lógico, pero joder que la gente era una molestia. Y menos aún fue de su agrado las miradas que eran dirigidas específicamente a su compañero, gruñó. Otra de las grandes cualidades de Daiki era su posesividad, que si bien no era enfermiza, si que era bastante fuerte y no le apetecía ver como otras y otros desnudaban a Taiga con la mirada, no cuando era él quien tenía el principal derecho a hacer eso, con la mirada y con las manos y como se le diera su regalada gana.

¿Eh? ah si el balón- por estar pensando en otras cosas no se había dado cuenta de que habían llegado a la tienda y que un señor les dirigía una mirada amable mientras esperaba a que hicieran su elección. Puso sus lentes sobre su cabeza para contemplar las dos opciones, Aomine no sabía mucho de balones de Volleyball así que eligió el que le pareció más cómodo al sujetarlo. Una vez con eso arreglado se dispusieron a salir del local y cuando el moreno detectó otra de esas “miraditas” no pudo soportarlo más, obviamente no iba a ser nada bueno lanzarle un puñetazo a los chicos que los veían, no es que le importase mucho si era correcto o no, pero no lo hacía porque eso significaría armar una pelea que terminaría por arruinarles la tarde y eso era lo que menos deseaba. Por lo cual pasó uno de sus brazos por sobre los hombros de Kagami, apegándolo a él casualmente y dirigiendo, con discreción, un vistazo de advertencia a quienes los observaban.

Muy bien ¿Estás listo para ser derrotado? estoy seguro que puedo patear tu bonito trasero en cualquier deporte - se jactó mientras andaban con sus pies hundiéndose en la arena rumbo a la primera cancha vacía que encontraron. El sol estaba en lo alto, finalmente, en todo su esplendor y aunque aun había algo de nubes estas no lo cubrían por periodos largos, agradeció haberse puesto suficiente protector solar y de un factor alto, ya que ni si quiera el clima podía provocar que se echara para atrás. Se preocupó un poco, no quería que el otro terminara con alguna quemadura demasiado fea debido a la exposición al sol. Iba a comentarle algo pero desistió, el otro era igual de terco así que lo más seguro era que tampoco fuera a arrepentirse solo por el clima caliente.

Técnicamente no era Volleyball, puesto que el mínimo siempre eran dos jugadores, pero se enorgullecía de saber que nadie podía mantenerle el paso, nadie más que Taiga, así que ellos dos compitiendo valían casi por medio equipo entero. Hizo un rápido análisis de la cancha, asegurándose que no hubiera basura o pedazos de caracoles de mar entre la arena, pues eso iba a lastimarles los pies mientras jugaban. Con ayuda de Kagami movió la red divisoria de media cancha para que quedara aun más alta, vamos, teniendo la estatura que ambos tenían y siendo jugadores de basketball no les incomodaría hacer tiros más altos.

Veamos ¿Qué te parece si lo hacemos a veinte puntos? después de la marca de los diez cambiamos de lado de cancha, así será justo, claro si es que no te rindes antes- explicó poniendo las reglas del partido. Quizá era un poco exagerado ya que un partido normal era de doce o hasta quince puntos, para equipos de 6 personas cada uno, pero ellos no eran jugadores comunes y corrientes ¿Verdad? así que un poco de reto nos les caería mal, además sería una excelente prueba para probar su condición física. Era muy diferente jugar en una zona cubierta, piso liso y tenis, a jugar a la intemperie y con los pies hundiéndose en la arena.

Un par de personas se acercaron curiosas, pues llamaban bastante la atención, pero el moreno ya no les tomó importancia, ahora su mente estaba concentrada en ganarle al pelirrojo, si le ganaba no solo iba a poder tener alojamiento y alimentos por una semana, sino que también se había prometido a si mismo que si lo vencía iba decirle todo lo que sentía por él. Bueno, en realidad ganara o perdiera sabía que tenía que decírselo, pero le resultaba más fácil y más emocionante el tener como condición extra obtener la victoria del juego.

Aomine se acomodó de nueva cuenta sus lentes oscuros para poder jugar mejor y le lanzó el balón –Los pequeños sacan primero, enano -le dijo en tono de burla, haciendo obviedad de los pocos centímetros que el otro perdía en estatura, soltó una fuerte carcajada al ver su molestia y se movió al centro de su lado de la cancha,  juntando sus manos y tomando una posición clásica del deporte para esperar el saque del pelirrojo, el cual estaba seguro iba a ir cargado de fuerza. Su corazón comenzó a latir con rapidez, la expectativa era demasiada y tenía todo para ganar.
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Mar Feb 02, 2016 11:24 pm

No estaba seguro de que Aomine también supiera jugar volleyball con la misma agilidad y fuerza con que arremetía en el basketball pero si se sentía perdido, aparentaba no estarlo. Después de pagar por el balón y salir de la tienda, el chico le había pasado el brazo por los hombros y aunque su primera reacción fue dejarlo hacer lo que quisiera, recordó de que estaban en un lugar público y ya que al otro le importaba muy poco la opinión de los demás, seguro que terminaba siendo un mano larga y hasta se aprovechara para agarrarle el trasero o quién sabe qué otra cosa pervertida, así que lo empujó con un codo, procurando no lastimarlo pero sí apartarlo. Ya eran lo suficientemente llamativos como para alzar voces en contra de “ese tipo de relaciones” porque estaba seguro de que así los veían.

Idiota. El que va a perder es otro. Te recuerdo que estamos en arena y puedo saltar mucho más alto que tú. –le sonrió desafiante. Claramente presumía de algo que le costaba hacer cuando lo tenía a él como contrincante, pero no importaba, el otro no tenía por qué saberlo.

Ahora bien, antes de empezar el juego, prepararon la cancha: subieron unos centímetros la red y por tanto, estaba mucho más alta que de costumbre. De verdad sería un reto, y Kagami jamás declinaba uno, sino todo lo contrario, procuraba dar lo mejor de sí mismo y se aferraba a la idea de ganar, sea como fuese. A lo largo de toda su adolescencia había tenido múltiples encuentros con jugadores de alta talla, en su gran mayoría había ganado, y vaya que celebraba cada una de esas victorias; de igual forma, era consciente de que también se daba el caso de participar en juegos que lo llevaron a probar el sabor amargo de la derrota. Pese a ello, aprendió de sus errores, entrenó como loco y eventualmente mejoró a tal grado que fuese llamado algo parecido a un jugador de la Generación de los Milagros. Ahora que estudiaba y se entrenaba para ser un jugador profesional, los contrincantes eran mucho más fuertes, más atléticos y claro está, vivían de la resistencia y fuerza de sus cuerpos. Él no podía quedarse atrás. Debía conquistar cada una de sus metas y ser el mejor de Japón. No, sería el mejor del mundo.

Escuchó con atención al moreno y enarcó una ceja. ¿En serio sabía de qué estaba hablando o era pura pantalla? Se encogió de hombros y aceptó con una sonrisa en la cara y un grito de emoción por empezar. –Quiero un hotel de 5 estrellas, Aho. –respondió a la amenaza verbal. –Con bar incluido y desayunos en la cama.

Antes de iniciar, miró al cielo y sonrió para sí mismo. No podía explicarlo con palabras, pero la emoción se arrellanaba en su estómago, su pecho y de haber podido, saldría volando mientras reía a carcajadas. Era curioso cómo la sensación de nervios mezclada con emoción le afectaba, es decir, en lugar de salir huyendo y vomitar de la ansiedad, él hacía crujir los dedos, el cuello y preparaba sus hombros y brazos. Estaba listo para la batalla.

Acabas de perder tu única oportunidad de seguirme el paso. –Se alegró de poder sacar primero. Fue hasta la línea que marcaba la cancha y aunque sus pies se hundían en la arena, le restó importancia. El sol le daba de lleno en los hombros y en la cara, pero se prometió a sí mismo no fallar el primer saque. Hubiera deseado tener algo con qué cubrirse el rostro como el chico, pero era demasiado tarde. Era todo o nada. –¡Prométeme no llorar mucho cuando te gane, Aomine! –le gritó.

Sopesó el balón en su mano izquierda, inhaló profundamente y de pronto saltó para después golpearlo con la palma de la mano, apuntando al punto detrás del peliazul y hacer de ese un movimiento demasiado rápido para poder sido rematado. Al cabo de un segundo el balón rebotaba justo al lado de un Aomine sorprendido. Ya estaba: dos puntos así de rápido. -¡Já! ¿Qué pasa? ¿Nunca habías visto aun tigre jugar? Vamos, Aomine. Te toca, mocoso. –se burló pero no con la intención de hacerlo sentir mal, o tal vez sí, un poco. Pero no podía evitarlo, la trash talk le salía sin siquiera pensárselo.

Ahora, él esperó a que el moreno sacara. Se puso en el centro de la cancha y bajó su cadera unos cuantos centímetros. Juntó los brazos y se preparó para lanzarse o tirarse al suelo en caso de ser necesario para salvar el balón y que éste no cayera en su área de defensa. Por otra parte, a sus oídos venía el murmuro de las personas al sorprenderse de la intensidad con la que jugaban pero ya estaba acostumbrado. Era imposible no querer participar en el partido y no emocionarse a tal grado de que pronto escucharían gritos apoyando a uno o al otro, o a ambos. Eso era parte de ser un jugador profesional. Y le encantaba, Dios, de verdad que le encantaba esta vida, este momento.
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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Miér Feb 03, 2016 7:32 pm

Estaba más que claro que a Daiki le encantaba hacer enojar al pelirrojo, era parte de sus actividades diarias favoritas por el simple hecho de que amaba ver esa expresión peligrosa brillar en los ojos de Taiga. Así que estaba satisfecho cuando el otro se molestó y se dispuso a iniciar el partido. Otra de las cosas que le gustaban al moreno de su compañero, era que lo veía perfectamente capaz de devolver sus ataques, en cualquier sentido, con la misma o con mayor fuerza, situación que a veces pasaba un poco por alto, como ahora.

Exactamente no tuvo ni tiempo de procesar toda la situación cuando la pelota ya se dirigía precisa hacía su lado de la cancha, sonrió, la había visto con plena exactitud, sin embargo no había calculado la velocidad y la fuerza con la el otro había tirado y cuando quiso correr para alcanzarse se encontró con su siguiente problema, la maldita arena. Pronto descubrió que aquel sustrato iba a ser un gran inconveniente, pues para alguien como él, acostumbrando a la agilidad sobre el piso, la arena más bien lo ralentizaba. Como era lógico sus ojos habían visto algo que sus reflejos no habían alcanzado a notar, fue demasiado tarde y miro con sorpresa y después bastante fastidio como el otro tomaba la delantera en el marcador ¡Y además se jactaba de ello! Crío idiota.

Estas jugando con algo que no vas a poder controlar después y eso no te conviene- le espetó mientras iba a recoger el balón, se tomó unos segundos para pensar en una estrategia ya que sin duda solo tirar a lo loco no iba a servirle nada, la ventaja era que conocía a su oponente, casi, así que podía tomar varios puntos y usarlos a su favor.

Su mente trabajaba ágil analizando todo a su alrededor, desde la gente que ya había comenzado a incrementarse para verlos jugar, hasta cada parte del cuerpo de Kagami tomando posición. Aomine sonrió, no iba a dejarse ganar. Lanzó el balón bastante alto, saltando casi un segundo después para golpearlo con la palma de su mano y dirigirlo con bastante fuerza hacía el otro lado, había sido un saque bastante elevado, incluso tras pasar la red, lo cual podría parecer una estupidez a sabiendas que él otro era, como bien había dicho, experto en brincar, aunque el moreno había calculado eso e intentó ajustar sus tiros de basket a los golpes de Volleyball, así que justo cuando el otro dio el brinco, uno muy bueno cabe destacar, la pelota perdió parte del impulso y cayó en diagonal aun con fuerza a unos pocos centímetros al costado de los pies de Kagami.

Lo ves, tan solo eres un gatito con complejo de tigre, gruñes pero no rasguñas- le espetó divertido, los espectadores aplaudían o murmuraban cosas sobre la jugada –Además se nota que aún eres un crío, ¿En verdad pides el desayuno en la cama? ¡Já! créeme Bakagami, hay cosas más divertidas y motivos mucho mejores para que yo te lleve a la cama - agregó con una sonrisa ególatra y coqueta.

Joder, vaya que le gustaba jugar con el otro, su corazón estaba latiendo con demasiada rapidez y eso que apenas habían empezado. No podía encontrar las palabras para describir con exactitud todo lo que Taiga le provocaba al jugar juntos, era como si de pronto cada fibra de su ser se sintiera más viva que nunca. Y aunque claramente no era basketball, era un excitante reto para su persona, era tan emocionante que lograba recordarle que estaba hecho para el deporte, más que un hobby o una pasión, era su vida, su mundo. Si le hiciera falta, se sentiría completamente perdido. Necesitaba del deporte, necesitaba de retos. Necesitaba ser mejor. Iba a ser convertirse en el mejor.

Daiki no tuvo que esperar mucho para recibir el contra ataque de Kagami, aunque esta vez estaba listo y alcanzó a salvar la pelota. Poco a poco su cuerpo se fue acostumbrando más al terreno de juego, le costaba trabajo no iba a negarlo y su compañero, igual de inexperto, también resultó ser un duro rival. Tras algunos minutos ambos se encontraban jadeantes y sudados por todo el esfuerzo, además claro de cubiertos de arena debido a las veces que tenían que tirarse al suelo. Sus manos le ardían un poco por dar tantos golpes al balón, rió internamente al pensar en que eso sería un beneficio para su entrenamiento de pelea en la estación de policía. Además descubrió que el Volley requería también de bastante coordinación.

El sol estaba a todo lo que daba. Los saques y pases eran cada vez más fuertes, ambos se pasaban el balón con toda la intención de vencer al otro, la emoción iba en aumento, al igual que los espectadores. El marcador llevaba algunos minutos atascado en un empate 8 a 8 y parecía que se podía cortar con una navaja la tensión por ver quién alcanzaba la marca de los 10  primero. Kagami respondió su golpe con fuerza, Aomine lo recibió y remató con igual potencia, dando un golpe de largo alcance que el otro no pudo alcanzar y que cayó en la esquina dentro de su area. –¡Es mío! - gritó con rudeza dando una fuerte palmada de emoción y rió con ganas al escuchar a Taiga soltar un gran repertorio de maldiciones ingles. Ah sí, las palabras altisonantes también habían ido en aumento.

El público aplaudió emocionado y todos se tomaron un momento para respirar o ir por alguna bebida mientras se hacía el cambio de cancha, puso los lentes sobre su cabeza y con la mirada acordó con Taiga concederse también algunos minutos para recuperar el aliento. Un par de chicas se acercaron para ofrecerles dos botellas de agua y un par de toallas de mano para el sudor, lo cual el moreno agradeció de buena gana pues la maleta con todo se había quedado en la sillas de playa.

Se acercó a Kagami con una sonrisa –Nada mal para ser un mocoso- le concedió y después se quitó los lentes de sol y los limpió antes de ofrecérselos a Taiga –Ten, juego justo- fue lo único que dijo, el chico había estado jugando con bastante luz golpeando a su cara, así que se los prestaba no porque el otro los necesitara, sino porque le apetecía hacerlo, la verdad ayudaban bastante, así que lo hacía de buena gana y con buenas y sinceras intensiones.

Ocupó su lugar en la canchatras asegurarse de que la red siguiera bien sujeta, tomó aire –Cuando quieras- dijo esperando a seguir con el juego.
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Jue Feb 04, 2016 9:42 pm

Deja de amenazarme en vano, Aomine. –respondió al comentario mientras le dedicaba una sonrisa burlona acompañada de una ceja arqueada. Claro que era consciente del reto en el que se estaba metiendo y precisamente por esa razón había aceptado, ¿qué no lo sabía ya? Si hubieran existido palabras para describirlo, éstas se acercarían a que amaba jugar con él.

Ahora que lo pensaba, era extraño. Cuando el chico se llegaba a quedar en su casa se sentía a gusto, aunque no parara de barbotear que tenía hambre a todas horas o que el pelirrojo no contrató el servicio de TV por cable, internet, y oh, claro, la sarta de quejas aumentaba cuando se percataba de que no era poseedor de revistas ‘porno’, un logro del que se jactaba con orgullo; y bueno, las quejas de mocoso seguían y seguían hasta el momento en que tenían que ir a dormir o uno de los dos se tuviese que duchar. En ese instante, Aomine tenía pequeños detalles como preparar la cama para él (aunque quizá se debiera a que era un pervertido…) o el agua caliente. Tsk. Nah. La verdad no era tan bueno. De hecho era sumamente molesto. Mucho. Demasiado. Ahhhh. Demonios. ¿Por qué entonces le gustaba tanto? ¿Acaso tenía un letrero pegado en la frente que dijera “¡Molestame, molestame!”? Ya ni siquiera se entendía a sí mismo.

De vuelta a la realidad. Debía de dejar de soñar despierto o perdería el juego.

Se alistó para rematar el balón y dirigirlo a la otra cancha. Dio un salto lo suficientemente alto como para poder hacerlo, aun así, el balón hizo de las suyas gracias al momentum que Aomine logró y éste terminó azotando contra la arena, produciendo un sonido seco. Abrió los ojos como platos y de inmediato se sintió furioso. ¡Carajo! Eso le pasaba por distraerse pensando en estupideces sentimentales. –¡Cállate, maldito pervertido! –Fue lo último que dijo antes de ponerse verdaderamente serio.

Y así fue. El juego avanzó a medida que el sol cambiaba unos centímetros de posición. Algunas nubes lograban permitirle ver a un Aomine sonriente, lleno de energía e incapaz de renunciar a la idea de ganar. Y de haber tenido un espejo a la mano, sabía que poseía la misma expresión. Eventualmente se acostumbró a la pesadez en los pies debido a la arena, al sudor en su rostro y a los pulmones inhalar y exhalar aire aunado a su corazón latiendo demasiado rápido. Eran prueba física de que lo estaba dando todo aunque no fuese el deporte que profesaba, y sin embargo, la intensidad del juego le cobraba factura.

Afortunadamente, seguían empatados: 8 – 8 puntos cada quién y ninguno parecía ceder ante la presión del otro. La cara interior de sus brazos estaba ligeramente sonrosada y tenía un poco de arena pegada a las partes bajas de su cuerpo, todo porque saltaba demasiado alto para impedirle anotar otro punto, o bien, porque se lanzaba al suelo blando con tal de rematar al balón.

De pronto, el juego se puso aún más interesante: a dos puntos de terminar el set, decidió terminar eso pronto, así que golpeó el balón con más fuerza de la esperada, pero, las malditas leyes de la física obligaron a Aomine a agilizar su remate, por tanto, fue como haberse echado la soga al cuello. Cuando vislumbró el balón regresar a su lado de la cancha no pudo detenerlo y terminó cayendo en la esquina seguido de un grito de victoria por parte del chico. Un oleaje de emociones sin sentido se propagó en forma de maldiciones en inglés que esperaba el otro no entendiera, pero claro, al menos podría adivinar el tono y las múltiples amenazas que le gritaba por ser tan vil y reírse en su propia cara. Pero bueno, no podía hacer nada más que obligarse a ganar el siguiente set.

Se tomaron unos minutos para descansar debido al agotamiento físico. Curiosamente, unas chicas se les acercaron y les procuraron un par de botellas de agua y toallas con las cuales limpiarse el sudor. Ambas lucían bellos trajes de baño que destacaban la redondez de sus pechos y las curvas de sus caderas. Ugh. ¿En qué demonios estaba pensando? Tomó el regalo y ocultando su sonrojo fue a apoyarse de espaldas a uno de los postes en que estaba amarrada la red. Tomó agua poco a poco para hidratarse satisfactoriamente y relajó un poco sus músculos. Deseó poder aguantar un poco más, aunque el clima estaba haciendo mella en su cuerpo, dejándolo ligeramente rojizo en los hombros y en la cara. “Demonios, Taiga, debiste haberte puesto un bloqueador. Siempre que estás con él pierdes la cabeza y no puedes pensar en las consecuencias de lo que haces” , se regañó a sí mismo.

Al cambio de cancha, el moreno se le acercó, sonriendo gracias a la ventaja que había ganado y aunque de primera instancia presintió que vendría a burlarse más de él, hizo todo lo contrario: le concedió los lentes de sol. Iba a protestar y mentir que no los necesitaba pero resultaba obvio que sólo lo haría por su orgullo y de nada servía someterse a otros rigurosos minutos debajo del sol, luchando por salvar un balón. Hasta eso, no era tan diferente del basket, en el cual a veces tenía que hacer de centro y proteger la zona de defensa, pero en ese instante eran 5 jugadores en el equipo y no uno solo. Y no se estaba quejando, es que sencillamente su mente estaba mucho más concentrada en Aomine y eso, aunque le costaba admitirlo, lo ponía de malas pues si se descuidaba un solo segundo el otro ya estaría aprovechándose de dicha ventaja.

Esta vez no vas a poder ganarme –declaró.

Ahora, con una mejor vista desde el otro lado de la cancha pudo entender el por qué el otro había ganado con facilidad. Su campo de visión era amplio y no tenía al sol golpeándole el rostro como si no hubiera mañana. El público formaba una pared detrás suyo que le permitía concentrarse en el juego en lugar de tener un montón de locales con artículos que reflejaban el brillo de los rayos del sol dependiendo su ubicación. Esta vez sería pan comido.

Saltó de nueva cuenta y sacó con mayor facilidad. Era una sensación parecida a entrar en la Zona cuando jugaban basket, pero era sutilmente diferente. Sus sentidos estaban únicamente enfocados en Aomine y en cómo vencerlo. Su agilidad se incrementó, su rapidez aumentó considerablemente y su fuerza al sacar se duplicó. Al recibir el balón entre los brazos o al rematar cerca de la red, podía sentir cómo su cuerpo vibraba de emoción por lo cual soltó una carcajada. Su ánimo de lucha y sus sed de victoria se apoderaron de él e hizo que el score fuera a favor suyo con un 18 – 14 puntos.

¿Qué pasa? ¿Te acabas de dar cuenta que soy mejor que tú y decidiste rendirte? ¡Vamos, sigue luchando, Aho! –podía ver el rostro de Daiki fruncirse y de haber tenido oportunidad, seguro recibiría una paliza, pero parecía contenerse y sólo desahogarse por medio del juego. Perfecto. No iba a ceder ni un ápice. Este juego era suyo.
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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Vie Feb 05, 2016 12:51 am

Aomine frunció el ceño mientras se tomaba unos segundos para servir el balón, durante los ultimas jugadas había tenido que entrecerrar los ojos para hacer sus lanzamientos y responder los ataques del pelirrojo, sin duda estar de ese lado de la cancha era una odiosa desventaja, el sol le daba directo a los ojos, el resplandor de los locales y demás cacharros a la venta no ayudaba en nada, y aunque sabía que el chico contra quien jugaba no era débil, había que admitir que tales condiciones eran una considerable desventaja. Se maldecía, no podía evitar hacerlo.

El moreno, a pesar de, no se arrepentía de haberle dado los lentes de sol, a decir verdad, le sentaban bastante bien a Kagami, hacían que sus facciones lucieran aún más atractivas y seductoras. Lo único que no le gustaba, era que no podía mirarlo tan abiertamente como quisiera o se estaría dejando al descubierto, eso, y que tampoco era capaz de verlo a los ojos y notar con toda claridad esa expresión de furia competitiva en sus pupilas. No la veía, oh pero vaya que podía sentirla, casi le pareció como si le dirigiera pequeñas descargas eléctricas que lo provocaban a ir más lejos, por un segundo pensó incluso que el chico había entrado en la zona, pero descartó la idea, de igual forma podía sentirlo, era algo similar pero sin duda alguna con mucha menos intensidad.

“¡Maldito Taiga, maldito sol y maldita sea todo lo demás!” Fueron los pensamientos que se arremolinaban en su mente mientras iba a tomar el balón después de que el otro se hubiera echado a la bolsa un par de puntos más y se encargara también de restregarle en la cara la creciente ventaja que ahora llevaba –Tks…cierra la boca tonto- se quejó en voz baja. No estaba molesto, oh no, estaba furioso, odiaba no tener el control del juego y con sinceridad tenía unas enormes ganas de acercarse al muchacho y darle un fuerte golpe para que cerrara la boca o… un beso, quizá. ¡Carajo! Ya ni sabía lo que estaba pensando. Resopló con molestia y gruñó de mala gana, dejándose llevar por toda esa energía y por todo ese enojo para rematar el balón con fuerza y precisión. No podía perder, odiaba perder y en específico odiaba perder contra Taiga.

El tema de las derrotas era para él algo delicado, quizá decir que odiaba perder contra Taiga era demasiado, la palabra odiar era muy fuerte, pero no encontraba como explicar el sentimiento que le provocaba.  No es que fuera un mal perdedor, en el fondo, Daiki admitía que era algo bueno perder contra el pelirrojo ya que lo orillaba a ser mejor, no le gustaba obvio, en especial porque ambos eran demasiado competitivos y tercos, pero admitía que lo ayudaba a esforzarse el doble para no volverle a permitir ni un mínimo espacio de ventaja. Sin embargo, era una sensación bastante desagradable.

Se centró de nuevo en el juego, más emocionado que antes. Vio el balon pasar limpiamente sobre la red hacía su lado de la cancha, se dejó guiar por los instintos y se lanzó a su izquierda para poder rescatar la pelota y prepararse para rematarla –¡Ya me tienes hastiado Kagami! - le gritó con tal enojo que incluso varios de los espectadores se sorprendieron, aunque para ellos era bastante normal, parte de la emoción de su juego, la manera en que sobrellevaban las cosas. Le dio un golpe enérgico a la pelota y la lanzó del otro lado con demasiada potencia, el balón pasó por un lado de la cabeza de Taiga, prácticamente rozándole la oreja antes de estrellarse en el suelo hundiéndose en la arena. Aomine respiró agitado, eso ponía el marcador 18-16, aún estaba atrás pero no iba tolerarlo por más tiempo.

Daiki observó a Taiga con cuidado, no estaba seguro de si le había herido o no parte de la oreja al momento de hacer su tiro, obviamente lastimarlo no había sido ni era su intención, así que se preocupó un poco. También notó que las mejillas del chico estaban enrojecidas por el sol al igual que sus hombros, ugh pero que tonto, de seguro no se había preocupado por cuidar su piel, en cuanto terminara el partido se aseguraría de ponerle algo que comenzara a aliviarle las quemaduras o en la noche no iba a poder moverse. Sus ojos recorrieron con discreción la figura de su compañero mientras iba por el balón, sus músculos estaban contraídos debido al esfuerzo y el sudor le recorría un poco por el torso, intentó no pasar saliva y desvió la mirada, no podía distraerse de esa forma.

Sin embargo, mientas lo miraba, se preguntó por un momento que clase de cosas les depararía el futuro, por ahora ambos jugaban en el equipo de la universidad, pero ¿Y después? Aomine tuvo la sensación de que tarde o temprano terminarían separándose, en lo que al basketball se refería claro, ambos deseaban ser los mejores del mundo, su sed de triunfo tarde o temprano iba a hacer que tomasen caminos en quipos diferentes y estaba más que seguro que también iban a tener que enfrentarse el uno al otro en múltiples ocasiones. Le emocionaba no iba a negarlo, Daiki estaba consciente de que ambos iban a estar entre el top 3 de los mejores del mundo, luchando incesablemente por conseguir el puesto número uno. También le asustaba, había cosas y temores de su pasado que aún lo perseguían ¿Y si se rendía? ¿Qué iba pasar si Taiga dejaba de luchar? O si él mismo dejaba de intentarlo, sí la monotonía llegaba de nuevo a su vida como una bestia silenciosa. Pensó también sus sentimientos cada vez más fuertes hacia el pelirrojo, también estaba poniendo en juego eso. Sintió un escalofrío de preocupación y por un segundo le temblaron las manos con nerviosismo, respiró entrecortadamente, esa era una sensación que no le gustaba sentir.

Entonces, fijó sus ojos en Taiga, grabó en su memoria esa expresión, de cansancio y fastidio, pero al mismo tiempo de ansia y perseverancia. Sonrió desechando todos los malos pensamientos de su cabeza. No podía pensar así, no podía ni quería vivir de nuevo en el conformismo. Si, tarde o temprano iban a tener que enfrentarse, pero estaba seguro que eso no los iba a derrumbar. Aomine Daiki estaba seguro de que eso iba a unirlos, los haría más fuertes. Buscarían cumplir sus sueños, quizá hasta después terminaran jugando de nuevo en el mismo equipo. Fuera como fuese, no iba a dejar que la inseguridad se apoderara de él. Ni del amor al deporte, ni de sus ganas de mantener a Kagami como parte de su vida.

Su distracción por poco y le sale cara, se regañó mentalmente mientras corría y alcanzaba casi casi por buena suerte la pelota que estaba a punto de estrellarse en su zona, tuvo que arrojarse a la arena dándose una fuerte arrastrada y consiguió apenas unos segundos para ponerse de rodillas y pasarla al otro lado en un golpe suave que sabía que al otro no iba a costarle devolver. ¡Pero que tonto! lo más veloz que pudo se puso en pie y centró su atención y fuerza en el partido, sentía como toda la energía fluía por la sangre en sus venas. La presión era mucha, a cómo iba la puntuación, estaban prácticamente a un empate o a un triunfo. Pasaron cinco minutos, diez, quince y nada.

Los ataques de Kagami eran igual de fuertes que su propia defensa, estaban jugando prácticamente todo o nada, si empataban Aomine apenas tendría unos momentos para llevarse la victoria, lo sabía, y si bajaba la guardia el otro estaba prácticamente a punto de ganarle. Los gritos de la gente eran casi ensordecedores, parecía que toda la playa se había reunido ahora solo para verlos. Su respiración era agitada, podía sentir su corazón latirle en los oídos.

Con todos sentidos atentos, remató el balón hacía Kagamí, lo miró y predijo su movimiento, se apegó a la red dispuesto a ponerle una barrera, se preparó y entonces, en menos de un segundo supo que se había equivocado, saltó para ponerle la barrera, pero su compañero, con habilidad, cambió la jugada y remató el balón más lejos de lo que Daiki había previsto, lo suficiente para pasarle por encima de sus manos y caer con fuerza detrás de él con un golpe seco.

Hubo un segundo de silencio, de emoción contenida, y después, un grito atronador por parte de la multitud, que vitoreaba a todo pulmón el tremendo desenlace de la partida. Aomine se quedó de pie incrédulo y mirando Kagami a través de la red, parecía que ninguno de los dos podía creerlo, frunció el ceño, pero al final le sonrió – ¿No me dejarás olvidar esto jamás verdad? - dijo con simpleza cruzándose de brazos, aunque le jodía, el otro le había ganado justamente así que lo dejó disfrutar de su victoria.

Momentos después varios se acercaron a felicitarlos, a ambos, incluidas las chicas de antes que, para su muy poco deleite, se lanzaron a abrazar a Kagami y a besarlo en las mejillas mientras que palmadas en la espalda y felicitaciones llovían por doquier. Aomine se sintió mareado de repente, demasiada gente, demasiadas voces, joder no lo dejaban si quiera pensar en el sabor de su derrota y apenas podía ver a Taiga entre la multitud. De pronto, entre tanto alboroto recordó la promesa que se había hecho a sí mismo sobre dejar las cosas en claro, ponerle nombre y apellido a su relación. Era el momento perfecto, aun sentía la emoción correrle por las venas lo cual le daba valor y lo hacía olvidarse de lo estúpido que podría llegar a verse. Joder era ahora o nunca, iba a hacerlo, en verdad iba a hacerlo, pero había tanta maldita gente que no podía si quiera acercarse.

¡Con un demonio quítense!- gritó, ya habían colmado su paciencia, con paso firme y dando un par de bruscos empujones se abrío paso entre el gentío, su enojo había desbordado el limite, asi que, con furia y fuego en la mirada se acercó al pelirrojo y sin importarle nada, le dio un beso corto pero firme. Le quitó los lentes y los arrojó al suelo.

¡Mírame!- le dijo con seriedad –Maldita sea Taiga. Quiero que solo me mires a mi ¿Me entiendes?- bueno... eso no había salido como lo tenia planeado pero ya era algo ¿No?
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Jue Mar 17, 2016 10:55 pm

No podía evitar sentir goce al percatarse de que su contrincante estaba perdiendo y rápidamente. Las condiciones no eran óptimas, se dijo, y por un momento sintió una pizca de remordimiento, pero en dado caso, intentó justificarse, el moreno le había dado los lentes de sol así que no tenía derecho a quejarse. De alguna forma estaban igual. Eso sí, le gustaba molestarlo con su trash-talk porque cuando el chico fruncía el ceño y maldecía se veía jodidamente sexy. Y por supuesto, le llenaba de alegría saberse ganador de un partido que el otro hubo iniciado. O al menos, hasta que le gritó. De verdad estaba molesto, tanto que si sus reflejos no hubiesen estado preparados para un ataque así, le hubiera dado un buen golpe a la cara.

Pero contrario a una reacción que se esperaría del tigre, mitigó su ira. Ver a Aomine así de enojado lo obligaba a calmarse. Su pecho se agitó un momento, Kagami se contuvo para no cruzar la red y partirle la cara allí mismo. El público también mostró su descontento escupiendo indignación y maldiciones contra el moreno, así que se volteó hacia ellos y tras retirarse los lentes del rostro, les dirigió una mirada que podría apagar los mil infiernos si alguien volvía a entrometerse en su partido. Lo último que deseaba era que su chico… bueno, su amigo, explotase y empezara a golpear gente. Entonces sería un cuento de nunca terminar.

Tras haber hecho uso de razón, se volteó hacia Aomine y le sonrió ampliamente para tratar de aligerar su carga y no precisamente para molestarlo. De nuevo podía verlo en toda su extensión así que simplemente se dejó llevar. Se palmeó los hombros, un tanto rojos por no usar bloqueador solar y recogió el balón. –Deja de comerme con la mirada. –susurró para él, que lo veía como si fuera un trozo de carne a punto de ser engullido. Casi se echa a reír allí mismo. ¿Quién imaginaría que aún en ese estado el moreno estuviera pensando en “ese tipo de cosas”? De veras que no tenía remedio, pero lejos de incomodarle, un sutil sonrojo, acompañado de las consecuencias de estar al sol mucho rato, se quedó en su rostro.

Mientras saltaba y le pegaba al balón un montón de pensamientos recorrieron su mente y se aferraron a una idea que parecía de colegiala: ojalá pudiera jugar con él durante el resto de su vida… Aomine Daiki era un oponente con un talento inigualable, y pese a que en ocasiones era un vago que no se presentaba en los entrenamientos o que ignoraba a su entrenador, nadie podía quejarse de los resultados que presentaba al final del día. Como persona era un haragán que venía a su casa a comer de a gratis, pero también era quien le llamaba cuando había peligro o quien le abrazaba por la espalda sin decir palabra. Daiki ayudaba a la gente que lo rodeaba sin querer adornarse ni pavonearse, y muy en el fondo era un mocoso que no sabía pasar tiempo a solas porque entonces su imaginación volaba bien lejos y terminaba deprimido. Vaya que era todo un caso. Viéndolo en frío, ambos estaban luchando por alcanzar un mismo sueño, y sí, llegaría el momento en el que tendrían que enfrentarse, pero estaba seguro de que como contrincantes podían desarrollar sus habilidades aún más de lo que hoy alcanzaban. Uno era el motor del otro y no estaba en su decisión negarlo pues sería contraproducente. Más bien, pensaba, era cuestión de aprovechar el potencial de ambos y explotarlo hasta dejar una pieza de arte bien pulida.

En fin, los minutos corrieron apresurados como arena entre las manos y pese a que la presión no bajó en ningún momento, su cuerpo y el del moreno ya sufrían los estragos de jugar tanto tiempo con la misma intensidad. El sudor corría por todo su cuerpo y su agilidad se veía mermada, pero era su orgullo el que le impedía echarse en la arena y no saber nada más. No le importaba que el público pasara de estar en silencio a rugir como animales salvajes. De momento unos apoyaban al chico para después pasarse al lado del pelirrojo y así sucesivamente. Ya estaba cansado. Tenía hambre y quería terminar con esto de una buena vez. Volteó a ver el marcador y con un simple error, le ganaría.

Se pasó la mano por el cabello y la frente para eliminar el sudor y se acercó rápidamente a la red para que, en cuanto tuviera oportunidad de rematar, lo haría con todas sus fuerzas. De pronto allí estaba la oportunidad que buscaba: una brecha que definitivamente no iba a ignorar. Lanzó un grito ensordecedor al instante en que corría hacia la red, saltaba y golpeaba el balón lejos del alcance de Aomine, dejando a todo el mundo callado. “¿De verdad acabo de ganar?” era la pregunta colectiva. Ni siquiera podía creerlo.

La gente corrió a celebrar una victoria que había dejado anonadado a más de uno. Entonces Aomine murmuró unas palabras que escuchó perfectamente aunque ya muchos gritaban sus felicitaciones y le estrechaban como si fueran conocidos de toda la vida. Aquella oración le supo sumamente amarga: “No me dejarás olvidar esto jamás, ¿verdad?”. Hey, no. Verlo con esa expresión en el rostro le oprimía el corazón. Mirarlo tan apagado y con los hombros encorvados que señalaban el peso de la derrota era como un golpe directo al estómago. Claro que estaba sumamente feliz de haberle ganado pero se sentía mal, incorrecto, o al menos eso le pareció en aquel instante.

Incómodo entre tantas personas desconocidas que le abrazaban, le tocaban la espalda o le besaban el rostro, no supo a dónde meterse o dónde huir. La victoria le incomodaba porque no estaba acostumbrado a recibir tantos elogios y pese a que dio su mejor esfuerzo por hacerlo justo, se sentía sucio, un maldito tramposo que se había aprovechado de su debilidad. Un par de flashes nublaron su vista ya que no faltaba el imbécil que quería la foto del recuerdo con el jugador y aunque sonrió para las memorias digitales y videos, no podía deshacerse del mal sabor.

Lo único que deseaba en ese momento era que Daiki y él siguieran con su cita. Tanta atención por parte de los demás turistas le hacía perder el control. Empezó a sentirse mareado. Buscó a Aomine entre la multitud pero no lo encontró. Alguien le devolvió sus lentes. Se los puso enseguida, dispuesto a alejarse de todo ese amor efímero y artificial. Entonces pasó. El chico quizá se había percatado de su incomodidad y molesto, empujó a un montón de personas hasta llegar a él. Le sonrió brevemente en respuesta al alivio que produjo su brusquedad. Por un segundo pensó que Aomine sería perfecto para seguridad personal y no precisamente colectiva. Tenía esa actitud de partirle la cara a cualquiera que se le acercase. Demonios, de poder hacerlo, lo besaría allí mismo. Y cuan lector de mentes, jaló al pelirrojo hacia él y le besó, concediéndole su deseo. Sus ojos se abrieron como platos y pese a que no tuvo ni tiempo de corresponderle, tampoco hizo nada para rechazarlo frente a todos, lo cual sería lo normal ¿no es así?

Frunció el ceño y se apartó un paso tras oír aquella imposición. ¿Qué lo viera sólo a él? Carajo, si ya lo hacía. ¿No era obvio? Suspiraba como maldito imbécil cuando anhelaba estar a su lado, le preparaba la comida esperando a que su estómago de velociraptor se saciase, carajo, si ya hasta habían compartido la cama y se habían besado todo el cuerpo. ¿Qué no era suficiente para él? Pero de sus labios no brotó ni una sola palabra, ningún reproche.

De momento eran muchas emociones dentro de su pecho y no sabía cómo liberarlas, no tenía idea de cómo callar a la gente que ahora protestaba o vitoreaban porque se habían besado. En serio ya no entendía nada. Cubrió su rostro como cuando uno quiere alejar las lágrimas y la desesperación, pero lejos de haberse dejado llevar por sus emociones, cuando lo descubrió estaba sonriendo ampliamente. De nuevo ocupaba toda su energía para tranquilizarse al verlo tan molesto, ya que de no hacerlo, estaba seguro de que lo lastimaría gravemente y no de una manera física.

Vámonos. –lo tomó de la mano con firmeza y sintiéndose el hombre más fuerte y capaz del mundo, abrió paso entre la gente con Aomine siguiéndole de cerca. Volteó a verlo y sin soltarlo en ningún momento le dijo–: Corre. –Fue la única indicación que pudo darle. Estaba cansado y sus pasos eran lentos en la arena pero era la única forma de alejarse de allí sin tener que dar explicaciones a desconocidos; aún debían mantener su reputación como jugadores profesionales de basketball. De pronto una risa genuina brotó de sus pulmones y no la contuvo en absoluto. Corrió con el chico hacia el oleaje y le invitó en silencio a que se metieran de nuevo al agua que parecía invitarlos con el brillo del sol rompiendo el vaivén de las olas.

La frescura del mar mitigó todas sus dudas y le tranquilizó como tanto lo necesitaba, era como si un viejo amigo le abrazara y le dijera que todo iba a estar bien, sólo debía dejarse llevar. Kagami nadó unos cuantos metros lejos de la orilla, asegurándose de que nadie estuviera cerca más que el moreno. Entonces tomó mucho aire con los pulmones cansados pero renovados de energía y júbilo y se sumergió en el agua y jaló a Aomine consigo para que hiciera lo mismo. Se acercó todavía más a él ya que no podía abrir los ojos por la salinidad, pero como pudo, tomó su rostro y le besó debajo del agua. Sólo había pegado sus labios con los ajenos pero se sentía de maravilla. El oxígeno se le acabó y volvió a la superficie sin soltarlo, de hecho, lo abrazó con fuerza, presa de su felicidad.

Tenía tantas cosas qué decirle y aclararle pero lo único que pudo decir fue un bien entonado y alegre–: Te gané. –esta vez sabía bien. Esto era lo correcto. Le pasó una mano por la mejilla y volvió a besarlo en los labios. –Te veo. –murmuró segundos después contra su oído. – Sólo te veo a ti. –se mordió los labios pues la vergüenza lo embargaba, por eso no podía decírselo a la cara, no cuando su corazón latía desbocado y lo único que deseaba hacer era envolverlo con todo su ser y no dejarlo ir nunca más.

Era egoísta, estaba seguro, pero no quería que Aomine sonriera de esa forma tan jodidamente linda para nadie más. Sin embargo, no entraba en sus planes formar una familia, tener hijos o ese tipo de cosas. Sencillamente, en este momento de su vida, deseaba permanecer a su lado como una pareja y no sólo como amigos que intiman de vez en cuando. – Aomine. Sal conmigo, por favor. –No le gustó cómo sonaba así que lo replanteó, poniéndose serio frente a él y tomándolo de una mano, por si intentaba escapar él… o el pelirrojo. – Aomine Daiki, por favor, sé mi novio. –le dijo nítidamente mientras luchaba con la emoción que llenaba su cuerpo, agitaba su corazón, apretaba sus pulmones y le hacía temblar. Estaba nervioso, ansioso por escuchar la respuesta, aunque en el fondo de su corazón ya la conocía.

A veces ser valiente es dar tu propia vida en pos de una causa más grande que tú. Otras, lo es enfrentarte a una realidad que parece estrujarte con todas sus fuerzas. Y muy pocas veces, ser valiente significa arriesgarte por tus sueños, por la persona que quieres. Taiga se contaba orgullosamente entre los últimos.
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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Mar Mar 22, 2016 11:50 pm

“Nada”. A veces parece increíble como una palabra cuyo significado literal es prácticamente nulo puede ser el todo para alguien, sorprende como es que tiene la capacidad de destruir el mundo para una persona. El todo para él. Claro, no es como si esperara una larga letanía de palabras de amor, lágrimas y abrazos apretados, a decir verdad, tras soltar semejantes palabras, Aomine se imaginaba un golpe, una palabrota e incluso una risa sardónica, pero Kagami no había dicho ni hecho nada. Mentira, claro que había hecho algo, el pelirrojo se había apartado de él, eso había sido peor, mucho, mucho peor.

El moreno tragó saliva mientras intentaba con todas sus fuerzas buscar la manera de salvar la situación, pero ¿Qué podía hacer? ¿Reírse y fingir que había sido broma? ¿Darle un golpe amistoso? Quizá podría volver a besarlo ya que no le molestaba la idea. No. La había cagado y punto. Así que ahora solo le restaba poner en su rostro aquella clásica expresión de desinterés, aún a sabiendas de que el chico frente a él podría atravesarla con estúpida facilidad, recoger su dignidad y seguir como si nada hubiese pasado. Sí, eso haría.

Aunque ahora que lo pensaba bien ¿Por qué demonios tenía que ser el afectado? Sí, le había dicho que quería que solo tuviera ojos para él, pero eso no significaba que quería quitarle su libertad ¿Acaso eso era lo que él otro había entendido? Frunció el ceño, obviamente no quería atarlo a su persona, no esperaba que ambos vivieran el final de cuento feliz y radiante viviendo en un castillo y formando una familia encantadora, demonios claro que no. Con esfuerzos y sabía que rayos iba a hacer mañana con su propia existencia como para pensar en futuro tan lejano junto a alguien. No, pero lo que si quería, era esa unión, ese estar juntos y compartir los días, si, si, ya lo hacían claro, pero quería que fuera algo formal, algo que no se quedara en encuentros casuales, visitas no deseadas, besos robados llenos de cargas e inseguridades ¡A eso se refería! Aomine quería que Taiga tuviera ojos solo para él, como él mismo solo tenía ojos para el pelirrojo ¿Qué acaso era tan difícil de entender? Todo indicaba que sí, pues el otro seguía parado frente a él mientras la gente se dividía entre vítores y murmullos de incomoda sorpresa.

O quizá era que…

Aomine se mordió el labio con fuerza hasta que sintió el sabor metálico de su propia sangre ¿Y si el problema era eso precisamente? ¿Y si Taiga no quería mirarlo solo a él? Su frustración y su enojo rápidamente se transformaron en una horrible desazón. Y aunque una parte de si se decía que eso era una tontería, por unos segundos la irrealidad de esa dolorosa verdad le cayó de golpe directo al pecho y sintió que su corazón era una carga demasiado pesada. ¿Podría continuar con una relación así? ¿Una que prácticamente terminaría yéndose al carajo? No, sería demasiado doloroso, no solo para él, para ambos.

Cerró los ojos e intentó sacar todas esas chaquetas mentales de su cabeza, Daiki tomó aire y lo soltó despacio, estaba por dar media vuelta a irse cuando sintió un repentino enganche en su mano, por instinto bajó la mirada y se encontró con el firme agarre de Taiga contra su piel y segundos después se vio siendo jalado por el chico quien con firme decisión se abría camino. Pensó tontamente en lo atractivo que debía verse con el uniforme de bombero abriéndose paso para hacer su trabajo. Lo miró con confusión – ¿Qué? - preguntó tras oír la orden, pero antes si quiera de obtener respuesta o procesar la palabra se hallaba corriendo unos pasos detrás del chico aun sujeto a su mano. Sus pies se hundían en la arena y su cabeza le daba vueltas, sentía que iba a desmayarse en cualquier momento y ya no sabía si era por culpa del calor y el cansancio o por culpa de Taiga y todas sus emociones. Daiki no dijo nada y le siguió, en esa involuntaria y ligera carrera rumbo al el océano.

¡¿Pero qué clase de cursilería era esa?!  ¿Qué rayos con la huida mano a mano al mar y el corazón acelerado? Y a pesar de, no podía ni quería soltarlo. Joder, joder, joder. Lo escuchó reír. Se sonrojó. Y las olas rozaron sus pies haciendo más lento su avance, pero sin detenerlo –Demonios- murmuró por lo bajo, no entendía que estaba pasando –Oye ¿Estás loco? Dime que rayos te pasa, joder Taiga primero te apartas y después decides que huyamos juntos, No te entiendo con una mie…- no terminó su queja pues de nueva cuenta se vio arrastrado por el otro esta vez bajo el agua, apenas tuvo tiempo tomar aire antes de sumergirse, oxigeno que por poco y se le agota ante la sorpresa de aquel beso, salado y fresco. Abrió los ojos con sorpresa, mala idea, la sal le irritó al instante y se vio obligado a cerrarlos y a dejarse únicamente sentir. Maravilloso, eso era todo, maravilloso.

Tosió un poco una vez que salieron, se talló los ojos buscando sosegar la irritación previa y después centró su mirada en taiga –¡¿Qué?! - ¿Era enserio? ¿Tanto solo para eso? ¿Solo recordarle su victoria? Frunció el ceño ”Ya está, me largo” pensó y dispuesto a darse la vuelta y nadar de vuelta a la orilla, se paralizó por la caricia en su mejilla y el beso. Entonces llegaron las palabras, simples y directas. Lo miró incrédulo y sintió un brinco en el estómago al ver en los ojos rojizos del chico la vergüenza mezclada con la sinceridad. Ahora fue él quien se quedó en blanco, incapaz de decir algo. Definitivamente ya no sabía si todo era real o un loco sueño del que por alguna razón no podía despertar.

Oh, pero no se detuvo ahí, oh no, sus ojos azules aun incrédulos se posaron en los labios de Kagami, como si con eso pudiera ayudarse a dar validez a las palabras y sonidos que llegaban hasta sus oídos. “Novio” aquella palabra se repetía con fuerza en su cabeza acelerando al mismo tiempo su corazón, un escalofrío le recorrió el cuerpo y sus hombros y manos temblaron ligeramente, quería huir, pero deseaba quedarse. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras se atascaron en su garganta, Tenía ganas de golpearlo, de besarlo y de volverlo a golpear, de ahogarlo en el agua salada, de ahogarse con él, ganas de reír y de gritar y de mandar el mundo al demonio con tal de besarlo y de estar a su lado. Y aun así se encontró incapacitado para expresarlo.

Se soltó de la mano de Taiga y suspiró, se cruzó de brazos– Si te digo que si ¿Me liberas de pagar la apuesta? - respondió, pero antes de que el otro pudiera reclamarle algo, le sonrió cálidamente, en un gesto cargado de cariño, una sonrisa que única y exclusiva de Taiga, se inclinó a besarlo, lento, grabando en su mente la forma de esos esos labios, su calidez e incluso el sabor salado por culpa del agua, quería retener todo ese momento en su memoria, quería asegurarse de tenerlo siempre ahí, tan nítido como le fuera posible. Soltó una suave risa aun pegado a esa boca y después se apartó y recargó su frente en el hombro del chico, suspiró de nuevo buscando calmarse –Si- dijo en voz tenue, asegurándose de que esa palabra fuera recibida solo por Kagami, se quedó unos momentos más recargado contra el chico. Después, Aomine lo miró a los ojos.

Claro que quiero salir contigo y ser tu novio y mirarte solo a tí– le afirmó expresando sus palabras con fuerza y seguridad, no como una promesa, no, más bien como un acuerdo. Un acuerdo sellado entre ambos en el que sin necesidad de más le aseguraba un “Mientras tú me mires, yo te miraré.”  Y por ahora eso era suficiente.

Le tomó un par de minutos calmar su corazón, terminar de entender lo que estaba pasando y si, borrar esa sonrisa de idiota de su rostro, aunque la felicidad de su pecho no se esfumó y tuvo el presentimiento, y el deseo, de que no se esfumara pronto, se apartó un poco del pelirrojo permitiendo así que ambos recuperaran un poco de espacio personal, pues sabía quera vital para ambos –Fue un buen juego y lo ganaste justamente así que cumpliré mi parte de la apuesta, otro día tendremos la revancha - le dijo con calma, una sincera felicitación, enseguida le sonrió burlonamente –Con algunas condiciones claro, pero de eso hablaremos después - finalizó y le guiñó un ojo.

Se hizo sombra en los ojos con una de sus manos, recién se daba cuenta que sus lentes se habían perdido en algún momento, le molestó, pero no lo suficiente como para arruinarle el día, pocas cosas podrían arruinarle el día. Miró hacia la playa –Parece que la gente al fin se ha dispersado, esperemos que ya se les haya pasado un poco  toda la emoción o no nos dejarán tranquilos, Tks… quizá tengamos que mover nuestras cosas - habló y después se giró de nuevo para ver a su novio, novio, que bien le sabía la palabra. Aunque frunció el ceño al ver cuán rojiza estaba la piel de los hombros y parte de las mejillas de Taiga – ¿Acaso te pusiste algo de bloqueador? Eres un despistado, va a dolerte en la noche y no vas a poder ni dormir - lo regañó con el ceño fruncido y después resopló con resignación y nadó acercándosele.

Te pondré un poco de loción de lidocaína en cuanto salgamos, bueno que siempre cargo con eso en la maleta cada que vengo a la playa a entrenar y a nadar - se inclinó y besó apenas en un roce el hombro izquierdo del chico, dejando sus labios en la zona por unos segundos extras, después subió despacio rozando su nariz por el cuello y depositó otro corto beso ahí, continuó su camino pasando por su oreja y su mejilla hasta llegar a sus labios, escasos milímetros los separaban de un roce, sin embargo solo le sonrió y le arrojó un poco de agua antes de alejarse nadando.

Anda ven aquí, leí que detrás de esas rocas se forman charcas marinas cuando baja la marea, vamos a ver si hay peces y cangrejos - le dijo comenzando a nadar rumbo al lugar señalado. De primera porque en verdad quería ver si encontraban algo interesante y de segunda porque aún no quería salir del agua, quería un rato más a solas con el chico antes de volver a toda esa algarabía de la playa. Aprovechando que le daba espalda se tomó la libertad de sonreír mucho y con amplitud, dejando que todos esos esos sentimientos de dicha le llenaran. Las cosas no habían salido como lo esperaba, y menos aún como en sus noches de ocio se había atrevido a imaginar o a soñar. Pero había sido perfecto.

Ahora ante él se encontraba una puerta, una puerta que no sabía que antes estaba ahí, una puerta tras la cual se escondían nuevos miedos, una que quizá lo llevara a buscar entenderse y entender al otro, a largas peleas y maravillosas reconciliaciones, a lo desconocido de una relación, pero si para ser feliz debía atravesarla, lo haría, aceptaría el riesgo a ser herido, porque en el fondo valdría la pena, él iba a hacer que valiera la pena. Después de todo quería a Taiga y no solo eso, también quería estar con él.
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Taiga Kagami

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Lun Abr 11, 2016 9:27 pm

De haber podido, se hubiera echado a llorar en ese mismo instante. Sentimientos complejos de duda, expectación, nervios, emoción, cariño, preocupación y demás se arremolinaron en su pecho produciéndole un dolor, pero vaya que era curiosa la situación, ya que al parecer Aomine experimentaba lo mismo en diferentes etapas y su rostro era viva prueba de ello. “Al menos no soy el único” se tranquilizó a sí mismo. –Pffff. Eres idiota. –El comentario le había sacado una carcajada que fue desvaneciéndose en el aire pues la sonrisa del moreno le deslumbró. Dios, en serio que le gustaba esa sonrisa.

Una calidez se instaló en todo su cuerpo y fue como si los ruidos del exterior pronto callaran para recibirlo únicamente a él. Correspondió a su beso con la misma intención de hacerlo duradero, lento y significativo. No importaba si gotas de agua salina corrían por su torso produciéndole cosquillas, o si sus labios sabían salados, él quería probar todo de Daiki y, absorto en aquella sensación, apenas y pudo escucharlo. Una única palabra, sin florituras ni adornos, directa, simple, sorprendente. De tanta felicidad creía que iba a explotar pero lo único que pudo hacer fue reírse y sonreír tan amplio que le dolieron las mejillas. “Podría echarme a llorar en este momento” pensó de nueva cuenta, sin embargo, en esta ocasión no sollozaría desconsolado.

Un momento después, tal vez para oxigenarse, el chico… no, su chico, le felicitaba y prometía una revancha a la que ya estaba apuntado. –Tienes razón. –se sentía un poco mal por haber huido tan así de repente pero se recordó que había sido necesario. –¿Eh? ¿Quién tiene tiempo para esas cosas? –se excusó de mala gana, aunque secretamente pensaba en lo mismo. No quería ni pensar cómo terminaría su dermis si se asoleaba durante más tiempo. –Yeah, talk medical to me. –arqueó la ceja en modo “tigre seductor” y río por lo bajo. –Oye, oye. ¿Qué haces? –le preguntó, una oleada de nervios lo invadió. Los besos dulces de Aomine le ponían a temblar porque no estaba seguro de cuándo y dónde atacaría. Esperó con paciencia fingida y tragó saliva cuando los labios rozaron su cuello. Tenía deseos de besarlo de nuevo, demonios, incluso el ambiente parecía prestarse a ello pero de pronto Aomine lo mojaba y huía del crimen como vil mocoso.

¿Peces y cangrejos? Ah, lo olvidaba. El moreno tenía predilección por animales pequeños y extraños que a la mayoría de la gente provocarían una mueca de asco, incluyéndolo. Pese a ello, braceó siguiéndolo y se puso a su lado con rapidez. El agua estaba tan fresca y lo hacía sentirse tan ligero que era como si un tercer invitado estuviera entre ellos, siendo cómplice de sus aventuras y las palabras que sin duda, algún día se volverían recuerdos gratos. Por fin Daiki estaba a su lado de un modo que ningún otro había logrado. El tigre pelirrojo era dichoso de saberse querido por el arrogante y orgulloso Aomine.

Por cierto, no creas que me he olvidado de la comida y cena que vas a pagarme. –imperó-. Gané y merezco un premio –fue lo último que dijo cuando se acercaron a cúmulo de rocas que el chico mencionó anteriormente. No parecían tener una forma específica, y de hecho tampoco estaba seguro de si los dichosos animales estarían allí, pero al menos podían descansar un poco y explorar.
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Aomine Daiki

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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   Lun Abr 18, 2016 9:50 pm



Mientras nadaba dándole la espalda, se mordió el labio y frunció el ceño, pues si de entre las muchas cosas que Daiki amaba/odiaba de Taiga era que le hablara en inglés y era un peor cuando ponía ese gesto con la sonrisa de suficiencia y su rara ceja alzada, joder ¿Qué acaso lo provocaba a propósito? Podía ser una posibilidad sin duda alguna, mejor no pensarlo demasiado, ya habían pasado demasiadas cosas por ahora.

No se giró a verlo ni mucho menos pero sonrió de medio lado al sentir la presencia de Kagami a su lado, nadó un poco más lento solo por el placer de disfrutar del mar, la brisa y la compañía. Se tomó un trago de esa felicidad tan grande que ahora parecía haberse establecido en todo su ser. Felicidad. Qué cosa tan compleja, y pensar que horas antes se debatía entre que era lo quería con respecto al chico, de pronto fue como si todas esas dudas hubieran quedado muy, muy atrás.

Lo sé , lo sé, junto con un hotel de cinco estrellas, no lo he olvidado, tks… y luego dices que el pedinche soy yo- le dijo en un tono de fastidio dramatizado mientras se acercaban a las rocas, las cuales tuvieron que rodear hasta buscar un lugar bajo donde hubiera  un pedazo de playa con arena suave para subir. Aomine  esperó a que Taiga también saliera y le pasó las manos por el cabello alborotándoselo un poco para quitarle el exceso del agua y también para molestarlo respecto a su diferencia de alturas, tratándolo como si fuese un pequeño, rió con diversión y le robó un beso en los labios como “disculpa” –Anda vamos de seguro que encuentro un cangrejo antes que tú- habló en tono de emoción comenzando a caminar hacia las pozas que ciertamente estaban ya notables debido a la baja de la marea, andando con cuidado puesto que si bien el camino era accesible, había zonas en las que las rocas eran demasiado irregulares y lo que menos deseaba era hacerse una herida en un pie que le impidiera jugar o caerse y lastimarse, así que se mantuvo al frente guiando a Kagami por el camino seguro.

El moreno no tuvo ningún inconveniente en meter los pies dentro de una de las charcas, teniendo cuidado obviamente de no pisar nada y claro, de elegir una que estuviese más o menos a la sombra de otra gran formación rocosa para que Kagami no se asoleara más de lo que ya había hecho, bromeaba mucho al respecto y solía actuar siempre de manera pesada y orgullosa pero en el fondo siempre procuraba tener esos pequeños detalles para el otro, que aunque inadvertidos en ocasiones, estaban presentes como muestra del aprecio y del cariño que le tenía.

El agua cristalina le llegaba algo arriba de los tobillos y bajo sus dedos podía sentir la arena no tan suave como la de la playa pero sin llegar a resultar incomoda. Se agachó un poco mirando con atención, había algunos peces pequeños de colores, amarillos, azules, rojos, verdes,  soltó una risa al pensar que juntos parecían una pequeña “Kiseki”  submarina. Su afilada vista se paseó entre las rocas y algunas algas en búsqueda de algo más interesante de bunas a primeras sin éxito – Hum…hay muchos peces y algas pero nada interesante aun- comentó levantando la vista a Taiga –Quizá debamos revisar en otras en donde pegue más el sol- agregó ya no muy entusiasmado y volvió su vista al agua, caminó despacito casí arrastrando los pies cuando de pronto algo brotó de la arena y pasó nadando entre sus tobillos – ¡Eh Mira! -sorprendido tomó a Kagami de la mano jalándolo para acercarlo pues justo se había movido una pequeña raya que se mezclaba perfecto con arena, de nuevo la emoción brilló en sus ojos mientras seguía al animal hasta que este volvió a enterrarse una parte más alejada de charca.

Aun tomado de la mano de su novio avanzó un poco más sin despegar la vista del agua, volvió a sonreír, parecía pequeño en parque de diversiones,  y finalmente lo soltó para inclinarse y sacar del agua salada un caracol pequeño de no más de diez centímetros en tonos hueso y coral que mostro a Taiga con orgullo. Sujetó la mano del pelirrojo de manera que quedara extendida con la palma hacia arriba y con cuidado puso el objeto en su mano –Espera quieto- le dijo sujetando aun parte de sus dedos y mirando con atención, tras unos momentos, el caracol comenzó a temblar al tiempo que la sonrisa del moreno se hacía mayor y no pasaron ni dos minutos cuando unas patas rojas salieron de la base seguida de un cuerpo y un par de ojos, un cangrejo, pequeño y curioso se asomaba ahora del caracol y buscaba la manera de caminar y bajarse de la mano de Kagami.

¿Verdad que es genial? Se vería increíble en la sala de la casa-dijo imaginándose la escena –Aunque es mejor que se quede aquí– finalizó Aomine con cierta resignación en su voz, le encantaban esa clase cosas pero era consciente que no podía arrebatarlas del océano por más que quisiera y sin siquiera pensar tampoco que quizá el otro no encontraba la experiencia tan divertida como él.


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MensajeTema: Re: Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]   

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Sol, arena y mar. [Priv. Taiga]
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