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 La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]

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Mikado

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MensajeTema: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Sáb Feb 23, 2013 10:27 pm

No conteste a sus confesiones, a cada palabra que se deslizaba por su boca y que se escucha opacada por el sonido del motor del vehículo, que ruge ferozmente. Solo me digne a sonreír tan amplio, tan calmo, y relajado, hasta el punto de sentir una pequeña semilla eclosionando tan rápido que amenazaba con hacerse de todo el espacio disponible. Opte por llamarle felicidad en su máxima extensión. Qué bien se sentía.

A pesar de mi corta visión, pues seguía usando su hombro como mi almohada, manteniendo estrechada mi mano a la suya, a pesar de ser muy su iniciativa (pues yo me conformaba con mantenernos con vida, luego de mis atentados de afecto) había dedicado el tiempo a cerrar los ojos y perderme en el momento, percatándome de cosas tan simples como su temperatura y su exquisita aroma que se mezclaba con la hierba fresca, recordándome el lugar donde minutos antes me le había propuesto y él, en un acto que me dejo sin palabras, acepto. No quiero leerme repetitivo cuando recuerdo las sensaciones que se despertaron en mí, al escuchar su respuesta, ante una confesión tan precipitada, que acepto, entrado en detalles, debió ser más meticulosa y cargada de alguna sorpresa.
Sí, soy perfeccionista y más cuando se refiere a detalles, aunque tengo malas experiencias al respecto, todo sea dicho.

El aire lleva sal.

Puedo sentirlo, a tal grado que este detalle, me hace enderezar mi cabeza y apartarla de mi cómoda almohada humana que tal vez ha conseguido entumecerse por el peso extra. Solo he dedicado unos segundos para revisar que el hombro "prestado" se encuentre en buen estado, palpando y masajeando un par de veces el hueso recubierto de piel que se deja ver, si eres buen espectador y estas ubicado en un lugar tan privilegiado como en el que yo me encuentro. Estamos rodeando el destino aquel al que deseábamos regresar. Nuestra primera vez.
No es posible que aleje de mi mente, los recuerdos a los que me transporta ese lugar tan polvoriento, que debe haberse contaminado por la humedad, hasta el punto que el crujir de la madera sea más intenso y que las zonas oscuras se hayan desgastado y sean nido de bichos que ayudan a corroer cada tabla que conforma la pequeña cabaña que comienza a asomar la punta desgastada por entre los bordes del paisaje que tenemos frente, y que por la velocidad comienza a cambiar acorde avanzamos.

La carretera desaparece, en su lugar se encuentra la arena, nos hemos desviado del camino, pero supongo que después de un punto, el "bebé" va a tener su merecido descanso y serán nuestros pies los que nos lleven al interior de nuestros recuerdos. O dentro de la cabaña.
Pero las anteriores líneas es la prueba de lo anticipada que es mi mente, porque aún no me atrevo a soltar su mano, y salir del auto que poco a poco pierde velocidad.
No, me he quedado razonando sus palabras y no las referentes a su apetito y al sonido delator, no, es ese "jamás pensé que llegaría a amarte tanto como lo hago hoy" lo que analizo y solo cuando estoy decidido a dejar ir sus dedos de los míos, puedo contestar: —Sabes ¿jamás pensé que llegaría a un "hoy" por amarte tanto? —

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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Dom Mar 10, 2013 5:58 pm

Me permití vivir este momento. Una voz interna me indicaba que debía empezar a disfrutar mis días en lugar de recriminarme por aquellos errores que marcaron y seguirán marcando mi vida. Me permití tener el lujo de recordar una frase que un hermano mío (no de sangre) me dijo, la cual se refería a que ni todo bien ni todo mal duran para siempre. Cuánta razón tenía. Y ahora yo podía verlo, lo cual me hacía sentir pleno.

Gracias al trabajo de mi bebé, llegamos más pronto de lo que pensé. Siento a Mikado incorporarse de mi hombro para después masajearme, preocupado por mi estado. Le sonreí por el gesto, porque me gusta que se preocupe por mí, porque soy egoísta, porque sólo quiero que tenga estos detalles conmigo.

Suspiré. Detuve nuestro recorrido sobre 4 ruedas y apagué el motor. Le eché un vistazo a mi acompañante, como diciéndole “aquí estamos”. Alcé su mano y la mía todavía unidas y le di un besito en el dorso. –No lo sabía. Pero ahora lo sé. –hice una pequeña pausa, guardando sus palabras en mi memoria pues estas me acompañarían cuando él no pudiera estar físicamente conmigo. -Vamos. –lo solté sólo un momento para poder retirar la llave de mi auto, abrir la puerta, salir y recorrer el auto hasta llegar a la suya. La abrí, como todo buen caballero (y sin importarme que pudiera sentirse como una chica) y le ofrecí de nuevo mi mano. –Somos como una pareja de viejos ¿no? Viniendo al lugar del inicio. –bromeé porque la imagen que tenía frente a mí me impactó.

Estaba consciente del paso del tiempo pero jamás imaginé que el lugar estuviera así. En mi memoria todavía se levantaba con fuerza esa cabaña, dotada de maderas crujientes y un clima cálido pero no bochornoso pese a la ubicación de la playa. En mis recuerdos todo estaba deshabitado pero limpio. Ahora era lo contrario. Muchos insectos habían tomado ese lugar como su hogar, la lluvia había hinchado la madera, todo estaba desgastado pese a que no hubo transcurrido ni 6 meses.

Caminé con Mikado de la mano, hasta llegar a donde se encontraba una puerta de un color diferente al que yo recordaba. Probablemente la lluvia lo había polucionado de esa forma. No hallaba otra respuesta a su tan grave aspecto. –Siempre quise preguntarte si este lugar era tuyo. –con mi mano libre toqué el borde de la entrada, sintiendo una nostalgia insoportable. –Por el estado en que está, sé que no es así. –lo miré por el rabillo de los ojos, sin poder sonreírle. Cuando decidí apretar su mano para sostenerme, me percaté que ahora en mi dedo anular izquierdo se encontraba el anillo que nos comprometía. Y esto sí que me robó una sonrisa tan amplia que no pude evitar levantar nuestras manos a modo de triunfo y decirle al lugar (a éste roto lugar) algo tan importante para mí–: Míranos. Ahora estamos juntos. Comprometidos. ¿No es genial? –la cabaña jamás me respondió pues era un objeto inanimado, sin embargo, una ligera brisa salina vino de pronto. Me sentí abrazado por ella y entonces supe que era eso tan misterioso que no conocía: el destino.

Cómo me hubiera gustado haber visitado este lugar mucho antes. Después de todo, fue aquí donde comenzó lo que hoy no quiero que termine.
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Mikado

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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Dom Mar 17, 2013 10:20 pm

Mi mirada se tornó sería, en cuanto escuche su pregunta, tanto que mi cuerpo reacciono y mis dedos dejaron de rodear los suyos, separándose instantáneamente y colgando de mi mano que a su vez colgaba de mi brazo, todo por la gravedad.

Di un par de pasos hacia atrás, dejándome llevar hasta que algún obstáculo me detuviera. No tuve que esperar mucho; mi espalda choco contra uno de los pilares, producto del golpe algo de aserrín cayó sobre mi cabeza. La sensación fue desagradable, porque mis ojos se vieron afectados. Parpadee como una reacción natural, logrando sacar las “impurezas” atrapadas en mis pestañas, no tuve necesidad de valerme de mis manos o mis dedos. Eso me ayudo un poco a relajarme, me ayudo a enredar mis brazos, uno sobre otro, sintiendo con las yemas de mis dedos lo frio de mi costado. El aire se filtraba con tal facilidad por los maderos carcomidos que consiguieron helarme, pero esa no era excusa para la escarcha que se estaba formando en mi corazón.

—No es mío.— conteste algo tarde.

No pude verle, o no quise verle, solo fije mi mirada al techo, a las vigas resquebrajadas que alertaban con desplomarse en una próxima tormenta. Profundice en mi respuesta:

—Es un lugar del que escuche una vez, en medio de un descanso en el salón de clase…— por alguna razón mis labios se secaron, lo que me hizo pausarme para humectarlos con la punta de mi lengua y luego presionarlos uno contra el otro, friccionándolos entre sí. Proseguí con la respuesta.

—Un grupo de chicos hablaban sobre esta cabaña, bromeaban y reían, tanto que llamaron mi atención, pero a mí no me produjo gracia. — reí ácidamente de solo recordarlo: — El más alto dijo que este lugar era el indicado para tener sexo, las chicas son asustadizas y más con tanto escombro, solo bastaba una historia de terror y palabras de confort para encantarlas y seducirlas.— cerré mis ojos de solo pensarlo, pero no le di, suficiente tiempo para que me abordara con otra pregunta, no, fui rápido a contestar todo cuanto pudiera, aún sin que lo escuchara verbalmente.

—Te traje a este lugar la primera vez, porque quería herirte. — trate de que mi espíritu no se resquebrajara, por lo difícil y complicado que estaba confesando, por todo lo que estaba arriesgando: — Pensé que si te hería lo suficiente, te alejarías. Solo bastaba un poco de dolor, un rechazo simple, acompañado por palabras duras y te irías, sin preguntas, sin reproches, incluso se me ocurrió la idea de tocar donde no tenía permiso. Siguiendo la guía de esos chicos. — repetí la mueca de molestia y semicerre mis ojos demostrando mi desprecio: — Me dijeron donde tocar y que decir. — trague saliva, pues mi gaznate parecía corroerse a cada seca palabra que pronunciaba.

Ni siquiera yo mismo, puedo explicar la sensación de repulsión que esas ideas me producían. Es caer tan bajo solo por placer, aunque mi objetivo era diferente y pase a explicárselo, para que no malinterpretara la información desagradable que estaba recibiendo. Apoye el talón en la base, dándome sostén, pues mi cuerpo tambaleo: — Yo…había sido herido tan profundamente que no quería someterme a una nueva experiencia, por eso rechazaba todo contacto, incluso de mis amigos, y domine el ocultarme bajo una máscara de felicidad, para evitar preguntas y escuchar el maldito “todo va a estar bien” y odiaba tanto eso... — presione mis dientes unos contra otros, así como mis ojos, a la par que mi columna se doblaba: — Pero entonces… — abrí mis ojos como si un haz de luz golpeara mis retinas con fuerza: — Cuando empecé a ver tus torpes avances y como tratabas de entablar comunicación, las tonterías que decíamos… —reí levemente, recordándolo: — cada segundo era enriquecedor y cada movimiento que hacías, esa lengua ladina que solo decía palabras tentándome o cuando pasadas las horas, confiaste en mi… yo —me deje caer, pegando mi espalda a la superficie deforme y húmeda: — ¿Por qué confiaste en mí? Yo era un completo extraño y pude haber usado ese conocimiento en tu contra y aún así…— mis brazos se desataron y cayeron, el dorso de mis manos tenía contacto directo con el suelo toso. Solo allí levante mi rostro y lo vi directamente: — Comencé a amarte. — sonreí ampliamente, esperando a que esta confesión no redujera sus sentimientos por mí.
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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Sáb Mar 23, 2013 1:25 am

Le permití separarse de mí un instante porque al parecer la imagen que teníamos frente a nosotros tenía reacciones más fuertes en él que en mí. Así pues, poco después de mi pregunta seguida de un comentario, terminó siendo respondida: no era suyo. Ciertamente ya me lo figuraba. Conociendo a Mikado, él jamás hubiera abandonado algo hasta dejarlo a tal grado. Me encogí de hombros, de todas formas, yo siempre he sido consciente de que todo lo que alguna vez tiene vida o tiene un principio, paulatinamente creará su camino hasta que sus últimos días lleguen y entonces sea momento de partir, de terminarse. La vida era así. Los momentos no eran para siempre. Y sin embargo, no podía quitarme ésta insoportable nostalgia del pecho.

Mikado fue a topar a uno de los pilares que sostenían el lugar y lo seguí con la mirada. Sus labios se movieron y las palabras fluyeron una tras otra…

Dirigí mi mirada hacia el lugar, reanimándolo en mi memoria. Él parecía tener ganas de contar historias, por lo que yo no le interrumpí en ninguna pausa, sino que por el contrario, dejé que se expresara libremente. En la anécdota contaba que unos chicos de su clase (que supuse no eran sus amigos por la forma en que los llamaba) le dijeron que éste lugar era bueno para tener sexo. Vaya, tener sexo. No pude reprimir una risita irónica. Según lo recordaba, éste lugar era extremadamente ruidoso e incómodo. Definitivamente esos mocosos hablaban por hablar, pero en fin, mis experiencias no atañen la historia.

Mientras continuaba con el relato, me acerqué a él y también me acomodé en el pilar, justo a su lado, no sin antes echarle una mirada al suelo, donde hacía unos tantos meses lo había acosado a tal punto de que le exigí que se responsabilizara de mis sentimientos en un beso. Me llevé la mano a mis labios y los toqué con la yema de los dedos. ¿Cuántos besos nos habíamos dado después de eso? Según mis memorias junto a él, habían sido demasiados: unos dulces, otros posesivos, unos cuantos más apasionados, otros sabían a reencuentro, algunos pocos a nostalgia, y los últimos me sabían a “te amo” verdaderos.

Fue entonces cuando me percaté de que habíamos cambiado mucho en cuestión de unos meses. Él. Yo. Ambos cambiamos muchos aspectos de nuestras vidas y ¿saben qué? Si pudiera vivirlo de nuevo, lo haría sin duda alguna. Mikado es la única persona por la que me mantengo con vida, porque fue su amor lo que me hizo entender que debía luchar por mis seres queridos en lugar de recriminarme por aquellos a quienes les había quitado la oportunidad de seguir con vida.

Sus palabras sólo me hicieron negar suavemente con la cabeza. Cuando terminó de confesarse y de darme esa imagen dolosa, empecé con mi pequeño discurso: –Así que querías herirme. Deseabas alejarme. Incluso pensaste en tocarme. –volví a reír, no por burla o con tristeza, me reía de la ironía de la vida. –Y no sólo eso, planeabas vivir bajo una máscara… te ocultarías de los demás para que no pudiesen ver a ese chico roto, ¿cierto? –joder, no pude explicar el sentido de “déjà vu” que me produjo. Me acuclillé a su lado, recordando que hacía tanto tiempo había hecho lo mismo; estiré mi brazo y tomé su mentón con mis dedos, alzándolo para que me viera de frente. –Siempre he sido un idiota, je... pero eso ya lo sabes... Quería poder estar a tu lado de una forma u otra. –le sonreí de medio lado.

Fue entonces cuando me percaté de que todo lo que había pronunciado era un secreto para mí únicamente. Ésta era una parte de su vida que nadie más conocía y por ende, me sentí privilegiado. Ver ésta faceta suya era algo un tanto nuevo para mí y como todas las anteriores, también le amaba. –Pero no lo hiciste. –reí por lo bajo, lleno de nostalgia insoportable. –Por si no lo recuerdas… tú lloraste lo que yo no pude llorar. Por compasión, por lástima, por comprensión… por lo que haya sido. Tú lloraste por mí. ¿Y sabes qué? Desde ese momento supe que no podía dejarte solo. –negué con la cabeza, corrigiéndome inmediatamente. –No quería dejarte solo. –me incliné un poco más, entonces con mi mano libre aparté el flequillo de su frente y deposité un pequeño beso allí; segundos después junté mi frente con la suya. Sin embargo, no sentí que eso fuera lo apropiado para éste momento así que me vi en la obsesiva situación de atraerlo hacia mí y rodearlo con mis brazos.

A pesar de que jamás estuve falto de equilibrio, dejé que mi posición cambiara a arrodillarme frente a él. Ahora estábamos de la misma altura, sólo que él seguía entre mis brazos, incapaz de apartarse por la fuerza que aplicaba con mis extremidades. Junté mi mejilla con la suya y antes de entonarme inhalé aire muy profundamente. Relajado como estaba, empecé a cantar en un murmuro (como el de una canción de cuna), contra su oído: –I do not love you for the way you kiss, though your lips, they can put me at ease. And I do not love you for your sweet yellow eyes, though I love when they’re looking at me. –una sonrisa se pronunció en mis labios y no pude apartarla de ella. Cerré mis ojos mientras recordaba la letra de la canción que evocaba mi voz baja. –And I do not love you for the way your hands can touch me and quiet my soul, I love you for all of this and so much more. –lo tome por los hombros y lo miré de nuevo, con total devoción. Continué con lo ultimo que deseaba que escuchara: -And all I know is you’re the part of me that keeps me strong… And what I want is for us to face forever, standing up together, eyes turned towards the heavens, arm in arm. –lo atraje de nuevo hacia mí, incapaz de dejarlo ir.

Podía parecerle molesto, celoso, rebelde, depresivo e inclusive gruñón, pero poco me importó en ese momento. –Mi querido Mikado, ¿acaso todavía no comprendes que me tienes completamente enamorado? Y más te vale que te prepares, porque nada de lo que digas o hagas va a poder separarme de ti. –le prometí, mirándolo a los ojos porque esa era una promesa que estaba haciendo con mi vida. –Así que déjame amarte con lo mejor que tengo, porque tú eres lo mejor de mi vida. –me incliné por última vez, sellando mis palabras con un sutil beso pues era consciente de todo ese cúmulo de emociones que podrían embriagar hasta al soldado más raso. Busqué una de sus manos y fui depositando un besito en cada centímetro de piel que lo recubría con extrema perfección: muchos en el dorso, otros tantos en sus nudillos, y en sus dedos, ¡ah! Sus dedos parecían conquistarme con su suave toque. Éstas manos pertenecen a la persona que yo más amo, así que las traté con sumo cuidado. –Te amo, Mikado Dubois de Azuma. –bromeé un poco, continuando con mis besos en sus dedos. –Te amo tanto que no sé cómo decírtelo correctamente… -me sentí ligeramente frustrado al no conocer palabras que pudiesen abarcar todo ese sentimiento almacenado en mi alma.

Podría jurar que flotábamos y que éste lugar era otro totalmente diferente, pues el polvo, el crujir de la madera, la polución del piso y las paredes, jamás me parecieron tan bonitos. –Es una pena que se encuentre así. –por fin, después de muchos minutos, me digné a mirar al techo durante unos segundos, para después regresar mi mirada en la suya. –Tener sexo, eh. –arqueé una ceja, incrédulo. –No te imagino así. –murmuré bajito, definitivamente era una imagen que había bloqueado de mi mente. –Ba-ka-do. Esto es por ser un idiota. –aprovechando la cercanía, mordí un poco una de sus mejillas, como si estuviera castigándolo, como si fuésemos niños, como si nada más importara. Aunque la verdad era que nada importaba. Todo y nada perdían su significado y de nueva cuenta, no me importó.


[La canción que canta Reiji es ÉSTA.]
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Mikado

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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Miér Mayo 08, 2013 10:47 pm

Estaba asustado por su reacción tan ajena a mis ideas, no montó en cólera o me criticó, no me juzgó o se puso a la defensiva atacándome con palabras crueles para herirme, por el contrario sus palabras me dan a entender que relaciona mi conducta con la suya y por ello siente cierta simpatía. Yo por el contrario, siempre he tenido malas experiencias al respecto, será porque siempre he obtenido reacciones acidas y amargas que, erróneamente lo incluí a él en el grupo. Parece que aun no comprendo que Reiji es diferente a pesar de que mi corazón solo sabe susurrármelo en pequeñas pulsaciones que acrecientan su ritmo conforme lo tengo más cerca. Ahora mismo el pobre órgano lucha por salirse de mi pecho.

Reiji se ha puesto a mi nivel, en un acto que no predije ni con mis habilidades demoniacas, no entiendo que sucede al respecto, tal vez la marejada de sentimientos las bloquea y por un momento soy un humano “normal” y de ser ese el caso, mi criptonita es Reiji Azuma. Me abraza con fuerza, pega mi mejilla a la suya en un movimiento que me sorprende pero luego logra transmitirme confianza por el canturreo contra mi oído, esas palabras precisas que consiguen que, me enamore de la misma persona por segunda vez. La verdad es que si es cierto que nuestros cuerpos no se han unido, nuestros corazones sí que han conseguido tocarse de alguna forma inexplicable.

No voy a negarlo, al principio me quede estático, solo conteniendo el golpeteo de mi corazón, pero luego mis manos se elevaron por una fuerza extraña, misma fuerza que hizo a mis dedos temblar por la necesidad de aferrarse a su cuerpo. Los sentí entumidos como si se debatieran, suspendidos en el aire, por la forma en como tocarlo, si usar las yemas para acariciar suavemente su espalda o estampar las palmas con fuerza para corresponder la presión que su cuerpo ejercía en mí. Tarde unos segundos en enterarme que este simple deseo de tocarlo cuidadosamente estaba excediendo el límite de lo permitido.

Afortunadamente Reiji se me adelanta, separa nuestros cuerpos por una distancia mínima y me ve fijamente, escucho una promesa a la que no contesto, mi mente esta convulsionada. Me da un beso suave y toma mi mano para hacer lo mismo con ella, bañándola con cariños y mimos, esto me relaja y vuelve el asunto, secretamente peligroso. Me dice que me ama de una forma que ni siquiera puede describir y yo pienso en ese momento que yo me siento igual, mi alfabeto y mi léxico no cubren mis sentimientos por él. La RAE se fue al demonio hace mucho tiempo. Observa el techo, hace un apunte, luego otro con respecto al “sexo” maldita palabra que me hace parpadear y conseguir un castigo, muerde mi mejilla, tampoco me he quejado, es como si estuviera mudo.

Esa cercanía íntima es un punto en contra. Ahora soy yo quien pega mi mejilla a la suya, la detengo así por un momento aferrándome con las palmas de mis manos a su espalda, relajé la entrada de oxígeno hacia mis pulmones, pero el aroma de su cuerpo empeora las cosas.

Me giré lentamente, no me bastaba con que solo fueran palabras y caricias las que me dedicara, necesitaba sentir su respiración tibia contra mi piel, perderme en sus ojos cuyo color a veces escapa a mi percepción cegada por el sabor de su boca que me llama sin pronunciar palabra alguna. No dije nada, no podía hacerlo, solo caí de nuevo en la trampa de sus labios, en la lozanía de su piel tintada de un color más oscuro y me deje llevar con gusto. Abrí mi boca y cubrí la suya desconociendo la palabra “sutil” pero reconociendo la de “lentamente” mis labios temblaban, conteniéndose por no agilizar los movimientos, le bañaban del calor y la humedad que provenían de esta fuente natural. Ladeé mi rostro de igual forma con un ritmo lento, estaba alimentándome de él y no quería que terminara, por eso escudriñe bajo su ropa sin permiso, de nuevo mis dedos tiemblan cuando sienten su piel sin protección y caen rendidos ante las formas sobresalientes de sus vertebras. La ropa estorba demasiado pero este no es el momento ni el lugar, entonces ¿Por qué no puedo detenerme?
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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Mar Ago 20, 2013 4:09 pm

Es extraño el hecho de que cuando pasas mucho tiempo con una persona puedes inclusive saber de qué van sus silencios, es como si tuvieras una conexión tal que supieras lo que está dentro de su cabeza con solo verlo. Le sonreí ampliamente después de haber mordido su mejilla.

De pronto él volvió a pegar nuestros rostros, mejilla con mejilla. Debo admitirlo, me sorprendió por un instante. Pero al siguiente ya me hallaba yo rodeando sus hombros con mis manos, aceptando con gusto nuestro contacto. Es extraño, debo repetir, que a veces un gesto tan simple como éste pueda hacerte sentir querido, tan lleno de tranquilidad y al mismo tiempo, tan lleno de vida. Todavía mi cabeza no podía entender que los brazos de esta persona, no, me corrijo, que toda ésta persona, su cuerpo, su voz, su esencia, su alma, todo él se había convertido en mi necesidad carente de razón. Así que cuando sus labios tocaron los míos en un roce, no dudé en corresponderle el gesto.

Cerré mis ojos y me entregué a él sin miramientos, sin máscaras que ocultaran mi rostro o barreras que le impidieran entrar a mi corazón; hice todo lo contrario: le esperé con las puertas abiertas y lo recibí con lo mejor que tenía para dar. Ofrecí mi vida a cambio de la suya porque ahora estábamos comprometidos y uno de mis dedos guardaba esa promesa. Joder, le amaba. Tenía que decírselo. –Te amo. –me separé de sus labios un momento porque esto me sobrepasaba. Las palabras se juntaban en mi pecho, amenazándolo en hacerlo estallar así que cuando pronuncié: –Te amo, Mikado. Siempre lo haré. No importa lo que pase, éste momento siempre será de nosotros. –me sentí aliviado, como si estuviera experimentando algún efecto de alguna droga. Regresé a sus labios, demandando infiltrarme en ellos. Sus manos se vieron a la tarea de colarse debajo de mi ropa y de acariciarme directamente con las yemas de sus dedos y con la palma. Lo tibio de sus manos hizo que me estremeciera sutilmente, así que al querer hacer lo mismo con él, yo me encontré lamiendo y mordiendo sus labios con cariño. Deseaba tenerlo conmigo durante mucho tiempo más de esta forma, así que rogué a un dios que no conocía personalmente, que me diera la oportunidad de pasar mis días junto a él, porque quería tener el permiso de hacer feliz al menos a una persona antes de partir al lugar donde todos tarde o temprano nos encontraremos.

Sin embargo, en mi mente figuró un número. De continuar con ésto, sencillamente seríamos un número más en una estadística que estaba etiquetada con el título "Personas que han tenido sexo en esta cabaña". No quise ser parte de la lista de personas que habían sido engañadas para ser abusadas de esa forma. Y aunque estaba consciente de que Mikado jamás tendría sexo conmigo (por razones ya conocidas), no quería mancharnos como todos los demás. Así que entreabrí mis ojos y me separé ligeramente de él para hacerle saber lo siguiente: –No vayas a odiarme por cortarte la inspiración –bromeé. –Pero vamos afuera. Ahora yo tengo algo qué mostrarte. –volví a besarlo una vez más antes de que mis piernas se movieran de tal modo que yo quedaba de nuevo de cuclillas, seguido de un pequeño impulso para mantenerme de pie. –Ven conmigo. –le extendí una mano, dispuesto a ayudarle a levantarse y no dejarlo atrás.
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MensajeTema: Re: La cabaña donde dio inicio el reto [priv. Reiji]   Dom Dic 22, 2013 4:09 pm

Soy una persona que tiende a sabotearse. Siempre que me encuentro en la plenitud de algún momento, tomo decisiones que estropeen la situación. Siempre me pasa, es una forma inconsciente de flagelarme, tal vez se deba a que considero que no merezco las cosas buenas que me suceden. Estoy maldito, siempre lo he sabido, pero quería por lo menos una vez, sentir que podía amar y ser amado. ¿Por qué pienso en ello ahora? Porque ha sido maravilloso. Mi tiempo con él ha sido maravilloso, tanto que quiero conservarlo para siempre. Pedir matrimonio, algo que en mi vida, hubiera imaginado por la responsabilidad que implica dicho compromiso ante todo, él, me ha motivado para hacerle tal propuesta. Lo quiero a mi lado, pero no atado a mí, sino conmigo. Ah…es complicado decirlo y más pensarlo, son muchos sentimientos mezclados, alejados de todo juicio, sentimientos que imaginan un futuro prometedor alejado de cualquier duda que logra desvanecer el pasado marcado que se tuvo.

Reí, reí con decencia, con cuidado, sin emitir más sonido que el producido por mi respiración. Este cumulo de ideas, era mi respuesta al “te amo” que acababa de escuchar, un “te amo” con la capacidad mágica de aniquilar orcos y brujas, los que me acompañan desde que tengo memoria. Pero también me da envidia, él tiene un don de la palabra para expresarse que yo no tengo y por eso, me pierdo de decirle todo lo que significa para mí, aunque creo que ya lo había reflexionado otrora, ahora veo con más fuerza y frustración, la desventaja. Mis sentimientos aunque sólidos, carecen de fuerza verbal. Me falta experiencia, lo acepto.

Un beso cálido me hace olvidar estas “fluctuaciones” mentales y que evitaron momentáneamente que mis manos siguieran repasando su cuerpo lozano. El beso ha cambiado aires; modificó el ritmo, lo que aceleró mi respiración, introdujo más caricias de su parte, lo que hace que por instinto mis manos palpen con mayor profundidad la textura de su piel cuasi con hambre del siguiente paso a seguir, pero…ah…benditas habilidades.

De no tener este gen malayo, con certeza, hubiera malinterpretado el que desistiera de continuar. Realmente la cabaña tiene una reputación pésima y entiendo que no deseara engrosar la lista de personas que practicaran el sexo en este lugar, aunque no me interesa el sexo con él.

Me dice que no lo odie, luego que se separa de mí. Realmente el solo hecho de que se separe de mí, ya es molesto… ¡Oh, demonios! Es cierto, soy un mocoso. La aceptación ha traído consigo una cara larga de mi parte, imposible de camuflar, aunque la cambio casi de inmediato para que no malinterprete. Otro análisis molesto ¿desde cuándo me importa tanto que alguien me malinterprete? Es cierto, el amor cambia personalidades y costumbres.

Eso también es una hostia en la cara, aunque si me hubiera dolido, él me hubiera curado de inmediato. Me besa de nuevo, apaciguando mi malestar mientras me invita a ver algo que quiere enseñarme. Se levanta y lo propone de nuevo, esta vez, acompañado de un gesto con su mano, uno que hace que me levante ayudado por la mano que gentilmente extiende para mí. No he dicho más, ni una sola palabra ha salido de mi boca durante todo este momento, esto se debe a que estaba encasillado analizándome a mí mismo. El antes y después de conocer a Azuma Reiji.
Sonreí de nuevo, para él, mientras mis pies se movían, dispuesto a seguirlo con algo de curiosidad, pero ante todo por la idea de no perderlo de vista, de conocer un poco más de él. Ante todo es eso lo que hace que mis músculos marchen a su paso y mi peso haga que el rechinar molesto de la madera crujiente por debajo de mi cuerpo, sea solo un pequeño sonidillo aislado en mi mente.

(Lamento mucho la tardanza, pero tampoco quiero que el rol de nuesros pjs muera.)
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