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 Nuestra primera cita [Priv. Shinn]

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MensajeTema: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Miér Ene 02, 2013 4:25 pm

Después de habernos despedido, regresé al departamento que podía llamar con seguridad, mi segundo hogar. Fui directamente hacia mi habitación y dejé en la cama la mochila que antes había ocupado sin preocuparme por el contenido. No podía ocultar la emoción que sentía vibrar dentro de todo mi cuerpo. “Tendré una cita con Shinn”, pensaba sin cansarme de repetirlo una y otra vez. –Tendré una cita con él. –dije con un puño en el pecho.

Fui a mirarme al espejo del baño, y mientras me recargaba en el lavamanos, pude percatarme de que mis ojos mantenían ese brillo de emoción, de expectativa. Sonreí ampliamente, diciéndole a mi reflejo (y probablemente a mi mismo también): –Tengo que prepararme. Tengo que lucir lo mejor que pueda, después de todo, se trata de una cita con Shinn. –no pude evitar que un sutil sonrojo cubriese indiscriminadamente mis mejillas. Recordé con cariño que las suyas lucían muy hermosas cuando estaban teñidas por ese color rosado. –Él es muy lindo. –¡Y había aceptado salir conmigo! ¿Cómo podría expresar esta felicidad? Me sentía tan abrumado que durante un instante descarté a mi mejor amiga: Mi música. ¡Claro! Eso era. Escribiría canciones únicamente para él. Después compondría una melodía que se adecuara a las sensaciones tan dulces y abrazadoras que me provocó. Y después… y después…

Llevé una de mis manos a mis labios, tocándolos a penas con la yema de los dedos. A pesar del tiempo que me tomó regresar al departamento, a pesar de la brisa agitando mi cabello, todavía podía sentir su esencia plasmada en ellos, su calor brindado con ternura. Sonreí para mí mismo. –Jamás imaginé que podía sentirme de esta forma. –susurré sin temor a que alguien me escuchara.

Pero bueno, decidí no perder más tiempo. Me quité la ropa con rapidez, dejándola tirada en el suelo frío; después la ocupé como alfombra para mis pies, antes de que me metiera a la ducha.

Pensamientos iban y venían sin descartar posibilidades hermosas, fantásticas incluso, donde los protagonistas éramos únicamente él y yo. Durante toda la cita, esperaba, compartiríamos palabras, caricias, sonrisas y… besos. Sus besos.

Al salir de la ducha me sentí fresco y con mucha energía. Fui a mi habitación no sin antes recoger la ropa que antes me hubo servido como tapete para secar los vestigios de agua caliente y vapor, que se transformaban en pequeñas gotas corriéndome por las piernas. Deposité sin cuidado las prendas en una cesta, donde ponía la ropa próxima a lavar y entonces procedí a arreglarme, lo que me gusta llamarle “el pre-show”.

Escogí rápidamente un par de jeans de un color grisáceo, pegándole al negro. Sin embargo, para escoger una camisa tardé un poco más. Me probé un par de color azul, negro, plata, y un montón de colores más, pero ninguna me convenció. El espejo me mostraba mi propia silueta, y aunque no me veía mal, sentí que no podía utilizar algo tan simple para una situación tan importante como ésta. En fin, al cabo de una media hora por fin pude escoger una que tenía unas sutiles rayas color plateado, en un fondo blanco; era cuello V y las mangas eran ¾ por lo que me ajustaba perfecto. Me pasé el rosario de mi madre por el cuello y sonreí al tener su recuerdo en la mente. –¿Tú crees que me vea bien, mamá? –pregunté sin obtener respuesta. Suspiré resignado pero feliz. Seguro que ella me diría que sí. Regresando a mi arreglo personal, terminé cubriéndome con una chaqueta color gris oxford. La combinación me encantó, pues abotoné sólo unos cuantos enlaces para dejar al descubierto parte de mi cuello, parte del rosario y más que nada me sentí fresco. Finalmente dejé que un par de pulseras con hilos y cuero negro adornaran mis muñecas.

Un instante después fue necesario para que lo que necesitaba estuviese en orden. Entonces hice un recuento: ropa, listo; zapatos, listo; loción, listo; cartera y celular, listos. Ahora lo único que faltaba era lidiar con el cabello. –Ya sólo faltas tú. –le dije amenazadoramente. Siendo sinceros con mi cabello siempre tenía peleas por la mañana ya que me costaba un poco poder aplacarlo según yo quisiera. Pese a ello, en ésta ocasión pareció estar de acuerdo conmigo, cosa que me sorprendió. Me encogí de hombros, apreciando el gesto silencioso que se tenía para conmigo y me dispuse a salir del departamento no sin antes pedir un: –Deséenme suerte. –a mis difuntos padres.

Caminé con tranquilidad, pues según veía todavía tenía al menos una media hora para poder llegar al destino que le marqué antes de habernos separado. A cada paso la ansiedad y la emoción aumentaban considerablemente, por lo que me vi obligado a intentar mantenerme tranquilo con una canción en la mente, una que me gustaba bastante porque describía justo como me sentía ahora.

La gente pareció sentirse extraña al verme tan emocionado y es que ¿quién no lo estaría? En un par de ocasiones me detuve en la acera pues la música y la emoción me envolvían a tal grado que sin darme cuenta (hasta que era muy tarde), ya estaba bailando. Entonces me percataba de las miradas de los demás y me sentía algo avergonzado. Retomé mi camino, pero no pude evitar sonreír como idiota. Me sentía tan bien que no podía ocultarlo aunque quisiera.

Pronto llegué al sitio que quedamos. Miré a mi alrededor y todavía no llegaba. –Bien, todavía es temprano. –me dije a mí mismo. Fui a recargarme al farol que le hube indicado. Mis pies se movían al mismo ritmo que la canción dentro de mi cabeza, mis manos de repente chasqueaban los dedos para hacerles conjunto, y de nuevo, en un par de ocasiones, terminé cantando y haciendo un par de pasos de baile justo cuando recordaba el coro. –Ya sólo falta que llegues tú. –dije finalmente.


[La canción que cantaba era ésta.]
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Jue Ene 03, 2013 6:56 pm

Caminé tranquilamente, no, corrección, caminé algo agitado…no, tampoco ¡Agh! bueno caminé y punto, realmente no importaba como, el hecho era que tras despedirnos había comenzado a caminar hasta retomar el sendero marcado en el bosque y salir de nueva cuenta a la civilización, apenas y me había percatado que llevaba mi mano en la mejilla en la que Otoya había depositado aquel beso de momentánea despedida y que además tenia una sonrisa de idiota marcada en los labios, la cual iba y venía conforme caminaba, poco me importó la gente que me veía o el camino que había tomado puesto que mis pies parecían moverse por sí solos hacia algún sitio en particular del que no parecía ser del todo consciente.

Y sucedía que mi mente estaba hecha un completo desastre, ya en soledad comencé a darme cuenta de lo que recién acababa de acontecer, ¡Me acaba de besar con un chico que no conocía! y no solo una vez, además ¡Le había contado mi vida!, ¡A un extraño!, todo esto parecía una completa locura, un sueño, pero a cada paso que daba me percataba que no era nada más que la realidad, mi realidad. Volví a sonreír bobamente mientras cruzaba una calle sin siquiera fijarme en el semáforo, ignorando por completo los claxon de los automovilistas probablemente molestos, limitándome a pensar en la felicidad que sentía, en que deseaba que el tiempo avanzara aun más rápido para poder verlo de nuevo, en que las cosas sucedían por una razón y en que de seguro la que me había llevado a encontrarme con Otoya era buena.

Cuando me di cuenta ya había abierto la puerta y entrado a mi departamento ¿Tan rápido había llegado? dejé las llaves donde siempre acostumbraba dejarlas y me quité los zapatos solo por el gusto de hacerlo, de sentir el suelo en la planta de mis pies, caminé con calma hasta la sala, abrí la ventana para que entrara un poco de aire y después me dirigí al balcón, en cuanto salí, una agradable brisa golpeó mi rostro, cerré los ojos disfrutándola y enseguida me dejé caer en el pequeño silloncito que tenía ahí soltando un muy largo suspiro.

Una cita, una cita con Otoya, mi novio. Con mi antebrazo cubrí mis ojos al tiempo que reía y me sonrojaba un poco, no por el hecho que fuera mi novio, sino porque era él, era Otoya quien me hacía reír y sonrojarme y esperar tanto por algo, además de muchas otras cosas que no podía entender. Miré el cielo y me puse de pie velozmente para correr al borde del balcón -¡Lo veré de nuevo!- grité lo más fuerte que pude, dejando a mis pulmones casi sin aire y a mi garganta sin voz, recibiendo un “-¡Loco!-” de alguna persona en la calle a la que era completamente ajeno, reí de nuevo, lo mejor iba a ser apresurarme o se me haría tarde.

Me encaminé pues escaleras arriba en dirección a la ducha, desvistiéndome en el camino para dejar la ropa en el cesto de la ropa sucia, giré las llaves esperando a que el agua comenzara a salir caliente para así meterme, dejando que el vaporcito llenara el baño y los pensamientos y recuerdos mi mente, y a pesar de que tenía muchas cosas negativas en que pensar, las superaban la emoción de la cita con Otoya, de hacer algo juntos, de estar entre sus brazos de nuevo, de ver esa radiante y contagiosa sonrisa, de… de besarlo.

Salí de la ducha buscando una toalla para medio secarme y enredarla en mi cintura, tomando otra más para secar mi cabello, me miré en el espejo y por un segundo me costó reconocer a la persona que me devolvía la mirada, sonreí y me sacudí un poco el cabello con las manos buscando acomodarlo un poco aprovechando que aun estaba húmedo, fue inútil, le resté importancia y dejé la toalla del cabello colgada antes de ir a mi cuarto, tomé de una cajonera unos sencillos bóxers negros que me apresuré a ponerme para poder andar así por la habitación, encendí el modular para escuchar la radio que sonaba con una canción que comencé a tararear y así darme a la tarea de buscar ropa, suponiendo que no me tomaría mucho tiempo

Que equivocado estaba.

La situación en la que me encontraba era increíble. Tras quien sabe cuánto tiempo lo único que había conseguido era ponerme unos jeans oscuros y ahora me encontraba sentado en el borde de mi cama llena de ropa tratando de decidir con que combinarlos, y vaya que ponerme los jeans y no quitármelos había sido un gran logro puesto que ya había pasado por toda cantidad de conjuntos posibles, ¿short?, no, los que tenia eran algo… bueno no, ¿traje?, muy formal, jeans, pantalones caqui, camisas, overoles, el traje de motociclista, el uniforme de la corporación, playeras, y mejor ni mencionar el cabello, en fin… me había probado de todo y al final había dado con los jeans oscuros que se veían formales y casuales al mismo tiempo y que de seguro podría combinar con cualquier cosa.

Solté un suspiro, jamás me había preocupado tanto por la ropa que usaba, por lo general solo tomaba lo primero que encontraba y que se veía medianamente bien junto, pero ahora, realmente tenía una tonta preocupación por verme bien porque esta era una ocasión especial y si, iba a sonar tonto pero quería que cuando él me mirara pensara “Que guapo” o “Que suerte tengo”, o que no pensara en nada, que simplemente me regalara una de sus sonrisas que tanto me gustaban, una sonrisa especial que quería saber únicamente mía. Me puse de pie, debía decidirme ya o ya, no tardaría en ponerse el sol y no quería hacerlo esperar.

Al final terminé optando por los jeans, una camisa casual de un suave rojo con mangas ¾ y una chaqueta de negra de piel que decidí no cerrar para que se pudiera ver la camisa y resaltara, me miré rápidamente en el espejo buscando acomodar mi cabello el cual quedó arregladamente desordenado pero pues se veía bien con lo demás, sonreí y bajé corriendo haciendo el recuento: ropa, zapatos, cartera, ¿me llevaría la motocicleta? no mejor no, finalmente tomé las llaves del departamento para guardarlas y miré el celular rosa, estaba por tomarlo pero me detuve -Creo que ya va siendo tiempo- murmuré y tomé únicamente mi propio teléfono, lo guardé y me dirigí a la puerta mirando antes de salir la fotografía de mis padres y de mi hermana pidiéndoles en secreto buena suerte.

Para mi fortuna ya no me demore mucho en llegar a la plaza, con todo el asunto de la ropa habia perdido algo de tiempo, y lo cierto era que lo que había iniciado como una tranquila caminata, se había convertido en una pequeña carrera cuando me faltaban tan solo algunos metros para llegar a la plaza, estaba emocionado y se me notaba a la perfección. Al llegar a la plaza comencé a buscar el farol más alto y también el cabello rojo de Otoya, caminé más tranquilamente, el sol ya había empezado a ocultarse lo que le daba a la tarde unos hermosos colores violáceos y rojizos sumamente maravillosos, atontando estaba con el cielo cuando al bajar la mirada visualicé no muy lejos de mí a quien buscaba, recargado en el alto farol, su persona, unido a los colores de la tarde y al mismo ambiente lo hacían verse a mi parecer tremendamente atractivo, me controlé para no sonrojarme y me tomé el tiempo de observarlo por unos momentos, recorriendo su figura desde su cabello hasta sus pies antes de acercarme a él, controlando mi nerviosismo.

-Hola, perdona creo que tardé un poco pero tuve unos inconvenientes al venir hacía aquí- si claro, sutil manera de decir que en mi habitación había un letrero de “Zona de Desastre” le sonreí cálidamente acercándome más a él -¿Llevas mucho tiempo esperando?-

[Shinn tararea esta canción ]
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Miér Ene 16, 2013 8:44 pm

Inhalé profundo y dejé que el aire saliera por mi boca apenas en un hilillo. Sonreí para mí mismo, tan emocionado por verle de nuevo que los nervios parecían entrar en batalla constante con mi ansiedad. Pero supe, que esperar por alguien como lo era Shinn, valía la pena, y por ende cada una de estas sensaciones era hasta cierto punto maravillosa.

Me quedé viendo el cielo durante un rato, todavía tenía la canción metida en la cabeza, pero ahora apenas y movía un poco mis pies. Mi deseo no era que me encontrase bailando o cosas por el estilo, pues sinceramente no sabría ni dónde meter la cara por toda la vergüenza. Y, afortunadamente, no pasó. Justo un instante después de que ese pensamiento me atacara y acabara siendo desechado tan pronto como vino, me encontré con su presencia, con él en toda su altura, oliendo a una colonia exquisita, tan fresco que pude ver cómo su cabello brillaba casi del mismo color, apremiándole el espectáculo a las pinceladas ambarinas y rojizas del ocaso.

Mi emoción se mostró en una sonrisa amplísima. Dentro de mi pecho el corazón se me agitaba, producto de haber escuchado su voz de nuevo. Todo él me llenaba los sentidos, pues me abrumaba a tal grado que sentía que las rodillas terminarían convirtiéndose en spaggettis, incapaces de sostenerme como se supone deberían hacer. Pero sea como fuere, terminé armándome de valor para contestarle nítidamente, ocultando acertadamente mi nerviosismo. –Hola, Shinn. –me acerqué a él, inclinándome hacia enfrente y besándolo en la mejilla en un acto que me pareció absolutamente normal. –No te preocupes, no me importa esperar por ti. –le confesé con esa sonrisa estúpida que no podía quitarme de los labios. –Por cierto… te ves muy guapo. –un sutil rubor cubrió mis mejillas después de haberle visto discretamente. Me encantaba el tono que hubo escogido como camisa. “Rojo”. Pensé egoístamente que lo había hecho por mí, quizá, inconscientemente.

Me dispuse a colocarme a su lado para después extenderle una de mis manos. La idea de que estaríamos tomados por ellas me hacía estremecer a niveles indescriptibles, pero de nuevo, lo oculté lo mejor que pude. Era vergonzoso. -¿Vamos? –le miré desde mi posición y entonces emprendí el camino. –El lugar queda cerca. –le aseguré.

Mientras tanto, me dediqué a observar cómo las pinceladas ambarinas y rojizas iban desvaneciéndose hermosamente, dando paso a un color más intenso, oscuro y misteriosamente amable. Llegué a pensar que las luces artificiales no se comparaban en nada con el manto que nos cubría de forma tan natural. –Estás calientito. –dije sin pensarlo, pues el toque de su mano unida con la mía era esencialmente cálida. –Eso me gusta. –confesé de nuevo. Y sin poder ni querer evitarlo, creí que levitaba. El mundo se veía más bello, más nítido, más hermoso. Volteé a verlo y concluí que todo se debía a él, a que Shinn Asuka ahora tenía un lugar especial en mi corazón.
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Sáb Ene 19, 2013 1:04 am

Mi corazón se aceleró en el segundo en que los labios de Otoya me mostraron esa encantadora sonrisa de la que deseaba ser ladrón y como venía ocurriendo desde temprana la mañana no pude evitar que tal sonrisa se me contagiara. Y después como si lo hiciera a propósito para hacerme sonrojar, él besa mi mejilla de manera tan cotidiana y seguido de un “Te ves muy guapo” que simplemente y en secreto deleitó mis oídos, mis mejillas se tiñeron de un rojo que bien podía hacer competencia con los bellos colores del atardecer, ¡Demonios! todo esto aun me resultaba tan extraño pero tan satisfactorio que no podía decir nada, o como mínimo intentar pensar que hacer a continuación y aunque quise responderle con un cumplido apropiado, las palabras no pudieron salir de mi garganta ¡Maldita timidez! a buena hora decidiste surgir apropiándote de mi personalidad.

Solté un muy suave suspiro y dirigí mi vista a su rostro y después a la mano que me ofrecía, la cual sin dudarlo ni un segundo tomé con firmeza entrelazando mis dedos con los de él, disfrutando de nueva cuenta de esa sensación agradable que me recorría y que poco a poco me comenzaba a parecer natural y familiar, sonreí encantando con el hecho de que me pudiera sentir así con alguien que conocía tan poco, debía significar algo ¿No? -Claro, tú guías- dije sintiéndome tranquilo y siguiendo su paso, caminando junto a Otoya apegándome un poco más a su lado para sentirlo cerca, sin importar que llamásemos la atención de otras personas que andaban por la plaza y que parecían detener sus asuntos por unos segundos para dirigirnos una fugaz mirada que no me preocupé en interpretar.

Mientras caminábamos aproveché para mirar a Otoya de reojo, admirando su perfil que me aseguré de grabar en mi memoria, al igual que la sensación de nuestras manos unidas las cuales observé por un instante, “Cuando te enamoras ves el mundo de color rosa” había escuchado y leído a muchos decir eso, pero ahora que lo analizaba a detalle me pareció una gran mentira, no sabía si lo que sentía era amor, o simplemente una atracción intensa, pero a mi parecer el mundo se veía más bien rojizo, cálido así como los colores del cielo que se estaban desvaneciendo para dar paso a la noche que nos cubría de manera armoniosa dándole un toque a la velada bastante agradable.

Miré la gente que paseaba, los arboles, el cielo y finalmente al frente, hacia el camino por el cual me conducía Otoya, me detuve un momento sin percatarme del todo y respiré profundamente apretando un poco su mano enlazada a la mía, esta era mi vida, éste era el nuevo camino que yo había decidido comenzar a seguir. De pronto me pareció como si todo fuera tan solo un maravilloso y loco viaje que acababa de empezar con un desconocido que en menos de medio de día se había grabado en mi corazón con tal firmeza y de una manera tan inesperada que dejaba por delante un montón de caminos hacia el futuro y aunque no sabía a dónde me iba a llevar todo esto, supe que quería aventurarme a caminar a su lado así fuera sin rumbo alguno.

Reí un poco y con mucha calidez como si riera de algún secreto feliz del cual únicamente yo era cien por ciento conocedor -¿Y bien? ¿No me darás más pistas sobre a donde me llevas? quizá pueda adivinarlo, debes llevar ya un buen tiempo en la ciudad para conocer lugares especiales- dije de buen humor y miré a Otoya con un destello y una dicha en mis ojos que no noté y que tenía tiempo que no se mostraba en mi expresión, retomé de nuevo el paso, sin soltar su mano ni alejarme de él esperando por su respuesta.

Si, esto era similar a un viaje, a una aventura y sobretodo era justo ahora lo que más deseaba.
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Lun Ene 28, 2013 7:57 pm

No detuve mi andar pese a las miradas que nos seguían de forma curiosa mientras estábamos unidos por nuestras manos. “¿Qué tanto miran? ¿Acaso tengo algo en la cara?” me pregunté a mí mismo sin obtener respuesta, por lo que dejé el asunto sin darle muchas vueltas. Disfrutaba de la cercanía de Shinn y nada ni nadie me impedirían poder vivir este momento, juntos. Por el contrario, también me pegué un poco a él, e hice un suave columpio de nuestras manos entrelazadas. Me sentía como niño pequeño, pero al mismo tiempo, como un hombre enamorado cuya única atención era dirigida para con su pareja.

Asentí a su propuesta, aunque decidí que no le diría mucho, pues quería que fuese una sorpresa. –Bueno, como te dije, es al aire libre, y también hacen unas cenas muy ricas, sin mencionar que las bebidas calientes son ¡uhmmm! Tan deliciosas que no podría vivir sin ellas. –repetí mis palabras. –Fue de los primeros lugares que pude visitar tras mi llegada a la ciudad. –extendí mi brazo libre y simulé lo grande de la ciudad. –Apenas estaba oscureciendo, por lo que pude ver algo muy bonito. –miré hacia arriba, recordando esa experiencia. Había caminado por éste mismo lugar, y había escuchado a las mismas personas vender su trabajo, sin embargo, ésta vez era diferente por el simple hecho de que estaba acompañado de una persona especial para mí. Las cosas me sabían más dulce de lo que podía haber imaginado. –La gente ha sido buena conmigo. Todos aquí parecen tener algo… -busqué el adjetivo para calificarlos pero no pude encontrar otro mejor que: –mágico.

Dirigí mi vista hacia los puestos de artilugios y piezas extrañísimas cuyo propósito sería adornar las muñecas o los cuellos de sus dueños. Ésta no era la primera vez que pasaba por aquí, pero acerté en que nos encontrábamos rodeados por cosas y personas nuevas; prueba de ello eran un par de pinturas colgadas simétricamente, que daban la apariencia de un pequeño patrón de multicolores; muy cerca de allí, también un pequeño local donde vendían muebles de decoración extravagantes pero no menos bellos. Y finalmente, una hilera repleta de vendedores con pequeños puestos cuyos artículos iban desde ropa colorida, hasta espadas de colección. Entonces algo llamó mi atención.

Mira, Shinn. –lo guié hasta donde se encontraba un sujeto vestido con ropa holgada pero limpia, que contrastaba con el intenso morado de su teñido cabello.

¿Hay algo que les guste? –preguntó amablemente, mientras extendía sus manos, dándonos a entender que tenía a la venta objetos muy bonitos: unos anillos con colores turquesa, naranja intenso, verde como el del pico de un tucán, inclusive un rojo que parecía extraído de un corazón; por otra parte, las luces que iluminaban su puesto hacían maravillas con los collares de plata que iban desde trabajos muy finos hasta unos un tanto sencillos; también pude percatarme de unos animales tallados en cristal que me robaron el aliento durante un segundo (Baka Otoya, el único que puede robarte el aliento es Shinn); sin embargo, fue algo pequeño lo que llamó mi atención: un kaleidoscópio. –Tenía muchos años que no veía algo así. –confesé. Tomé el pequeño tubo, lleno de grabados, con grecas por toda su extensión, a excepción de un grabado en inglés que se traducía a algo así: “Hay magia en todos nosotros, sólo falta echarle un vistazo”. Miré por él, buscando una luz para poder apreciar lo que un montón de cristales de colores convertirían en formas tan perfectas y tan únicas que jamás habría una igual. Sonreí porque ya tenía mi regalo perfecto, aquel que hube pensado mientras me duchaba.

Miré a Shinn durante un par de segundos antes de introducir la mano a mi cartera, retirar un par de billetes y pagar por el objeto. Le agradecí al dueño del “puesto mágico” y él respondió con una sonrisa amable y con una palmadita en mi hombro. –Hay magia en ustedes. Puedo verlo claramente. –acertó, cosa que me hizo sonrojar ligeramente. Podía sentirlo. Estaba seguro de que lo que había entre Shinn y yo no era sólo una atracción física sino… algo más. Algo inexplicable pero maravilloso. No puedo describirlo con palabras, pero, si de algo estoy bien seguro es que el poco tiempo que he estado con él ha sido inigualable.

Toma. Es tuyo. –le sonreí ampliamente cuando mi mano libre puso el kaleidoscópio en la suya. Entonces volví a inclinarme, pero esta vez, en lugar de besar su mejilla, aguardé un segundo muy cerca de sus labios… respiré profundo, intentando tranquilizarme y a la vez llenándome de su esencia tan fresca y deliciosa para mis sentidos, y entonces lo besé suavemente en los labios. Apenas fue un toque, algo muy sutil, y sin embargo, mi corazón latía con tanta fuerza que llegué a pensar explotaría en un montón de fragmentos. “Pero él sería dueño de mis fragmentos” me dije. Sonreí como idiota sin poder evitarlo, sumiéndome en el mundo utópico donde sólo nos encontrábamos él y yo.

De pronto recordé que estábamos camino hacia el lugar en donde le prometí estaríamos, por lo que reanudé el camino, sin soltar su mano, y dándole ligeros toques de vez en cuando, sólo para reafirmar que esto no era un sueño y que no era necesario despertar para sentirme vivo. Y es que, en este mundo lleno de colores, durante muchos años creí ser un triste gris, luego un naranja que a veces era pálido y otras intenso, hasta que por fin me convertí en un rojo que era más fuerte, uno que a veces se veía una llama danzante en medio de un montón de oscuridad.
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Vie Feb 01, 2013 11:59 pm

Otoya no me daba muchas pistas al respecto sobre nuestro destino pero aun así sonreí con dulzura apegándome un poquito más él, feliz sabiendo que me comentaba algo sobre su vida, la anécdota de cómo había dado con el susodicho sitio. Miré de reojo a la gente que todavía nos observaba ¿Nos veíamos raros quizá? tan solo éramos dos chicos tomados de las manos, un par de locos soñadores, probablemente él un poco más que yo, que disfrutaban de una tarde juntos dando un paseo por la plaza como cualquiera ¿Qué de raro había en eso?

Sonreí mientras pensaba en sus palabras -Es una bonita manera de decirlo, pero creo que tienes razón, hay algo mágico en este sitio, la gente de la ciudad, sus lugares, casi todo tiene algo como si estuviese esperando por ti, te atrae inexplicablemente y las personas que llegan a entrelazarse con tu destino son como bien dices mágicas, al menos en mi experiencia han sido maravillosas, no sé, es como si de pronto todo esto estuviese planeado para cambiarte la vida, para llevarte a explorar un camino desconocido y emocionante- comenté abiertamente, quizá mis palabras no tenían mucho sentido, pero creía que en ellas había algo de verdad, después de todo muchas de las cosas que me habían pasado y de la gente que he conocido, habían logrando cambiar mi vida, algunos de manera bastante significativa. El más claro ejemplo era Otoya, que ahora se presentaba en mi vida rodeado de una brillante luz que no podía ser otra cosa más que magia, algo especial y único que ansiaba descubrir.

Nuestro camino continuó tranquilo lado a lado y cálidamente, mis ojos se movían de un lado a otro observando todos los puestos y la gente que había en la plaza, curioso ante la gran cantidad y variedad de objetos que había me pareció de pronto como si todo el mundo estuviese reunido en ese sitio, los muebles, la ropa, los cuadros, las diversas artesanías e inclusive los mismos vendedores tenía un algo que simplemente te obligaba a mirar en hermoso espectáculo de colores que me encantó, pocas veces había pasado por la plaza, y únicamente a mediodía y de manera tan rápida que no me había percatado del ambiente tan encantador y nuevo que poseía y mas ya despuntada la tarde, sin duda era la hora adecuada para poder disfrutar del sitio de una manera diferente.

Me encontraba algo distraído mirando como un hombre soplaba varias figuras en vidrio de colores hasta que la voz y un suave tirón de Otoya me hicieron prestar atención al puesto que señalaba, mi mirada se encontró con la de un hombre con un color de cabello bastante llamativo que nos ofrecía a la venta sus productos, miré fascinado la gran cantidad de cosas que había, sin duda era uno de los puestos más hermosos que había visto, me solté de la mano de Otoya para poder caminar un poco y así poder mirar todo, collares, anillos, cuarzos mágicos y demás objetos, me perdí nuevamente entre el todos los objetos hasta que de nueva cuenta Otoya me hizo girar a verle, me acerqué un poco más y miré el objeto en sus manos, sorprendiéndome también pues era algo que siempre me había fascinado -Es muy bonito, cuando era pequeño me encantaban- comenté sonriendo y recordando que desde que era muy pequeño me habían llamado la atención esa clase de objetos y que incluso e intentaba fabricarlos de manera casera.

Sonreí en cuanto Otoya se colocó el tubito a la altura de su ojo para poder mirar por el, y entonces nada pudo evitar que me sonrojara con violencia ante tal escena. Ustedes se preguntaran la razón, después de todo solo era un chico mirando por un objeto de apariencia cualquiera, pero para mí era algo mucho más que eso, desde mi perspectiva Otoya quedó iluminado por las luces de la plaza que se reflejaban en los cristales y objetos de colores que vendía el señor del puesto y que de pronto parecieron unirse a la noche que caía lentamente en una hermosa sintonía de luz que me pareció tan… mágica, que simplemente no pude evitar sonrojarme, Otoya se veía tan guapo, tan feliz, tan especial… que incluso me pareció que tenía un aura que brillaba con mucha más intensidad y que me atraía sin que yo quisiera evitarlo, me quitó el aliento por unos momentos y lo observé atontando por unos segundos hasta que vi como se apartaba el objeto del rostro, momento justo en que le sonreí cálidamente y aparté la mirada pretendiendo centrar mi atención en otros objetos a la venta y ocultando así mi rostro.

Tomé un poco de aire, que infantil era, me comportaba como un niño enamoradizo y tonto, me regañé un poquito y levante un pequeño cuarzo que por un momento me pareció que cambio de color azul a uno rosado y finalmente a uno rojo, como si reflejara mis emociones, me sorprendí y negué un poquito con la cabeza regresando el objeto a su sitio, quizá ya imaginaba cosas, me giré hacia Otoya y miré con sorpresa como ponía el Kaleidoscópio en mi mano, seguido de un corto beso en los labios que me hizo sonrojar de nueva cuenta pues no lo esperaba, aunque claro me encantó, me quedé algo aturdido por momento pero al final le devolví la sonrisa y miré el objeto en mi mano, atendiendo al hermoso grabado por unos momentos -Gracias, en verdad me encanta- dije sinceramente, nuestras manos se volvían a enlazar con firmeza y nos apartábamos del puesto, al cual le di un último vistazo mientras lo dejábamos atrás solo para toparme de nueva cuenta con la mirada del hombre del cabello purpura que parecía ver algo que yo no y que aun nos sonreía ampliamente.

El trayecto continuó, yo siendo guiado por Otoya, podía notar esos pequeños toquecitos que me daba, me gustaban pues me hacían sentir su presencia a mi lado. Guardé en el bolsillo interior de mi chaqueta el obsequio con mucho cuidado y sonreí, por un momento vi el mundo de otra manera y sentí que mi corazón dolía un poquito menos, quizá no era algo significativo pero sentí como una de las muchas heridas comenzaba a cicatrizarse muy lentamente, ¿Otoya había logrado eso? si, la respuesta era si, era casi increíble, pero en verdad con ese pequeño gesto había logrado que algo en mi interior se removiera con tal fuerza que tan solo me apegaba más y más a él.

-Estaba bastante nervioso por volver a verte, quería que el tiempo pasara rápido y pensé que al estar a tu lado de nuevo toda mi ansiedad se iría y me sentiría mejor, creí que me convencería de algo pero… no fue así-confesé tras un pequeño momento de silencio -Es tonto pero en realidad estoy más nervioso que antes, solo porque me encanta estar a tu lado- dije sonriendo un poco -Vamos sé que no todo puede perfecto pero tú haces que quiera y que intente que lo sea, quiero disfrutar de esto, de que me permitas conocerte al menos por hoy- dije y solté un suspiro mientras apretaba un poco su mano, haciendo más firme nuestro agarre - Otoya…- lo llamé con suavidad dejando que su nombre quedara en el aire por algunos momentos -El kaleidoscopio… gracias, en verdad significa mucho para mí y además ahora cada lo vea podré acordarme de ti- dije casi sin pensarlo, solo poniendo en palabras parte de lo que sentía, grabando también en mi mente este momento, este sentimiento… mágico que el chico me provocaba con tan solo pequeñas acciones, sonreí, después de todo el detalle más insignificante puede causar un efecto en cadena que cambie el rumbo de tu vida y justo ahora la mía que de momentos parecía estar perdida, acababa de enlazarse con la del chico a mi lado de una manera tan intensa que supe que no podía dejar ir, era especial, lo nuestro era especial.
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Mar Feb 19, 2013 11:57 pm

Me alegra que te guste. –respondí con sinceridad. Entre sonreír para él y para un público al que estaba acostumbrado existía una brecha increíblemente grande. Él es diferente. No podría explicarlo de forma adecuada, pero me gustaría, lectores, que tomaran en cuenta el hecho de que ésta vez sonreír me resultaba un poco más intenso; era como si ese gesto no fuese automático sino más bien algo que formaba una nube dentro de mí para después convertirse en un remolino, produciéndome un cosquilleo por todo el cuerpo, hasta que por fin salía a relucir en mis facciones, como si fuese la única forma de demostrar mi felicidad al estar a su lado. Y, pese a esa pizca de miedo que de repente amenazaba con hacerse de mí (por la rapidez del asunto), yo decidí que dejaría atrás todo eso y viviría el presente, junto a él, ya que por alguna extraña razón (tan inexplicable como el paso del tiempo), podía darme cuenta de que nos pertenecíamos mutuamente.

No podía sacarme de la cabeza pensamientos ligados a él: el querer conocerlo, quererle, cuidarlo, consentirlo un poco, escucharlo cuando quisiera hablar, ayudarlo cuando me necesitase, acompañarlo, tomarlo entre mis brazos, escribir canciones dedicadas únicamente para él, besar sus labios…, todo; de pronto esta necesidad de Shinn Asuka me resultaba imposible de controlar. Y lo peor del caso, es que no tenía antecedentes de haberme sentido así alguna vez. Era una experiencia nueva, por lo que me producía sensaciones nuevas, sin embargo, una idea me revoloteaba por la cabeza con intensidad, y ésta era precisamente que quería vivir de todo a su lado. Simplemente su presencia me hacía sentir diferente, único, necesitado.

Con seguridad podía presumir que no era el mismo Otoya que había entrado al bosque en la búsqueda de inspiración y hasta cierto punto, suplicio, para un ajetreado horario que involucraba una gira completa por todo el país. Justo ahora no quería recordar mis responsabilidades como estudiante y como idol. Casi como la lluvia en momentos de sequía él apareció en mi vida. Entonces lo comprendí. Shinn es mi escapatoria de las responsabilidades que terminan con mi buen humor. Si bien era cierto, mi sueño siempre ha sido el poder cantar para un montón de personas, con el motivo de que puedan identificarse y eventualmente, que tomen la decisión de luchar por sus sueños, como ahora mismo yo lo hago; y también es cierto que todo esto me ha costado lágrimas, sudor, y tiempo; y, aunque no me arrepiento ni remotamente, también me gustaría tener muchos más de estos pequeños descansos, donde puedo reencontrarme a mí mismo, y de paso, también a él. Ciertamente jamás estuvo en mis planes el encontrarme con él, ni tampoco el salir con él como lo hago ahora. Y aún consciente de ello, me aferré desesperado a la creencia de que estamos destinados; porque así lo sentí; porque así me siento; porque de momento él es quien me hace feliz, así que quiero retribuírselo todo cuanto pueda.

Su voz fue la que me sacó de mis pensamientos, y sólo fue entonces cuando me percaté de que habíamos caminado bastante antes de mencionar algo. Le escuché atentamente, mirándolo un poco, sin detener el paso. Respondí a sus palabras mentalmente porque no quise interrumpirlo. Cuando por fin terminó de expresarse, tomé aire, porque lo siguiente de alguna forma me resultaba bastante abrumador. –¿Sabes? Yo también estaba nervioso. Mucho. Pero creo que me ganó más la emoción de saber que iba a volver a verte. –presioné su mano, atribuyendo el toque firme a mis palabras y le correspondí a su sonrisa con una más amplia, una que le aseguraba que no era el único sintiéndose así. –Aunque me descarrilas, si dices cosas como esas vas a hacer que me sonroje. –y de hecho, así era. Un sutil sonrojo cubrió mis mejillas, pues no tenía ni idea de que mi compañía pudiera someterlo a tales deseos. Me mordí el labio inferior hasta que me llamó e inmediatamente volteé a verlo de nuevo. Mi nombre en sus labios sabía tan real que durante un instante deseé que sólo él pudiese llamarme así. –Oh, descuida, creo que fue una de esas veces en que dices “¡Esto es perfecto!” y entonces decides comprarlo. –me expliqué; la verdad es que justo ahora me percataba de lo simbólico que podía llegar a ser un objeto tan bonito como ese.

Aunque todavía no terminamos de vernos, Shinn. –me detuve un instante y al hacerlo esperé a que él también lo hiciera. –De hecho apenas estamos empezando, y si me permites… –dejé que las palabras se desvanecieran lentamente antes de llevar mi mano libre a su rostro. Acaricié su mejilla con las yemas de los dedos, todavía sorprendiéndome que fuese real y no un mero sueño. Mantuve mi respiración tan calmada como pude. La luz reflejada en sus ojos me hacían olvidarme de que no tan lejos, habían personas mirándonos, deteniéndose a cuchichear sobre lo que estaba a punto de hacer. Sus labios evocaban una tentación a la cual me era imposible negarme. Por un segundo el ruido de las personas y los autos logró callarse, las luces artificiales que sobrevivían a la noche se veían tan opacas comparadas con su presencia, y no fue sino hasta que su aliento chocó contra el mío cuando lo supe: sería tan suyo como él sería tan mío. –Shinn. –le llamé en un susurro pues sólo deseaba que él escuchara mi voz. Y entonces lo besé. Juntar mis labios con los suyos no era un simple gesto, no, implicaba una unión, un vínculo que se alimentaría de vivencias, de momentos, de palabras e inclusive de silencios. El besarlo, para mí era como desaparecer pero al mismo tiempo brillar entre un montón de oscuridad. Su sabor, la suavidad con que lo tocaba con mis dedos y mis labios, y, más que nada, lo que me producía (física y emocionalmente) eran razones suficientes para abrumarme a tal grado que tardé varios segundos en apartarme de él. No quería hacerlo, pero ya faltaban pocos metros para llegar a nuestro destino.

Me aparté de su camino para continuar con la caminata, no sin antes recordarle, en silencio, que era prodigioso al poder estar a su lado. –Mira, está justo allí. –señalé con mi mano libre un lugar que estaba al otro lado de la calle. Un puñado de mesas se encontraban fuera del establecimiento (la mayoría de hecho estaba ocupadas por parejas), como invitándote implícitamente a que abrieras una silla y te sentaras allí; las luces de colores violáceos, ambarinos y rosados pegadas en la pared daban la alusión de un lugar más “recreativo”, sin embargo, era todo lo contrario, pues la tranquilidad era más bien el factor con el que se describiría perfectamente; adicionalmente, un olor agradable podía percibirse desde lejos, era esa combinación entre bebidas calientes (y embriagantes) con comida excelente que resultaba un deleite para los sentidos. Mi vista enfocó el punto en lo alto, el balcón al que quería llevarlo desde un principio. –Ven, vamos. –aceleré un poco el paso aunque antes de cruzarme volteé a ver a ambos lados para cerciorarme de no correr peligro.

Pasamos por el puñado de mesas sin siquiera llamar la atención de los demás clientes, al menos no hasta toparnos con una chica cuya ropa la delataba por trabajar allí. Amablemente nos ofreció mesas del primer piso, pero de forma rápida, casi con desespero, le indiqué que quería la mesa que estaba en el balcón, si no era mucha molestia. Ella asintió con media sonrisa en los labios después de echarle una mirada coqueta a Shinn y a mí respectivamente. De algún modo supe que me reconocía porque no era la primera vez que venía, sin embargo, sus gestos me indicaron que le parecía “sexy” el hecho de que ambos estuviésemos juntos, cosa que reafirmó al vernos tomados de la mano (no quería soltarlo). Me encogí de hombros, restándole importancia mientras le sonreía de medio lado a Shinn para que no se preocupara por las apariencias.

Una vez que subimos las escaleras para llegar hasta la segunda planta, allí justo después de cruzar muchas más mesas vacías (éramos los únicos acá arriba), nos ofreció la mesa que pedí al inicio de nuestro pequeño y rutinario encuentro. Agradecí con una pequeña reverencia, mientras ella nos indicaba que se retiraría por un segundo, sólo para traernos la carta después, pero antes de ello, nos sugirió que nos sentáramos al tiempo que ella abría los ventanales, dejando escapar el aroma que las bebidas producen al prepararse; al hacerlo, nos dio un espectáculo que sólo podía apreciarse desde esa altura: ya entrada la noche, a lo lejos uno veía con toda claridad el montón de edificios por los cuales la ciudad se componía, además de que los árboles ubicados en la plaza (de donde veníamos) reflejaban la luminosidad de la luna, y en su conjunto, el sonido de una música que parecía estar diseñada para amarse en más de un sentido (no supe de donde provenía). Cuando finalmente estuvimos solos, solté su mano durante un breve instante para poder abrir una de las sillas, invitándolo a sentarse, y justo después yo hacerlo al frente suyo. –Bueno, ya está. Aquí es. –extendí mis manos libres y miré a mi alrededor aunque segundos después busqué y volví la suya por necesidad de sentirlo físicamente cerca. –¿Te gusta? Ah, lo siento. Suelo exagerar un poco en estas cosas. –me excusé. Quizá una cafetería (que también vendía bebidas embriagantes y comida deliciosa sólo por las noches) no resultaba ser un lugar tan extraordinario, pero al menos para mí, lo era.
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MensajeTema: Re: Nuestra primera cita [Priv. Shinn]   Dom Mar 10, 2013 6:15 pm


Sonreí al saber que no era el único que se había puesto nervioso con todo el asunto de la cita y de volver a encontrarnos, de alguna forma, me gustaba que él también se hubiese sentido igual que yo, de nuevo eso significaba, a mi parecer, que ambos parecíamos estar conectados por algo y que no era casual y vano. Me sorprendió que mencionara tan abiertamente que yo podía hacerlo sonrojar y además de que era verdad, ya que veía el sonrojo en sus mejillas lo cual me había parecido algo lindo, la manera en que lo dijo había sido tan… pues tan directa “Me descarrilas” dos simples palabras que me hicieron sentir de una manera tan extraña, como si me supiese dueño de un extraño poder y lo más increíble era que él también lograba alterarme, y no solo eso, era como si secretamente cada parte de mi ser gritara un ¡Altérame!, ¡Altérame!, ya que como bien decía, aun no terminábamos de vernos y en el fondo me pareció que nunca terminaríamos de hacerlo ya que lo que sentía era una necesidad extraña de hablar con él, de mirarlo, de estar cerca suyo y descubrir con cada momento algo sobre su persona.

Me detuve también mirándolo con curiosidad y escuchándolo, quieto, en silencio y con la respiración lenta a pesar de que mi corazón comenzaba a latir cada vez más rápido, fijé mis ojos en los suyos, eran tan abrumadores, tan brillantes, que podían tenerme cautivo, hipnotizado en tan solo unos segundos. Sus dedos en mi mejilla, me hicieron regresar un poco a la realidad, a esta realidad que realmente me gustaba, a sentirlo tocando con suavidad la piel de mi rostro de esa manera tan sutil, al tiempo que se iba acercando a mí y todo a nuestro alrededor pasaba a segundo termino. No hicieron falta muchas palabras, en sus ojos pude leer lo que quería hacer, lo que iba a hacer, ya que no iba a negárselo y cuando mi nombre salió de sus labios todas mis terminaciones nerviosas parecieron ponerse alerta mientras el sonido de su voz resonaba en mi cabeza como un eco que se adentraba hasta lo más profundo de mente destruyendo cualquier muralla a su paso, cualquier mínimo pensamiento de apartarlo, me hacía sentir ansioso y casi desesperado porque me besara, por saberme suyo y único en su vida y por desear que fuera mío, única y exclusivamente mío. Nuestras respiraciones chocaron y solo tuve un segundo para tomar aire antes de sentir como posaba sus labios sobre los míos causándome un maravilloso cosquilleo que me recorrió la espalda, era un beso perfecto al que me aseguré de entregarme y corresponder hasta que se apartó de mi lo suficiente para retomar el rumbo. Me lamí muy tenuemente los labios y de manera disimulada para que él no lo notara y después sonreí levemente con algo de sonrojo en las mejillas. Nunca iba a saciarme de Otoya, punto.

Una vez que el mundo volvió a tomar color a mi alrededor, me fijé en el lugar que el chico me señalaba, no estaba demasiado lejos ya que se podía ver a la gente ocupando sillas y mesas, e incluso por un momento me apreció escuchar el murmullo que provenía de las parejas charlando amenamente, miré todo con curiosidad, no me esperaba un lugar como ese, que a mi parecer no tenia pintas de ser una simple cafetería, parecía que había algo especial con el sitio, sin embargo no tuve tiempo de analizarlo ya que me vi siendo jalado por el mayor para cruzar la calle y reducir la distancia que nos apartaba del establecimiento, atravesando después por todas las mesas hasta ser detenidos por una chica con su delantal y con ropas muy acordes al sitio , quien apenas y tuvo tiempo para ofrecernos una mesa cuando mi acompañante ya le había dicho exactamente el lugar que quería, sin dejar de lado la amabilidad, sonreí un poco -Otoya tranquilo no hay… no terminé de decir mi oración cuando noté que la chica le había mirado de una manera coqueta, cosa que me descolocó totalmente, de seguro Otoya ya había estado en el sitio en alguna otra ocasión, era notable que la mesera lo reconocía pero… eso no justificaba el hecho de que lo mirara de esa forma tan… tan… tan poco profesional. No fue hasta que Otoya, se giró a sonreírme cuando noté que la chica no solo traía una sonrisa por él, sino también por mí, y para ser más precisos, por ambos. Me sonrojé un poco, no tanto por lo que pensaran los demás sino por mí mismo. Tonto, tonto Shinn, pensando cosas que no vienen al caso.

Tras subir las escaleras, aun sujeto a la mano de Otoya por cierto, nos topamos con una estancia muchísimo más tranquila, siendo los únicos ahí, era un espacio algo más intimo en el cual no se llegaba a escuchar el murmullo de los otros clientes, caminamos hasta la mesa indicada, la del balcón en donde además se escuchaba una música bastante… sutil, que no parecía ser del recinto ¿Acaso era una extraña conspiración para que nos acercáramos a un más?, Apenas y escuché las palabras de la chica y miré simplemente de reojo como mi acompañante hacia una corta reverencia de agradecimiento, estaba demasiado absorto en el lugar, era bastante agradable, la ambientación, el delicioso aroma que sin duda me había abierto un poco el apetito, y la compañía, la compañía era lo mejor de todo Otoya en verdad hacia que todo fuera aun mejor ante mis ojos. Lo jalé un poco para poder asomarme un poco y disfrutar mejor de la vista, la ciudad aparecía en mis ojos como si se tratase de una postal, la leve brisa y la luna iluminado los arboles altos que rodeaban la plaza completaban el cuadro. Me encantó, no pudo ser mejor lugar que este, que aunque de apariencia sencilla a mi me tenia realmente fascinado, quedaba demostrado que a veces no se necesitaba de mucho para hacer de algo, una situación extraordinaria

Finalmente me alejé de la ventana notando que la chica se había ido, le sonreí a Otoya con dulzura mientras me acomodaba en la silla que caballerosamente él había abierto invitándome a sentar, me sentí algo tonto pero feliz, no estaba acostumbrado a tales muestras de afecto. Lo seguí con la mirada hasta que finalmente se sentó enfrente de mí y tras un momento me hizo una de las preguntas más esperadas, suponía yo, miré de nueva cuenta el lugar lentamente, tomando mi tiempo hasta regresar mi mirada a sus ojos y sonreírle -En realidad no me esperaba esto, es perfecto, me encanta- dije con mucho ánimo para enseguida reír cálidamente y negar con la cabeza con muy buen humor ante sus palabras-Noté eso cuando prácticamente me arrastraste cruzando la calle y escaleras arriba, pero me gusta que exageres un poco, al menos por razones como esta- le dije bromeando y guiñándole un ojo con un toque ligeramente coqueto, aunque no de manera intencionada. Estreché su mano con la mía mientras escuchaba la música y me le quede mirando directo a los ojos mientras recordaba lo cerca que habíamos estado en el bosque, por un momento la mesa me apreció un estorbo pero me obligué a calmarme, vamos tan solo estábamos a centímetros de distancia no era el fin del mundo, además me parecía ya un pensar exagerado el mío, vamos que ambos tenemos nuestro espacio personal y no había porque estar siempre demasiado juntos. Tomé aire, eran simplemente los nervios y la ansiedad, pero supuse que con el paso de la velada irían cediendo poco a poco, debíamos tomar en cuenta que hacía tiempo que no tenía una cita con alguien en algún lugar así, por lo cual era normal que sintiera tantas cosas tan revueltas a la vez.

-Supongo que no es la primera vez que vienes a este sitio, pareces conocerlo bien y la mesera también parece recordarte- comencé tranquilo mientras con mi mano acariciaba suavemente la suya de forma algo distraída simplemente pensando en todo y en nada al mismo tiempo. Su piel era tan cálida que me causaba cierta especie de confort, me gustaba, sin duda alguna me gustaba. -Es un lugar muy bonito y me da la impresión que en el día no es tan íntimo como lo es ahora, parece haber un ambiente más romántico, las luces, la vista e incluso esta música que no sé de dónde viene pero que va muy acorde a esto, es como si todo estuviese planeado específicamente para nosotros dos- finalicé mirándolo, primero a los ojos y después a los labios mientras me respondía, quería besarlo, en verdad deseaba volver a sentir esa calidez de su boca contra la mía, pero no era el momento, no quería pasar por un loco ansioso, eran muchas emociones nuevas y atrayentes en exceso pero no quería que el chico pensara que solo estaba a su lado por querer besarlo durante toda la velada. ¿Entonces porque estaba inclinado cada vez más hacia él? era como un imán, actuaba casi de forma inconsciente, lo miré a los ojos de nueva cuenta, aun nuestros rostros estaban a una distancia medianamente prudente, debido a que la mesa estaba de por medio y para acercarme aun más debía levantarme un poco de mi asiento, cosa que estaba intentando no hacer, sin mucho éxito por cierto. Lo miré a los ojos y apreté un poco su mano como pidiéndole que me detuviera pero al mismo tiempo que me besara, que me dejara disfrutar de nueva cuenta de sus labios ¿Qué contradictorio no? Me incliné lo más pude casi como hipnotizado por su persona -Otoya… - lo llamé mirándolo intensamente, mi mente decía hazlo, ya bésalo, total un beso más no hará daño, ya se han besado antes, tomé un poquito de aire, cerré los ojos y entonces…

-… la mesera se acerca- murmuré en un suspiro casi pegado a sus labios al tiempo que retomaba muy lentamente de nuevo mi asiento inhalando profundamente y abriendo los ojos, había oído sus pasos e incluso quise ignorarlos pero al final tuve que ceder, me estaba dejando llevar. Tome aire con fuerza, obligando a calmar mi ritmo cardiaco y mi mente -Y…¿Qué clase de comida te gusta?- pregunté suspirando, tontamente en parte si me permiten decir, buscando retomar un hilo de conversación, justo al tiempo en que la chica regresaba y se encaminaba hacia nosotros con una sonrisa afable pintada en el rostro.


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